30 de diciembre de 2012

Sierra de Gorbea: Burbona (931)

Aprovechando una nueva visita de mi cuñado “el montañero” había pensado en realizar una ruta por tierras alavesas y acercarnos hasta la sierra de Entzia para ascender el Ballo y disfrutar de un paseo por sus rasos, pero resulta que mi cuñado ya había estado por allí hace tiempo y como prefiere no repetir cimas tuve que buscar una alternativa. Opciones había muchas, pero como tenía que volverse para Asturias el mismo día, decidí elegir algo tranquilo cerquita de casa, así que me decanté por las Burbonas desde el puerto de Altube.

La idea original era una ruta circular ascendiendo a las tres Burbonas para luego acercarnos al Parketxe de Sarría siguiendo el curso del Baias y vuelta hasta Altube, pero al final sólo pudimos subir a la primera de las Burbonas. La cuestión es que por error no cargué el track en el GPS, no conocía la zona, que está llena de pistas, y tras descender del Burbona nos desorientamos un poco intentando localizar las otras Burbonas, la central y la oriental, así que haciendo uso del GPS buscamos alguna pista que nos llevara hacia el Baias. La verdad es que esta variante de la ruta resultó ser muy bonita, aunque casi acabamos a remojo en las frías aguas del Baias.

En lo alto del puerto de Altube, a la salida de una curva y a la derecha según se asciende, hay una explanada que hace las veces de aparcamiento. Justo en frente sale el sendero por el que se inicia la ruta. Se trata de un camino amplio y bien señalizado por postes de la ruta llamada “Senda del Pastoreo” y marcas de pintura roja y blanca. Es un camino amplio y muy cómodo, sin grandes desniveles y que poco a poco se va internando en el inmenso hayedo del Gorbea atravesando parajes que invitan a salirse del camino y adentrarse en las entrañas del parque en busca de sus más insignes habitantes, los ciervos.

Camino a las Burbonas

En estas andábamos cuando me doy cuenta de que he perdido uno de mis guantes cortaviento, no es que sean una maravilla, pero me han prestado un gran servicio, así que decidimos retroceder un poco para ver si lo encontramos, pero nada, parece que se lo ha tragado la tierra, así que retomamos la ruta. Nos cruzamos con un  montañero que regresa hacia Altube y le pedimos que, si por casualidad localiza el guante, nos lo deje encima del coche.

Dejamos de lado varios desvíos que llevan hacia el Parketxe de Sarría y algunas cimas menores ocultas por los árboles y poco a poco vamos ganando altura hasta alcanzar un poste de señales que apunta hacia la cima de Burbona, apenas cinco minutos nos separan de su buzón con forma de cohete. No hay vistas panorámicas, ni falta que hace, porque el bosque de por sí ya merece la pena.

Burbona Occidental

Descendemos del Burbona en busca de la siguiente cima, Burbona central, y aunque el camino parece bien señalizado llega un momento en que en el GPS desaparece el sendero, lo cual nos desorienta un poco, además parece que nos estamos alejando del Baias cuando nuestra intención es bajar hasta el mismo. Volvemos sobre nuestros pasos y tomamos una de las muchas pistas que hay por la zona y que desciende hacia el Baias. Como dije antes la elección no ha resultado ser tan mala, al menos en lo que se refiere a la belleza del lugar. El camino atraviesa varios arroyos e impresionantes zonas de hayedo.

Arroyo

Entre la maraña de caminos y sendas y nuestro afán de alcanzar el Baias y la pista que lleva al Parketxe seguimos descendiendo. El hayedo ha dejado paso al robledal y lo que antes era una alfombra de hojas secas se transforma en un, a veces, incómodo camino de pinchos y matorral bajo. Nos hemos guiado por el GPS y el camino que seguimos resulta que no parece estar muy transitado y además en gran parte está anegado de agua y se ha convertido en un arroyo por lo que vamos paralelos al mismo, campo a través. En esta zona nos salen al paso unos cuantos ciervos, seguramente desplazados por las batidas de jabalí que hay por otras zonas.

Gorbea entre robles

Por fin la senda nos lleva a nuestro objetivo, el río Baias, el problema es que el camino badea el río, cosa que con el caudal que lleva resulta del todo imposible y no nos queda más opción que seguir su cauce. Nos encontramos en una zona donde el río se encajona y hay mucha pendiente y de nuevo tenemos que mirar el GPS para localizar una salida, debemos ascender con cuidado porque un resbalón nos lleva directamente a las frías aguas del Baias. Finalmente alcanzamos otro sendero que, esta vez sí, nos lleva a la pista del Parketxe.

