28 de febrero de 2012

Sierra de Gorbeia: Atxulaur Haitza (1.117), Urtutxe (1.091) y Axkorrigan (1.095)

Nueva visita al macizo de Itxina, con una ruta que ya había realizado, pero con una pequeña variante al final, pero es que Ixina es uno de esos sitios que nunca cansa y que ofrece múltiples posibilidades. El motivo de repetir la ruta es que hoy me acompaña mi cuñado “el montañero” y él no conoce el lugar.

Comenzamos en el área recreativa de Urigoiti, donde dejamos el coche en la zona habilitada como aparcamiento. Nos dirigimos hacia el Ojo de Atxular, por lo que primero debemos acceder a los prados de Egalesaburu para después ir ganando altura poco a poco bajo las paredes de Itxina hasta alcanzar el Ojo.

Aprovechamos para hacer cima en Atxulaur Haitza y desde la misma cima, siguiendo unos hitos, tomamos rumbo hacia la cima de Urtutxe, un mirador excepcional para disfrutar del entorno, pero antes hacemos una pequeña parada y nos deslizamos hacia una de las muchas simas que hay por aquí. Esta se encuentra en una especie de hoyada, todo cubierto de musgo debido a la gran humedad que se concentra en la zona. Alcanzamos la cima de Urtutxe, pero no nos entretenemos mucho y seguimos ruta hacia la ya cercana cima de Axkorrigan, con unas vistas inmejorables sobre las Atxas de Itxina.

Desde Axkorrigan, siguiendo las marcas rojas de pintura tomamos el camino que lleva hacia la enorme boca de la cueva de Supelegor. En este tramo el camino es muy bonito y merece la pena ir con calma para disfrutar del entorno. Al llegar a un pequeño claro se vislumbra la boca de la cueva y hacia ella nos encaminamos.

La visita a la cueva es obligada, sólo hay que adentrarse unos pocos metros y tomar un desvío a la izquierda para llegar a una gran sala con una abertura en la parte alta que deja pasar la luz, el resto de la cueva ya conviene explorarla con alguien que la conozca, no es nuestro caso, así que salimos fuera y continuamos con el paseo.

Es en este punto donde no me he dado cuenta y nos hemos desviado del camino normal que lleva de nuevo hacia el Ojo de Atxular, pero no hay mal que por bien no venga porque nos hemos dado de bruces con otra maravilla natural de Itxina, Arko Atxa, un arco natural que atraviesa el terreno. Hacemos las fotos de rigor y continuamos por una senda que lleva directamente hacia Atxular.

Desde aquí sólo nos queda regresar por la misma ruta de subida, pero al llegar a Egalesaburu nos desviaremos hacia el manantial de Aldabide para tomar las últimas fotos del día.



Las Fotos


Música de Roxy Music: "Don´t Stop The Dance"

20 de febrero de 2012

Montaña Palentina: El Hospital (2.246) y Curavacas (2.524)



Hace cuatro días que subí el Espigüete y por este año ya daba por cubierto mi cupo de montaña palentina, pero no contaba con la visita relámpago de mi cuñado “el montañero”, recién llegado de los Pirineos, pero con ganas de más, así que no nos costó mucho decidir hacia donde teníamos que ir. Hoy toca el Curavacas.

Hora y media de coche hasta Vidrieros. Esta vez sin nubes por el camino, las muy cochinas se han quedado cubriendo las montañas. El Curavacas presenta un aspecto un tanto fantasmagórico, a partir de la zona conocida como el Callejo Grande está cubierto de nubes, y no parece que la cosa vaya a mejorar, pero nos vamos para arriba.


La primera parte de la ruta es un agradable paseo por una pista que poco a poco se estrecha para convertirse en una senda que discurre junto a un arroyo, salvo algunos grandes bloques de piedra en mitad del camino y que en algún tramo está inundado, no reviste mayor complicación. Tras este tramo se sale a un terreno despejado, una pradera con la hierba alta que ofrece una impresionante vista del Curavacas y de su interminable pedrera. Las nubes siguen cubriendo la montaña y nosotros nos preparamos para afrontar el tramo más pesado de la subida.

