16 de enero de 2011
Primera
salida montañera del 2011. El día amanece fresquito y la sierra de
Kodes se oculta tras un manto de nubes, pero espero que poco a poco
vaya despejando y no me ocurra igual que la otra vez que estuve por
esta zona, también por esta época del año, con mi amigo “el
intrépido” y su amigo Víctor, que a pesar de estar aún
convaleciente de una intervención quirúrgica subió como un
campeón. La pena es que aquel día las nubes no levantaron, no
pudimos ver absolutamente nada y nos fuimos para casa completamente
empapados por una persistente llovizna.
Comienzo
la ruta en Santa Cruz de Campezo, desde donde se toma una pista que
discurre junto al cauce del río Ega, La verdad es que es una gozada
caminar por este paraje a estas horas de la mañana, acompañado sólo
por el rumor de las aguas que se dirigen hacia el barranco de Inta.
Tras
pasar un buen rato caminando junto al borde mismo del río, en
paralelo a la pista, debo separarme de este para dirigirme hacia el
barranco de la Dormida, un lugar espectacular. Un sendero discurre
entre el intenso verde, un lugar que retiene la humedad de tal manera
que parece que estoy en una selva tropical.
Hasta
ahora la subida ha sido bastante relajada, pero el camino se empieza
a poner cuesta arriba y resbaladizo. Aunque llevo el GPS no llevo
ningún track con la ruta exacta y en un par de ocasiones he
confundido el camino, ya que son muchas las bifurcaciones del mismo,
así que hay que andar atento. Tal y como esperaba, a medida que gano
altura las nubes se van disipando y comienzo a ver frente a mí las
paredes de Kostalera, hacia atrás un pequeño mar de nubes y el azul
del cielo.
Queda
aún el tramo más duro de la subida, hay que afrontarlo con calma,
pero al final todo llega, y ahí está la cima. Un paso estrecho
entre rocas da acceso a la otra vertiente de la montaña, desde donde
una pequeña trepada nos lleva a la cima. Hay instalado un cable muy
fino que puede servir de ayuda para alcanzar la cima, pero tampoco es
que sea necesario, aunque a alguno le puede dar seguridad. Una vez
arriba, además de la satisfacción de haber alcanzado el objetivo
del día, está la recompensa de la vistas. Es momento para sentarse,
recuperar fuerzas y disfrutar del paisaje.
Cuando
subí con “el intrépido” y con Víctor nuestra intención era
haber seguido hacia el puerto de Nazar, pero las condiciones no eran
las más adecuadas, lo intentamos, pero a las primeras de cambio nos
dimos la vuelta, más que nada porque Víctor y yo no lo veíamos
factible, pero hoy está claro que la ruta a seguir es la que lleva
hacia el puerto de Nazar. Dejo la cima y tomo la senda que recorre el
cordal entre Kostalera y Nazar. Sencillos destrepes y alguna que otra
trepada se alternan con zonas sin más complicación hoy que algunos
tramos donde me he encontrado un poco de hielo, pero que se pasan sin
dificultad. La vertiente sur es todo un mar de nubes que se van a
mantener durante todo el día y que incluso amenazan con pasarse
hacia la vertiente norte.
Desde
el puerto de Nazar el camino invita a seguir el cordal en dirección
a la cima de
Joar, pero me he entretenido demasiado a primera hora de la mañana
junto al río Ega y se me va a hacer tarde, así que Joar queda para
una mejor ocasión, además me ha gustado mucho unas cimas en forma
de agujas, Malpika, y ya tengo pensada una ruta que lleva al Joar
pasando por estas cimas… En fin, que desde el puerto de Nazar
comienzo a descender por la pista que leva de vuelta a Santa Cruz de
Campezo, pero enseguida abandonaré la pista para descender por un
sendero que lleva hacia la ruta del Miradero de Inta y que enlaza con
la subida por el barranco de la Dormida.
Tras
descender durante un rato a través de un precioso bosque se llega
aun claro donde me encuentro el desvío hacia el miradero, el sendero
que lleva hacia la Dormida y una nueva pista que se dirige hacia
Campezo. Tras desviarme unos minutos hacia el miradero regreso a la
pista que lleva a Santa Cruz de Campezo. Esta última parte de la
bajada discurre por un entramado de pistas que se entrecruzan, pero
finalmente alcanzo la bonita ermita de Ibernalo. Al final la bajada
ha sido bastante rápida, así que aun tengo algo de tiempo para
disfrutar de las vistas de las tierras alavesas a los pies de
Ibernalo.
Desde
Ibérnalo, tras caminar un centenar de metros por la carretera, de
nuevo tomo una pista que me lleva a Santa Cruz de Campezo, justo
hasta el centro del pueblo, donde dejé el coche y comencé mi ruta.
Ha sido un bonito día, aunque la verdad, creo que hubiera sido mucho
mejor en compañía de “el intrépido” y de Víctor.
LAS FOTOS
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