Salto de agua en el Baias

En el Parketxe aprovechamos para reponer fuerzas y visitar el centro de información del parque, he estado varias veces aquí, pero nunca había entrado y la verdad es que, aunque no tiene mucho que ver, la visita resulta interesante.

Toca volver hacia Altube y tomamos el camino que, según el GPS, más rápido nos llevará a la pista por la que hemos ido a la Burbona, pero otra vez resulta ser una camino que, aunque amplio al principio, acaba convertido en un sendero que sólo debe ser utilizado por el ganado y que a ratos resulta algo incómodo, de nuevo caminamos entre robles y espinos, así que en cuanto alcanzamos un hayedo decidimos abandonar este camino y alcanzar la pista campo a través, pero por una cómoda alfombra de hojas secas.

Hayedo

Se hace tarde y tenemos que apurar el paso, al montañero aun le queda un largo viaje de vuelta a casa. Alcanzamos el aparcamiento y cuando vamos a meter las mochilas en el maletero nos encontramos con la agradable sorpresa de que mi guante está allí, bajo el limpiaparabrisas. No sé si el amable montañero que nos encontramos leerá esto, pero le agradezco mucho el gesto.



f o t o s


Música de Jamiroquai: "Falling"



t r a c k

17 de diciembre de 2012

Rincones para perderse: Otzarreta


Si en mi anterior entrada, la primera de la serie “rincones para perderse”, me acercaba hasta los alrededores del humedal de Saldropo para visitar la cascada de Uguzpe, no hay que irse muy lejos para encontrar otro lugar donde perderse un buen rato bajo el abrigo de las hayas. Se trata del hayedo de Otzarreta, una pequeña extensión de terreno tapizada por las hojas caídas de impresionantes hayas y atravesado por un serpenteante arroyo. Sin duda alguna es un lugar fascinante.

Para alcanzar el hayedo de Otzarreta, al igual que para la cascada de Uguzpe, hay que tomar la pista que justo desde lo alto del puerto de Barazar se interna en los terrenos del P. N. del Gorbea y que finaliza en el área recreativa de Saldropo, pero esta vez no hay que llegar hasta el humedal, sino que se debe tomar un desvío a la izquierda, señalizado con postes de madera, para coger otra pista que, para los vehículos no autorizados, acaba en una explanada en la que se ha habilitado un aparcamiento.

La sorpresa la tenemos a apenas veinte metros del aparcamiento, pues este se encuentra justo al lado del hayedo, aún así un cartel nos indica la dirección a tomar.

La verdad es que no se cómo describir el lugar y lo mejor será pasar directamente a las fotos, pero si en foto os parece un lugar bonito, os aseguro que si vais en persona será un lugar al que volveréis.

Parece que esto se va a convertir en algo habitual, pero cada vez que salgo con la única intención de hacer fotos lo primero que echo en falta es un poco más de angular, sobre todo en un sitio como este, donde las enormes hayas dan mucho juego, pero no queda más remedio que aprovechar el equipo del que dispongo y habrá que seguir exprimiendo la Canon G11 hasta que reviente.

Hubiera preferido venir al hayedo una mañana, con las primeras horas del día y, a ser posible, con niebla y tras algunos días de lluvia para que el arroyo tuviese un buen caudal, creo que esas son las condiciones perfectas para fotografiar este lugar, pero no se puede tener todo, así que he tenido que venir una tarde, con cielo despejado y, aunque el arroyo lleva agua, esta no tiene la suficiente fuerza como para conseguir el efecto sedoso en el agua.

Las primeras fotos son para hacerme una idea del lugar, así que me centro en los árboles que, junto con el arroyo, son el principal elemento para componer las tomas. El trípode es imprescindible y un buen juego de filtros degradados grises de densidad neutra tampoco estorban, yo tengo uno muy cutre que da una dominante magenta a las fotos insoportable, así que, aunque lo he utilizado para las primeras tomas al final lo dejo por imposible, en el ordenador tocará pelarse con los contrastes. El filtro polarizador también es útil, en este caso no para saturar los colores ya que apenas llega la luz del sol, sino para eliminar los brillos molestos en el agua.