La pedrera hay que tomársela con calma, los hitos marcan el camino, pero para evitar la incomodidad de los resbalones hacia atrás se pueden aprovechar las trochas que se han ido abriendo por los muchos montañeros que se acercan a esta montaña. 


Alcanzamos el inicio del Callejo Grande y las nubes siguen ahí. A mí me entran dudas sobre si es buena idea seguir subiendo, para mí subir una montaña y no poder disfrutar de las vistas es como no haberla subido, pero llegados a este punto no es como para darse la vuelta sin intentarlo. Así que decidimos hacer un poco de tiempo para ver si la cosa mejora y nos vamos hacia una cima cercana a la que las nubes están respetando. Se trata de El Hospital.

Desde aquí podemos ver parte de lo que se esconde tras el Curavacas, el valle por el que discurre el río Carrión, formando algunos meandros, las lagunas de Hoyo Muerto y Pozo Oscuro (bonitos nombres...), el cresterio hacia el monte de las Huelgas, que ofrece una bonita alternativa para una ruta por la zona y, cuando las nubes lo permiten, algún resquicio de la cara este del Curavacas.


Aprovechamos para comer un poco y seguir haciendo tiempo, pero ya no podemos esperar más, la cosa sigue igual, pero decidimos poner rumbo a la cima y regresamos al Callejo Grande. Para mí este es el tramo más bonito de la subida, la pedrera continúa, la pendiente se agudiza, la senda se encajona entre las paredes de roca y finalmente se afronta una zona de pequeñas trepadas hasta que se llega al paso que da acceso a la cara norte. Llegados a este punto se desciende unos metros y se gira a la izquierda, los hitos no dejan lugar a dudas.

Al pasar a la cara norte tenemos suerte porque las nubes comienzan a pasar muy rápido y se abren grandes claros, aparece el sol y por fin podemos disfrutar del paisaje. Un último esfuerzo nos separa de la cima del Curavacas, que también se está despejando.


Durante todo el tiempo que hemos estado en la cima hemos podido contemplar las cimas del pico medio y el pico occidental del Curavacas, espectaculares. Hacia abajo, en la cara norte, vemos el pozo Curavacas y en el horizonte, entre las nubes, el Tres Provincias y Peña Prieta. Del Espigüete apenas podemos ver parte de su arista este y por el sur se mantienen las nubes, así que no podemos apreciar bien la zona por la que hemos subido, pero se intuye una buena caída…

Aprovechamos a estar en la cima todo lo que podemos, pero toca empezar a bajar, nuestro paso por la cima del Hospital ha alargado bastante la ruta en cuanto al tiempo invertido, aunque presiento que la bajada va a ser bastante rápida. Primero toca destrepar, sin ninguna dificultad, pero con cuidado, sobre todo para no tirar piedras, porque esta montaña parece que se deshace. Después de pasar el Callejo Grande aparece la pedrera… si las rodillas lo permiten lo mejor es tirarse a tumba abierta pedrera abajo, mi cuñado baja por el camino normal, pero yo no me lo pienso dos veces, utilizo los dos bastones para mantener mejor el equilibrio y a correr…


Desde luego el descenso ha sido mucho más rápido que la subida, aunque seguramente mañana mis piernas se acordarán de la bajada. Regresamos por el mismo camino y como he sacado algo de ventaja a mi cuñado aprovecho para sacar fotos, pero en seguida me alcanza, me adelanta y me deja atrás, yo sigo con mis fotos y el Curavacas sigue cubierto de nubes. Poco antes de llegar a Vidrieros por fin el Curavacas nos permite verlo en su totalidad, casi dan ganas de volver a subirlo… pero no, por este año creo que ya he cumplido con creces mis expectativas en la montaña palentina, el año que viene ya veremos.




