30 de octubre de 2011

Sierra de Arangio: Santikurutz (1.111) y Orisol (1.131)

Nueva visita relámpago de mi cuñado el montañero, lo cual significaba que no disponíamos de mucho tiempo, así que hubo que improvisar una ruta rápida y que fuera completamente descocida para mi cuñado. Yo ya había estado antes por la zona, en primavera y en compañía de mi amigo “el intrépido”. aquella vez recorrimos la sierra completa, en un día espléndido, disfrutando de unas vistas excepcionales y descubriendo la magia que encierra el lugar, incluida visita a la cueva del cura Santacruz, con lo que nos costó encontrarla, pero bueno, esa es otra historia.


Comenzamos la ruta en Oleta, justo en el lugar donde empieza una pista que se dirige hacia la sierra. Al poco rato abandonamos la pista para tomar un sendero que se adentra en el hayedo, el desvío está señalizado con un hito. Estamos en otoño y una alfombra de hojas secas nos va a acompañar durante todo el recorrido. En este tramo es donde vamos a encontrar las rampas más duras de toda la jornada, así que, aunque tenemos prisa, nos lo tomamos con calma.

Enseguida alcanzamos el cordal que da paso al valle de Aramaio, y desde aquí nos deleitamos con las espléndidas vistas. A nuestra izquierda podemos ver la pequeña ermita de Santikurutz, hacia donde nos vamos a dirigir para comenzar nuestro corto paseo por la sierra de Arangio.


De nuevo nos adentramos en el hayedo, en mi opinión uno de los más bonitos que podemos encontrarnos por estas tierras y que resulta espectacular en cualquier época del año. Por unos minutos debemos abandonar el precioso sendero señalado con marcas de pintura roja y blanca que atraviesa toda la sierra para acercarnos a la cima de Santikurutz, que casi pasa desapercibida entre tanta belleza.


Regresamos al camino para dirigirnos hacia la cima se Orisol, una perfecta atalaya para contemplar las impresionantes paredes grisáceas del Anboto emergiendo sobre el marrón de las copas de los árboles.


Aprovechamos la parada en Orisol para comer un poco y retomamos la ruta. A partir de aquí nos adentramos en una zona que respira magia por los cuatro costados. Es difícil de describir, así que os recomiendo a todos los que tengáis la oportunidad el acercaros a descubrir los apacibles rincones que se esconden en este lugar, os aseguro que no os va a defraudar.


Finalizado este tramo salimos a un pequeño collado donde se entrecruzan varios caminos, un bonito lugar para hacer un alto en el camino, aunque hoy, para mi cuñado “el montañero” y para mí, éste va a ser el punto de retorno. Un poste de señales nos indica la dirección a tomar para regresar al punto de partida, pero antes nos acercamos hasta una enorme peña que hay en las cercanías del collado. La tentación de subirla es enorme, aparentemente no se requiere más que una simple trepada, pero no nos ponemos de acuerdo en cual puede ser el punto de acceso más cómodo, y tampoco vemos clara la forma de destrepar, así que finalmente desistimos.


El regreso a Oleta es cómodo, por la misma pista por la que iniciamos el recorrido que, al final, aunque corto, ha sido más que suficiente para que mi cuñado “el montañero” se vaya con un buen sabor de boca.


 



EL TRACK




 

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