 Canon G11
f/8 - 1s - iso 80
trípode + cable disparador + filtro gris degradado ND

De todas las composiciones posibles hay una que destaca a simple vista y que es la carta de presentación del hayedo de Otzarreta, se trata de un haya situada junto al arroyo y cuyas raíces, por efecto de la erosión de las aguas han ido quedando al descubierto a la vez que se han cubierto de musgo, si buscáis por Internet veréis que es la imagen más repetida del lugar. Esta es mi humilde versión (aquí es donde más me acordé de un buen gran angular…)

 Canon G11
f/5,6 - 1s - iso 80
trípode + cable disparador + filtro polarizador

Pero el hayedo esconde otros muchos rincones en los que detenerse, aunque yo me he entretenido demasiado con las aguas del arroyo, se me está haciendo tarde y apenas queda luz para unas cuantas tomas más, especialmente de un bonito meandro que se forma poco antes de que el arroyo abandone el hayedo.

 Canon G11
f/3,8 - 8s - iso 80
trípode + cable disparador

Han sido apenas dos horas en este lugar, era la primera vez que venía, y aunque creo que he conseguido alguna foto resultona está claro que no tardaré en volver por aquí, no se si por la mañana o por la tarde, si con niebla o con sol, con lluvia o con nieve, pero volveré. Os dejo con el resto de fotos de la sesión.




f o t o s

Música: "Song Of The Heart" (Reflections of Nature-A Time For Romance)



28 de noviembre de 2012

Rincones para perderse: Uguzpe

Durante mis salidas montañeras he ido descubriendo lugares en los que realmente da gusto perderse. Rincones que, a menudo, dejamos de lado mientras vamos camino de una cima en lugar de dedicar tiempo a explorarlos y disfrutarlos. En la medida de mis posibilidades intentaré, poco a poco, mostrar aquellos que a mí más me han gustado, así que en esta serie de "Rincones para perderse" tendrá más protagonismo la fotografía que la montaña, aunque la mayoría de estos rincones bien podrían formar parte de alguna ruta de montaña, pero creo que ya de por sí, ellos solos bien merecen una visita.

La cascada de Uguzpe se encuentra dentro de los límites del Parque Natural del Gorbea. Se encuentra situada en las cercanías del humedal de Saldropo, donde también podemos encontrar un área recreativa habilitada con aparcamiento, fuente, mesas y asadores, así que una visita a la cascada puede ser un complemento perfecto para una jornada de esparcimiento por la zona.

Al área recreativa de Saldropo se accede desde la carretera N-240, justo en lo alto del puerto de Barazar, a la derecha si vamos dirección Vitoria veremos un cartel que indica el acceso al Parque Natural del Gorbea, sólo hay que seguir la pista de cemento hasta alcanzar el aparcamiento de Saldropo. Al final del aparcamiento, hacia la derecha, sale una pista de tierra que discurre a través de una zona de arbolado, justo en el momento en que se sale del bosque y la pista comienza a perder altura y a girar hacia la derecha veremos una zona más amplia donde se puede llegar con el coche y aparcar en la cuneta. En este punto nace un camino herboso que desciende hacia el bosque, sólo hay que seguir el camino y en apenas cinco minutos, cuando el camino realiza un quiebro hacia la izquierda veremos un claro sendero que sale hacia la derecha, es inconfundible porque pasa junto a una enorme haya y enseguida gira hacia la izquierda hacia un ancho paso entre rocas. A partir de aquí el ruido del agua anuncia la inminente presencia de la cascada. La senda desciende rápidamente hacia una plataforma desde la que ya podemos contemplar el salto de agua en todo su esplendor. Para alcanzar su base basta con seguir descendiendo por el sendero y ayudarse de las raices de otra gran haya para evitar resbalones y caídas. Este es el momento de montar el trípode, sacar los trastos y hacer lo que buenamente se pueda...

Canon G11
f/8 - 1s - iso 80
trípode + cable disparador


Lo primero que se echa en falta en un lugar como este es un buen angular, con la mínima focal de la G11 (28mm) hay que alejarse bastande de la base de la cascada y es difícil encontrar una composición que le de fuerza a la imagen, pero quizás si se consigue transmitir mejor la sensación de serenidad que se respira en el lugar.

Canon G11
f8 - 1s - iso 80
trípode + cable disparador

Lo dicho, a falta de angular no queda más remedio que buscar pequeños detalles que realcen la imagen sin olvidarnos del agua.

