13 de marzo de 2014

Sierra de Aramotz: Artatxagane, Leungane y Atxoker

19 de enero de 2014

Hoy el día se presenta gris y amenazante, pero no parece que vaya a llover, así que aprovecho para hacer una ruta corta por una de las zonas que más he pateado en estos años, la sierra de Aramotz.

El punto de partida la localidad de Mañaria, a la entrada del pueblo, según se viene de Durango, hay a la derecha una estrecha carretera que pasa junto a la ermita de la Asunción y que llega hasta los caseríos de Ortuoste y Axpe, si nos queremos ahorrar este tramo andando, como es hoy mi caso, aquí hay espacio para unos tres vehículos sin molestar, sino en el centro de Mañaria hay habilitados dos zonas de aparcamiento.

Un cartel indica la dirección a tomar para dirigirse hacia el Mugarra, al principio esa era mi intención, pero ya no me acordaba de lo durilla que se hace en algunos tramos la pista de subida hacia Mugarrikolanda, así que al llegar arriba, bajo las paredes del Mugarra, decido dejarlo de lado y, aunque al principio voy caminando sin rumbo fijo, finalmente me decido por hacer las cimas de Artatxagane y Leungane, por algo son las dos cimas que más veces he visitado.



La subida hacia Leungane está bien marcada, pero a mitad de camino me desvío para subir primero al Artatxagane recorriendo lo que viene a ser el cresterío, es más durillo, pero también es más entretenido y permite disfrutar de unas bonitas vistas sobre el Mugarra, el cresterío del Anboto, el cercano Untzillatx y la zona de Eskuagatx.


Desde Artatxagane toca descender para luego volver a subir a su vecino, Leungane, y contemplar desde las alturas las entrañas de Aramotz.


La bajada la realizo sin rumbo fijo, sólo me apetece andar un poco más, así que desciendo casi en línea recta hacia una pequeña elevación en busca de alguno de los senderos que llevan hacia el collado de Mugarrikolanda.


Comienza a meterse la niebla. La verdad es que cuando tienes la completa seguridad de por donde andas es un placer caminar acompañado de la niebla, así que para terminar la jornada voy a visitar la escarpada cima de Atxoker.


Poco a poco, entre la niebla y algunas gotas de agua que comienzan a caer, voy camino de vuelta al coche. Si la subida por la pista se hacia durilla la bajada se hace incómoda por la pendiente y la piedrilla suelta. El único aliciente que tiene meterse o salir de Aramotz por esta pista son las impresionantes vistas del Mugarra y disfrutar del vuelo de los buitres que anidan en sus paredes y oquedades, pero bueno, durante la bajada me distraigo recordando la subida al Mugarra por su arista este y la cosa se hace más llevadera. 



f o t o s



 

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