Las fotos



Música de Bryan Adams: "Here I Am"




El track

15 de febrero de 2012

Montaña Palentina: Espigüete

Hoy toca madrugar. Desde el pueblo tengo algo más de hora y media de coche hasta mi destino y hay que aprovechar bien el día. Unas inquietantes nubes cubren el cielo palentino y no me dejan ver sus montañas más emblemáticas, pero aunque la meteorología no parezca la más adecuada para subir montañas estoy decidido a acercarme hasta allí, y si no puedo subirlas, al menos, podré dedicar la jornada a sacar fotos.


Al llegar a las cercanías de Cervera de Pisuerga descubro que las amenazantes nubes no son más que una espesa niebla, que se acentúa en la zona de los embalses, pero que finalmente desaparece a medida que la carretera va ganando altura y ante mí aparecen los gigantes de la montaña palentina, en especial, el Espigüete, mi objetivo de hoy.


La carretera bordea el embalse de Camporredondo y antes de alcanzar la localidad de Cardaño de Abajo se toma el desvío hacia Cardaño de Arriba. Con la impresionante vista del Espigüete sobre mi cabeza, enseguida llego al aparcamiento desde el que comienza la ruta. La subida la haré por la arista este, la bajada ya veremos…

Desde el aparcamiento parte una pista y apenas a cincuenta metros aparece un hito que marca el comienzo de la subida. Desconozco la subida y he oído tantas cosas del Espigüete que voy con cierto nerviosismo y no me he dado cuenta de que estoy siguiendo el track de la ruta al revés, y que me he dejado atrás el hito, ni lo he visto, pero al ver que la pista se desvía poco a poco de la arista me doy cuenta de que algo no va bien. Tengo a la vista el refugio de Mazobre, así que en lugar de darme la vuelta y volver al principio decido llegar hasta el refugio, relajarme un poco y desde allí buscar un camino que me lleve hasta la arista.


La zona del refugio es muy bonita y ofrece unas espectaculares vistas de la arista y de toda la montaña, la verdad es que el Espigüete es un montañón. El refugio es libre y está en muy buen estado, además en sus cercanías hay una fuente donde nos podemos aprovisionar de agua.

Desde el refugio el acceso a la arista no reviste más problemas que la fuerte pendiente que hay que salvar, una canal herbosa con algún tramo de rocas sueltas no ofrece dudas de cual es el mejor camino a tomar.

Rápidamente voy ganando altura hasta llegar al cordal, la verdad es que me he saltado un buen tramo de arista, pero no importa, ahora toca tomárselo con calma, disfrutar de las vistas y seguir los hitos, que marcan a la perfección el camino a seguir. La arista es sencilla en este tramo, aunque no hay que perder la concentración. Los Picos de Europa comienzan a aparecer en el horizonte.


No recuerdo el punto exacto, no lo marqué en el GPS, pero no he tardado mucho en llegar a un tramo en que hay que hacer un pequeño destrepe, unos tres metros casi verticales, con buenos agarres, pero que hay que afrontar con cuidado y confianza. Yo lo bajé de espaldas a la pared, pero puede que sea mejor hacerlo de cara, ya que en algún momento la mochila golpeaba contra la pared y resultaba incómodo y peligroso. Yo descendí en vertical, pero una vez abajó descubrí que quizás era más fácil y cómodo bajar en diagonal, en lugar de hacer un quiebro a la derecha para destrepar, se puede continuar por la arista y buscar ese descenso en diagonal. Así explicado no queda muy claro, pero sobre el terreno se ve mejor lo que digo. En fin, que aunque el paso no es como para echarse para atrás es conveniente extremar las precauciones, una caída nos puede llevar rodando hasta el mismo refugio del Mazobre…


El resto de la arista es para disfrutarla, con tramos que obligan a echar las manos al suelo, pero que con buenas condiciones climáticas no deben suponer más problema que el esfuerzo de ir subiendo. Lo curioso de la arista es que no deja ver la cima y cuando llegas a lo que parece ser el punto más alto de la montaña te encuentras con que aún te queda un buen trecho, así un par de veces, pero no importa, esta es una de esas subidas que da pena que se acabe, pero al final allí aparece la cima.