Canon G11
f/6.3 - 1s - iso 80
trípode + cable disparador

Ni que decir tiene que aquí el trípode se convierte en una herramienta casi indispensable, sobre todo si queremos conseguir imágenes que le den al agua ese aspecto sedoso, pero además porque la cantidad de luz que llega no es mucha, también es cierto que yo he ido una tarde nublada porque la luz difusa que se filtra entre las nubes favorece mucho la iluminación. En un día soleado habría que pelearse con los fuertes contrastes de las zonas iluminadas por el sol y las zonas en sombra, y la canon G11 tampoco destaca por su rango dinámico.

Canon G11
f/6.3 - 1s - iso 80
trípode + cable disparador

Para finalizar la visita recomiendo acercarse, con mucha precaución, a la parte más alta de la cascada, la vista es impresionante. 

Aquí os dejo el resto de fotos de la sesión.



f o t o s 


Música de Bob Marley: "I Can See Clearly Know" 



13 de noviembre de 2012

Sierra de Gorbea: en busca de la senda Basatxi


La ruta de hoy parte desde el aparcamiento de la pequeña área recreativa de Urigoiti, un barrio que pertenece al municipio de Orozco. La idea es alcanzar y recorrer la senda Basatxi, en las cercanías del Gorbea, para lo cual primero atravesaré el macizo de Itxina y luego la campas de Arraba para ir al encuentro de la senda junto al arroyo Padrobaso.

La ruta no tiene ninguna complicación y está anunciado un día espléndido, así que me encamino hacia el ojo de Atxular para introducirme y atravesar Itxina en dirección al paso de Kargaleku, por el cual se accede a las campas de Arraba. Una vez en las campas voy en busca de la fuente que hay en las cercanías del refugio de la federación vizcaína de montaña. A pesar de las muchas veces que he pasado por las campas nunca me había pasado por esta fuente, y la verdad es que es una auténtica gozada. Acabando ya el verano y con la escasez de lluvias que hemos tenido la fuente aún conserva un buen chorro de agua fresca, así que aprovecho para beber y sentarme un rato a la sombra. En la parte final del recorrido de hoy me acordaré mucho de este rato, sobre todo del chorro de agua…

Lekanda desde la fuente de Arraba

Desde Arraba tomo el camino habitual de subida hacia el Gorbea, en dirección al refugio de Eguiriñao, pero a la altura del menhir de Zastegi me desvío hacia una zona de pequeñas bordas y refugios, es un lugar que me gusta mucho fotografiar cada vez que ando por aquí.

Refugio

Toca ir en busca del Padrobaso, que por la escasez de agua aparece y desaparece en algunos tramos. Enseguida, junto al arroyo y por su orilla izquierda, aparece el inicio de la senda Basatxi. Me he liado bastante con el tema de las fotos y dudo entre adentrarme en la senda o darme la vuelta, últimamente no he salido mucho y mis piernas lo notan enseguida, pero finalmente decido continuar con el plan inicial, aunque no por mucho tiempo. En un tramo que la senda se acerca de nuevo al Padrobaso desisto de mis planes, me siento a comer y a planificar el camino de vuelta.

Padrobaso

Para el retorno, en lugar de volver por donde he venido voy a remontar el Padrobaso hasta un punto desde el cual intentaré ir hacia el collado de Ipergorta por un lugar que había recorrido unos meses atrás, y digo intentaré porque no llevo en el GPS la ruta en cuestión y la misma no discurre por ningún camino conocido ni hay señales, así que dependo de mi memoria y mi sentido de la orientación.

Remontando el Padrobaso me encuentro con una agradable sorpresa, la cueva de Lapurzulo, desde cuyo interior surgen las aguas de un arroyo subterráneo. La cueva cuenta con dos entradas, por una fluye el agua desde las entrañas de la tierra y por la otra se puede acceder cómodamente a su interior. Es una oportunidad para hacer fotos que no se puede dejar pasar, aunque en este momento lamente el haber decidido salir de casa sin el trípode, sin el flash, sin los filtros…

