19 de marzo de 2014

Astxiki: todo un "AS", pero no tan "TXIKI"

16 de marzo de 2014

Hoy voy a dar una vuelta por una pequeña montaña que ya he subido varias veces y que pensaba que ya poco más me podía aportar pero, ¡que equivocado estaba...!

Parto desde las canteras de Atxarte bajo la impresionante mole del Untzillatx, a cuya sombra surge más modesto el pequeño Astxiki. Los dos son conocidos por sus vías de escalada, más el Untzillatx por su famosa Gran Diagonal, pero el Astxiki está lleno de pequeñas sorpresas que bien pueden ponerlo a la altura de su hermano mayor. Dejo atrás la cantera por la pista de cemento hasta alcanzar una explanada donde hay habilitado un pequeño aparcamiento, es en este punto, junto a un poste de señales, se comienza a pisar la montaña. La ruta habitual de subida al Astxiki está marcada por un inconfundible sendero que lleva al collado de Artola, desde donde se afronta la subida por la cara sur, pero cuando apenas he caminado unos metros dejo este camino para tomar una de las difuminadas sendas utilizadas por los escaladores para llegar a la base de los diferentes espolones donde se puede practicar la escalada en las paredes del Astxiki.



Voy a rodear la montaña y ascenderla por su cara norte, una completa desconocida para mí, aunque he estudiado bien la ruta y creo que, aunque más escarpada que la vía normal de subida, salvo la fuerte pendiente en algunos tramos, no debe presentar grandes complicaciones, pero bueno, eso es una suposición, porque como digo, esta cara de la montaña no la conozco.
Lo que sí puedo decir es que hay que disfrutarla con calma porque las vistas enseguida empiezan a ser espectaculares.


De esta forma he superado una pequeña pedrera para alcanzar un primer collado con un árbol solitario y que da paso a la cara norte. No hay una senda clara, más bien parecen trochas abiertas por el ganado que, por escarpado que parezca el terreno, hay signos evidentes de que las cabras se mueven por aquí. Continúo buscando los pasos más cómodos por una zona que alterna la roca con trozos de hierba intentando llevar siempre una trayectoria ascendente, lo más cerca posible de las paredes de la montaña y así me topo con la primera sorpresa del día, una pequeña cueva utilizada como refugio por el ganado, no es gran cosa, pero ahí está, aunque su visita no es que sea muy recomendable porque al salir me he tenido que quitar unas cuantas garrapatas de los pantalones, menos mal que me he dado cuenta enseguida...


Sigo ascendiendo pegado a las paredes en busca de un gran collado perfectamente visible desde la carretera de acceso a las canteras y que llama la atención por un solitario árbol que se encuentra en el mismo, escoltado por dos grandes espolones de roca. Antes de llegar al collado el terreno se ha vuelto bastante abrupto y decido ponerle un poco de emoción a la cosa. Voy a escalar. Evidentemente no se trata de nada complicado, pero tiene su cosilla, a mi derecha según se asciende hay una pared con aparentes buenos agarres y repisas, a mitad de camino unos árboles en la roca llaman la atención y arriba, en la arista, la recompensa de unas preciosas vistas.


La verdad es que el pequeño esfuerzo ha merecido la pena porque las vistas hacia el otro lado de la pared son impresionantes.


Lo bueno que ha tenido subir hasta aquí es que no es necesario descender para continuar camino del collado, basta con ir faldeando, buscando siempre las zonas más cómodas para caminar. Aunque será necesario echar las manos a la roca más de una vez no es complicado, basta con ir atento y asegurar bien cada paso. Así alcanzo el collado del árbol solitario, donde no me hubiera importado dar por finalizada la ruta si el terreno no me hubiera permitido seguir avanzando porque el sitio es realmente espectacular, las vistas son para sentarse tranquilamente y disfrutar durante un buen rato del cercano Untzillatx.


Pero hay que seguir adelante, y lo que tengo por delante me hace dudar unos momentos. De frente sólo tengo roca, si quiero ir por un terreno más cómodo tendría que descender bastante para rodear la montaña y luego volver a ascender, así que con el GPS en la mano observo el terreno y veo que la zona de roca no es mucha, así que, otra vez con mucho cuidado, sigo casi en línea recta hasta atravesar una zona bastante incómoda de andar, pero que finalmente sale otra vez a terreno mixto de roca y hierba. De nuevo hay que intentar ir lo más cerca posible de las paredes que hay por encima buscando restos de alguna senda o, al menos, el terreno más cómodo para avanzar.


Finalmente, aunque bastante difusa, localizo lo que parece una senda que, ahora sí, en fuerte pendiente, se dirige en busca de la cima de Astxiki, la cual aún no he visto en toda la mañana y que, hasta casi el último momento, permanece oculta por los diferentes espolones que me voy encontrando.