El día es espléndido y la visibilidad magnífica. Los Picos de Europa aparecen ahí, casi al alcance la mano; el Pico Murcia, Tres Provincias, Peña Prieta y el también el espectacular Curavacas; los embalses de Camporredondo, a lo lejos el de Riaño… las vistas son inmensas.

No tengo prisa por descender, pero debo decidir la ruta a tomar. Tengo dos opciones, bajar por la cara sur o por la norte, dos pedreras que supongo no tienen nada que envidiarse la una a la otra. En la cima he coincidido con un grupo de montañeros que también están decidiendo por donde bajar, parece que se inclinan más por la cara sur ya que la norte debe presentar más dificultades, mi intención en principio es bajar por la norte, así que les pregunto acerca de la bajada. Me indican que nos es que sea muy complicada, pero es que es una pedrera cuya mayor dificultad es precisamente la falta de piedras en alguno de sus tramos, lo cual la hace muy resbaladiza, también me hablan de algún estrechamiento que requiere algún destrepe, pero que si estoy acostumbrado a ese tipo de terrenos no debería tener problemas. Agradezco la información y continúo disfrutando de las vistas. El grupo de montañeros emprende el camino de vuelta y me quedo sólo en la cima, meditando… norte… o sur.

Mientras tanto otra pareja de montañeros ha llegado a la cima tras recorrer la arista. Nos saludamos, comentamos la subida y hablamos sobre la bajada, ellos van a bajar por la norte, así que finalmente decido tomar esta ruta. Me despido de ellos y entre risas les digo que si oyen algún grito ya saben de quien es… me dicen que no preocupe, que ellos bajarán en seguida y que si no lo veo claro o me atasco en algún punto que les espere, ellos ya conocen la bajada.

Así que allá voy. Desde arriba la bajada impresiona, sobre todo si no se conoce, ya que se ve que hay un punto donde el camino se mete en un embudo en el cual no sabes lo que te vas a encontrar, finalmente la cosa no fue para tanto y pude confirmar que el mayor peligro reside en los tramos donde ya no hay piedras, sino una gravilla que puede propiciar más de un resbalón, como así me ocurrió, pero echando el culo al suelo cuando haga falta y utilizando un par de bastones para asegurar los pasos se puede bajar bien.


La bajada es tan impresionante como las vistas de la cara norte de esta montaña, no paro de darme la vuelta para ver por donde he bajado… Más abajo, una vez acabada la pedrera se llega a una especie de terraza, con muchas rocas, y algunas simas. Aprovecho para descansar un poco, contemplar esa cara norte y buscar la forma de bajar hasta la cascada del Mazobre, un bonito sitio para terminar la ruta antes de volver al aparcamiento por una cómoda pista.

La bajada hacia la cascada es un poco campo a través, primero desciendo una zona rocosa y después por el curso seco de una torrentera hasta alcanzar la pista, luego sólo queda remontar un par de centenar de metros por la pista hasta alcanzar un mirador desde el cual se puede bajar a la base de la cascada. Un lugar perfecto para comerse el bocadillo y contemplar el Espigüete.


Tras las fotos de rigor emprendo la última parte del camino. La pista rodea el Espigüete y deja a un lado el refugio de Mazobre. Voy bastante bien de tiempo, así que decido acercarme de nuevo al refugio. En el cielo hay unas bonitas nubes y quiero aprovechar par hacer algunas fotos, aparte de que cuesta despedirse de esta montaña que, sin duda alguna, es una de las más bonitas que he subido… y bajado.

Ya de vuelta al aparcamiento, con la tranquilidad de saber que regreso sano y salvo, reparo en el hito que me salté por la mañana y que marca el comienzo de la arista. Durante la vuelta a casa, al atardecer, aún tengo tiempo de disfrutar con las vistas sobre los embalses de Camporredondo y de Ruesga, los bonitos pueblos de la zona, el mirador del alto de la Varga… y la negra silueta del Curavacas.



LAS FOTOS

 
Música de Pet Shop Boys: "Home And Dry"




EL TRACK

 

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