Lapurzulo

Tras dejar atrás Lapurzulo y remontar un buen tramo del río, más de lo que recordaba de otras veces, comienza la búsqueda de la mencionada ruta hacia Ipergorta, al principio no parece haber ningún problema ya que hay marcas de pintura, creo que se trata de una senda que lleva hacia el menhir de Arlobi, pero yo debo desviarme en otra dirección. Con el día tan espléndido que hace y con el GPS, aunque sin track alguno, no resulta muy difícil orientarse, pero no consigo encontrar la zona por la que había recorrido este tramo meses atrás y acabo metido en un lapiaz con rocas afiladas como cuchillos y grietas que dificultan mucho el avance. Me tomo unos minutos para valorar la situación y decido seguir los consejos de “el último superviviente”, el cauce de un arroyo siempre te acabará llevando a un lugar civilizado. Desde el punto en que me encuentro puedo ver el cauce seco de un pequeño arroyo, así que hacia allí me voy, pero al contrario que el Sr. Bear Grylls yo no voy a descender por el curso del arroyo en busca de la civilización, sino que voy a remontarlo en busca de la pista que desde el collado Ipergorta desciende hacia la peña Urratxa.

Karst

El esfuerzo ha sido considerable, pero la cosa ha funcionado, salvo por la fuerte pendiente el cauce seco ha sido una autopista comparado con el caos de rocas en el que me había metido. Ahora toca pagar las consecuencias, desde hace un rato vengo sintiendo que se me cargan mucho los músculos por encima de las rodillas y los calambres no tardan en llegar. Una vez alcanzado el collado de Ipergorta necesito tumbarme un rato para aliviar la tensión de los músculos e intentar recuperar un poco porque aún me queda un buen trecho.

Altipitatx

Los pocos metros que me separan de la cima de Ipergorta se convierten en un pequeño suplicio, pero a partir de aquí ya todo es descenso y espero que las piernas aguanten mejor. Lo malo es que al descender hacia Altipitatx en busca del paso de Itxingote he vuelto a errar en la ruta y de nuevo he acabado metido entra grietas y rocas, aunque esto queda compensado por la belleza del sitio la verdad es que alargar aún más la ruta no va a ayudar mucho a mis piernas, además apenas me queda agua y el día ha sido especialmente caluroso, como decía antes, el resto del camino no dejaré de acordarme de la fuente en las campas de Arraba.

Hacia Itxingote

Finalmente, con algún que otro problema de orientación, entre árboles y rocas todos los rincones parecen iguales, llego al paso de Itxingote, donde se inicia un fuerte descenso que acaba en el canal de Sintxita, cuyo deteriorado recorrido seguiré hasta alcanzar el manantial de Aldabide. Este tramo se me ha hecho eterno, con las piernas casi agarrotadas y la garganta seca llego a Aldabide, la tentación de beber un poco de sus cristalinas aguas es grande, pero apenas media hora me separa del área recreativa de Urigoiti y de su fuente, así que mejor aguantar un poco y evitar riesgos innecesarios, aun así, una vez en el aparcamiento, la primera botella de agua que llené la utilicé para echármela por encima y refrescarme, el resto supongo que os lo podéis imaginar.


f o t o s


Música de Melón Diésel: "En el Andén"



t r a c k

4 de noviembre de 2012

Pisuerga: jara y sedal

Dice el refranero popular que “a falta de pan buenas son tortas”, así que si no hay posibilidades de subirse a una montaña ¿porque no apuntarse a un día de pesca? La cuestión es estirar un poco las piernas y no perder el contacto con la naturaleza, así que aquí estoy, a las 6:30 de la mañana, a la puerta de la casa de Jon, esperando a Miguel, para irnos de pesca, bueno, a pescar van ellos, yo me daré un paseo y, con un poco de suerte, les sacaré alguna foto de esas que dejan con la boca abierta, la típica foto del pescador con una pieza de varios kilos y de un tamaño descomunal.

Antes de nada debo decir que la especialidad de Jon y Miguel es la pesca sin muerte, o sea, coger la pieza y soltarla al instante, y para ello utilizan unas cañas no muy largas, finitas y muy flexibles, con dos tipos de cebos diferentes, mosca y ninfa, la diferencia entre una y otra es básicamente que la mosca flota y se utiliza para pescar en la superficie, y la ninfa se hunde, por lo que es más útil para pescar en profundidad. Viéndoles cambiar de una técnica a la otra me recordaban a mí cuando cargaba por el monte con la cámara réflex y andaba cambiando continuamente de objetivos, pero bueno, esa es otra historia.