A medida que gano altura el camino se hace más evidente y ya se intuye la cima, pero antes, una vez se alcanza un nuevo collado, voy a subir a lo que podría ser una antecima del Astxiki, de hecho así figura en algún mapa. Es una pequeña cresta rocosa muy entretenida y desde donde de nuevo las vistas son para disfrutarlas tranquilamente antes de afrontar el último repecho que da acceso a la cima de Astxiki. Jugando con las opciones de la cámara, abajo, en la cantera, la maquinaria parece de juguete.


Ahora sí, por fin, toca hacer cima y planificar la bajada. La subida me ha parecido tan espectacular que bajar por la vía normal se me hace poco interesante, así que tras inspeccionar un poco el terreno decido descender por lo que vendría a ser la arista este del Astxiki, una zona escarpada y rocosa que acaba junto a una torre del tendido eléctrico que atraviesa el collado de Artola, así que para abajo me voy. Descendiendo primero por una chimenea, con buenos agarres por todos lados ya que hay que utilizar las manos para ir destrepando, pero sin grandes dificultades. Poco a poco se desciende alcanzando una tras otra varias terrazas herbosas hasta llegar a la torreta eléctrica.


He descendido por debajo del collado de Artola, así que ahora toca volver a subir, pero de nuevo el esfuerzo bien merece la pena para disfrutar de otra bonita estampa del Astxiki. Cerca del collado me refresco en una fuente y una vez alcanzado Artola busco un lugar cómodo frente a la montaña para descansar y comer.


Desde aquí lo fácil sería tomar el marcado sendero que lleva hacia las canteras, donde tengo el coche, pero esto todavía no se ha acabado, ni mucho menos, aun que da lo mejor. Comienzo a descender, pero enseguida me desvío hacia la derecha, a un pequeño collado, no sé lo que me voy a encontrar, pero la presencia de una marca de pintura me hace intuir que por ahí tiene que haber un camino que lleva a algún sitio, y desde luego que lo hay. Es el camino utilizado por los escaladores para acceder a los espolones de la cara oeste del Astxiki y que siempre había pasado desapercibida para mí, pero hoy me voy a resarcir bien.


Al fondo diviso un escarpe rocoso y un collado hacia el que me encamino. Es la zona conocida como el 5º espolón, un lugar idílico para escalar. Al llegar a su base diviso a dos personas escalando y, aunque el terreno es realmente empinado y pedregoso, no me lo pienso dos veces y comienzo a subir hacia la zona donde están los escaladores, si veo que el terreno se pone peligroso me daré la vuelta, pero quiero intentar llegar lo más arriba posible. 


Finalmente no ha sido muy complicado, aunque hay que andar con mucho cuidado y precaución porque la caída es mortal de necesidad, y he llegado hasta el inicio de una de las vías de escalada. Durante un rato he estado charlando con uno de los escaladores que ya había iniciado la subida. Yo no puedo pasar de aquí, pero me quedaré un rato a contemplar las peripecias de estos tíos, que a mí me parecen alucinantes, desde luego es una faceta que escapa de mis posibilidades, pero me da mucha envidia verles ahí colgados. En fin, no me queda más remedio que dedicarme a mis fotos y como no hay mal que por bien no venga, el haber llegado hasta este punto me ha permitido descubrir una cueva que se presta muy bien para esto de las fotos.


Ahora sí que toca ir pensando en el descenso. Con cuidado hay que ir descendiendo hacia el pequeño collado desde donde se puede contemplar casi en su totalidad la vertical cara oeste del Astxiki. Desde aquí es perfectamente visible el sendero que discurre pegado a las paredes y que da acceso a otras zonas de escalada, así que para bajar no hay más que seguir el sendero, aunque aún me quedan ganas de algo de emoción, así que me olvido del sendero y me deslizo con cuidado por una pedrera mientras contemplo las paredes de la montaña.


El motivo de haberme salido del sendero es porque este discurre bajo las paredes de la montaña para después descender directamente hacia la cantera, pero es que aun me queda algo por visitar, el espolón utilizado por los más inexpertos para iniciarse en esto de la escalada y, bajo sus paredes, un precioso hayedo en el que tampoco había estado nunca, y hoy no quiero dejar pasar la oportunidad de visitarlo antes de dar por terminada mi vuelta al Astxiki.


Desde luego ha sido un día lleno de sorpresas en una montaña de la que pensaba que pocas cosas me podía aportar tras haberla subido varias veces, pero ya veis, a veces basta con improvisar un poco, salirse de los caminos marcados, meterse por donde no todos se atreven y estudiar un poco el terreno. Sin duda alguna es una ruta que, a pesar de las dificultades que presenta, aunque todas ellas son perfectamente evitables, no puedo más que recomendarla a todo el mundo.



f o t o s


Música de Dire Straits: "Sultans Of Swing"


 

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