El lugar escogido para esta jornada es el río Pisuerga, en un coto entre las localidades de Salinas de Pisuerga y Quintanaluengos, que a su vez se encuentran entre Cervera de Pisuerga y Aguilar de Campoo.

Junto al río discurre una pista en la que aparcamos el coche, al lado de un refugio de pescadores. Jon y Miguel deben enfundarse sus trajes acuáticos, lo cual parece todo un ritual, nada que ver con ponerse unas botas y colgarse la mochila.

Retrocedemos unos metros por la pista hasta el lugar elegido por Jon para meterse en el agua, él ya conoce el sitio y tiene bien trazado su plan de acción, aunque la verdad es que no tiene ningún secreto, se trata de meterse al agua y remontar el río poco a poco repitiendo una y otra vez el típico gesto de las lanzadas, un movimiento muy similar a la forma de utilizar un látigo. Lo había visto alguna vez en la tele, pero en vivo y en directo resulta más vistoso y espectacular. Ahora sólo falta que las truchas se pongan a picar como locas.

Comienzan las lanzadas

Yo pensaba que esto era echar la caña y empezar a sacar piezas, pero parece que no, que la cosa lleva su tiempo y que los peces no siempre están por la labor, y hoy parece ser uno de esos días. El coto está entre dos presas y por lo visto hay demasiado caudal de agua y eso dificulta la pesca en algunos tramos, además se ha levantado viento, lo cual debe ser peor todavía. En fin, que después de un rato dejo a mis compañeros metidos en faena y yo me voy a dar una vuelta por la zona.

Camino por la pista en dirección a Quintanaluengos. A mi izquierda hay una pequeña sierra muy tentadora, pero el paso está cortado por una valla de espinos y no me atrevo a profanarla, desconozco la zona y lo mismo que hay cotos de pesca puede haber cotos de caza, o gente a la que no le guste que se metan por sus tierras, así que me limito a continuar por la pista en busca de algún lugar que pueda dar libre acceso a esa zona.

Sierra sobre el Pisuerga

En el camino aparece un pequeño pueblo, Barcenilla de Pisuerga, desde el cual sale una pista que se dirige a una zona más abrupta, con continuas elevaciones del terreno y una pequeña sierra de fondo, lo de pequeña es por el poco desnivel que parece haber, pero en realidad son cumbres que pasan de los 1.300 metros, aunque la presencia de gran cantidad de pistas y antenas en la parte más alta no invitan a aventurarse por las mismas. Tampoco es esa mi intención, pero sí me acercaré a alguna zona desde donde pueda tener una vista del entorno, especialmente de la cercana montaña palentina, la visión del Curavacas y el Espigüete me trae gratos recuerdos del verano pasado.

La montaña palentina

En lo alto de un cerro hay habilitado un mirador con bancos y carteles informativos, lo que me hace descubrir que a mis espaldas, a lo lejos, se encuentra la sierra Cebollera. De frente la ya mencionada sierra y una pequeña elevación atravesada por la línea férrea del tren de La Robla que será mi próximo objetivo.

Al acercarme a esta elevación descubro que también está delimitada por una pequeña valla de alambre, supongo que es para que el ganado no se meta en la zona, pero de momento decido rodear el cerro y explorar los alrededores. Los campos ya han sido cosechados y sólo falta que los tractores recojan los enormes fardos de paja para dejar la tierra libre para ser arada y lista para comenzar con los preparativos de una nueva cosecha.

Fardos

Rodeando el cerro llego hasta las vías del tren y aquí decido saltar el alambre y acceder a la parte más alta del terreno. El lugar no es que sea espectacular, pero las vistas son bastante agradecidas, sobre todo si se mira hacia la montaña palentina. Recorro esta parte alta hasta una horcada por la que discurre la pista que viene del pueblo y emprendo el regreso hacia el refugio de pescadores donde hemos dejado el coche. Aprovecharé para comer allí y luego iré en busca de los pescadores, a ver que tal se les está dando el día.

Terminada la comida y después de reposar un rato junto a la orilla del río me dirijo a buscarles, pero no hace falta porque justo en ese momento aparecen. Parece que la cosa no va muy bien, aunque alguna que otra trucha ya ha picado. Apenas unos minutos para comer algo y enseguida están otra vez metidos en el agua. A partir de aquí, en la medida en que el terreno lo permita, les acompañaré por la orilla del río, haber si conseguimos alguna imagen espectacular y sale alguna trucha de tamaño industrial.

Jon en plena faena

A pesar de que las capturas no están siendo abundantes se les ve en la cara que disfrutan con la caña. El proceso se repite una y otra vez, agitar la caña, lanzar el cebo y recoger hilo, y, dependiendo del tramo, cambiar de mosca a ninfa y de ninfa a mosca continuamente. Así transcurren las horas hasta que avanzada la tarde alcanzamos una zona del río de aguas poco profundas donde parece que hay una buena cantidad de peces. Yo aprovecho para merendar sentado en un banco junto a la orilla mientras sigo contemplando el ritual de la pesca y, justo cuando por fin presencio la captura de un ejemplar de Oncorhynchus mykiss, resulta que se había agotado la batería de la cámara y la de repuesto la tenía sin cargar, así que nos quedamos sin inmortalizar el gran momento.

Miguel en la faena

Por mi parte la jornada de pesca “fotográfica” había llegado a su fin, así que decidí volver poco a poco hasta el refugio y aguardar allí la vuelta de los intrépidos pescadores, quienes no tardaron mucho en aparecer. La verdad es que no sé como pueden aguantar diez horas metidos dentro del agua, lanzando una y otra vez la caña, cambiando de aparejos cada dos por tres, con el agua tan pronto por encima de los tobillos como casi al cuello, pero disfrutan de ello tanto como yo de la montaña, por eso tengo que reconocer que, aunque la pesca no es lo mío, si tuviera que repetir una salida como esta con estos dos, no me lo pensaría dos veces.

Dos hombres y un destino... truchero



f o t o s

Música de Orchestal Manoeuvres in the Dark: "(forever) Live and Die"

31 de octubre de 2012

Villasandino: bodegas

Diez años fotografiando el mismo sitio son muchos años, muchas fotos y muchos buenos ratos. El problema es que el resultado no siempre es lo que uno se espera.

Villasandino es un pequeño pueblo de la provincia de Burgos que no destaca por nada en especial, aunque puede presumir de sus dos iglesias y de su puente romano, pero tiene su encanto fotográfico, sobre todo en unos atardeceres de esos que te dejan con la boca abierta, con la montaña palentina como telón de fondo, o con sus campos de cereal que pasan del verde más intenso allá por el mes de abril al amarillo pálido que anuncia la recolecta en el mes de julio.

Casa señorial

Pero lo que más me gusta fotografiar de esta villa son sus bodegas. Y así llevaba diez años, buscando encuadres, esperando las mejores luces, pero no conseguía captar la esencia del lugar ni su belleza. Al llegar a casa y ver las fotos en el ordenador ninguna reflejaba lo que realmente veía en el momento de hacerlas y todas me parecían iguales.

Iglesia del Carmen

Una tarde de abril, bajo unas amenazantes nubes, me acerqué una vez más hasta las bodegas, no tenía intención de hacer nada especial, simplemente pasearme por allí esperando la posibilidad de que las nubes dejaran escapar algún rayo de sol y llevarme a casa una foto más del lugar, pero entonces ocurrió, no fuen un rayo de sol, sino más bien un rayo de lucidez. Ante mí apareció aquello que llevaba diez años buscando y que siempre había estado allí, pero no había sido capaz de ver, algo común a todas las bodegas, pero que a su vez las diferenciaba, las hacía únicas y conseguía transmitir la esencia del lugar...

Bodegas

Los ajustes que realizo a las imágenes son bastante básicos, la verdad es que el tratamiento digital no es lo que mejor se me da y le dedico el tiempo justo, sólo suelo tocar un poco la exposición, el contraste y la nitidez. Todas las imágenes de esta serie están tomadas con una Panasonic DMC-FZ5 y he utilizado el trípode. 



f o t o s

"Somewhere Over The Rainbow" - versión de Israel Kamakawiwo

28 de octubre de 2012

Sierra de Ganekogorta: Gasteluzar (717), Kamaraka (800), Mugarriluze (735) y Goikogane (702)

Aunque no sea el mejor día ni la mejor hora para salir al monte hay que aprovechar las tardes libres, así que, a pesar de los 30 grados de temperatura me voy a dar una vuelta.

Circulando por la autopista Vasco-Aragonesa (AP-68), a la altura del peaje de Llodio, ¿Quién no se ha fijado alguna vez en la puntiaguda silueta del Goikogane? Yo lo he hecho cientos de veces y siempre se me pasaba lo mismo por la cabeza “tengo que subir ahí arriba”, así que esta era una buena oportunidad, lo tengo cerca de casa y además es la punta de lanza de un cordal que se alarga hasta las faldas del Ganekogorta, un paseo perfecto para una tarde de verano.

Me acerco con el coche hasta la preciosa ermita de Santa Lucía del Yermo, desde donde comenzaré la ruta. Un poste nos indica la dirección a tomar, aunque no hay duda alguna, todo recto para arriba, como orientación pueden utilizarse los postes que marcan la ruta del cinturón de hierro de Bilbao. Alcanzado un primer cordal aparece un cruce de pistas donde un poste indica las diferentes direcciones que se pueden tomar. Yo voy dirección hacia el Ganekogorta por una pista que gana altura suavemente hasta alcanzar el cordal entre Goikogane y la base del Ganekogorta ya que mi primer objetivo es alcanzar la cima de Gasteluzar para después recorrer el cordal que culmina en la cima de Goikogane.

Santa Lucía del Yermo

Durante toda la ruta son evidentes los restos de las trincheras y algún nido de ametralladora. La verdad es que pone los pelos de punta pensar que lo que hoy es para nosotros un paisaje para disfrutar fue hace 75 años para muchos lo último que vieron sus ojos…

Gasteluzar es una pequeña loma a un lado de la pista, pero ofrece unas bonitas vistas sobre el entorno, especialmente de la zona del Ganekogorta, del cual se alcanza a ver su vértice geodésico, que lo convierte en una cima que pasa de los 1000 metros, y esto al ladito mismo del gran Bilbao. También destaca por su silueta el Gallarraga, otra de esas cimas que he visto cientos de veces circulando por la carretera entre Bilbao y Balmaseda, pero que nunca he subido.

Cima de Gasteluzar

Desde Gasteluzar toca retroceder hasta el collado que lo separa del cercano Kamaraka, que con sus 800 metros es la cima más alta de este cordal. Vértice geodésico y cruz/buzón reciben al montañero tras un primer fuerte repecho.
La vista del cordal hacia Goikogane es impresionante ya que da la sensación de que la montaña se corta imposibilitando el avance, pero no es así, el camino es cómodo y no presenta ninguna dificultad.

Kamaraka

La siguiente parada es la cima de Mugarriluze. Llegado a este punto observo como por el cercano valle de Ayala se ha formado una tormenta y se ve el destello de los rayos. Aparentemente la tormenta no se dirige hacia Bilbao, pero por unos momentos dudo entre seguir la ruta o darme la vuelta. Las tormentas en la montaña, si van acompañadas de aparato eléctrico, me dan pavor. Finalmente decido continuar ya que, como he dicho, parece que la tormenta no viene hacia esta zona.

Hacia Goikogane

Rápida bajada hacia el collado para afrontar la corta subida hasta la cima de Goikogane, coronada por una cruz y, más adelante, en una ante cima que se asoma hacia Llodio una Ikurriña ondea al viento. Ahora me acuerdo de las muchas veces que he mirado hacia esta montaña desde el peaje de la autopista que ahora está 600 metros más abajo. Me hubiera gustado quedarme un buen rato en la cima, pero aparecen más nubes y prefiero regresar a la ermita de Santa Lucía para invertir unos minutos en fotografiarla, a ver si tengo suerte y algún rayo de sol se escapa entre las nubes iluminándola…

Amenaza tormenta

Para la vuelta dudo entre tomar alguna de las muchas pistas que hay por la zona. Un señor que estaba por allí con sus nietos me orienta un poco e incluso me acompaña durante unos metros en busca de un sendero que recuerda, pero no lo localizamos. Se ofreció para llevarme hasta Santa Lucía en coche, pero las nubes no pintaban tan mal. Me despido de él dándole las gracias y me vuelvo por el camino por el que he venido, rodeando esta vez la cima de Mugarriluze, hasta alcanzar el punto donde un poste de señales indica que estoy a 25 minutos de la ermita. Tras un pequeño tramo de senda el resto del camino transcurre por una pista donde van confluyendo otras hasta llegar de nuevo al poste de señales donde al principio tomé la dirección hacia el Ganekogorta. Sólo queda descender hasta las campas de Santa María, junto a la ermita, donde espera el coche.



f o t o s 


 
Música de Andrew Bird: "Imitosis"



t r a c k

 

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