14 de diciembre de 2010

Andarto

28 de marzo de 2010


Hoy he elegido para mi paseo una de esas montañas que no destaca demasiado, pero que a fuerza de verla desde otros sitios, ha acabado despertando mi curiosidad, así que para allá me voy. No es una cima complicada y su acceso es muy fácil, pero que se encuentra junto a un paraje de gran belleza, la depresión de Degurixa, una zona de praderas salpicada de refugios y bordas embutida entre montañas.
Inicio el recorrido junto al embalse de Urkullu, un bonito lugar donde pasar una tarde paseando con la familia. Es pronto, así que aprovecho los primeros rayos del sol para sacar algunas fotos desde la orilla del embalse para después continuar en dirección a la cola del embalse, que recoge las aguas del arroyo que le da nombre, el Urkullu. Aquí se toma la pista que poco a poco va ganando altura hasta alcanzar una zona de pastos, donde la pista se convierte en camino. Hasta ahora he subido acompañado por el murmullo de las aguas del arroyo, que me ofrece algunos rincones muy fotogénicos.



Continúo ascendiendo por el camino hasta llegar a un a un punto donde puedo elegir entre seguir subiendo por el camino trazando un zigzag o ascender en línea recta siguiendo la trocha abierta para la instalación de un gasoducto. Es un tramo muy corto que me acaba devolviendo al mismo camino, que enseguida se introduce en un bonito hayedo que lleva hasta las faldas rocosas del Andarto. La senda bordea el Andarto y continúa hasta que me doy de frente con la preciosa depresión de Degurixa. La visión es para detenerse un buen rato a deleitarse con las vistas y lo primero que se me pasa por la cabeza es bajar hasta los verdes prados y tumbarme tranquilamente un buen rato, pero eso lo dejaré para más tarde, ahora voy a tocar cima.
Bajo hacia la depresión, pero tomo la dirección contraria buscando la subida más cómoda entre las rocas, los hitos me ayudarán, aunque la subida no tiene complicación alguna y en apenas diez minutos estoy en lo más alto disfrutando de otra perspectiva de Degurixa y de todo el entorno. Este es un buen sitio para tomarse un tentempié mientras se planifica el resto de la jornada. Lo primero, claro está, es bajar a Degurixa y estarse allí un buen rato, después… pues ya veremos.



Desciendo por el mismo camino de subida y ahora sí, a disfrutar de Degurixa, y, en mi caso, ¡qué mejor forma de hacerlo que sacando fotos! Pero no soy el único que ha pensado esto, mientras estoy montando la cámara en el trípode buscando los mejores encuadres se me ha acercado una persona desde un refugio cercano, pensaba que me iba a decir que no le sacara fotos ni a él ni a su refugio, pero no, nada de eso, el hombre, muy amablemente me ha hablado de un lugar cercano donde crecen en abundancia los narcisos y ha pensado que me gustaría fotografiarlos, y así lo he hecho, la pena es que no conseguido una foto que transmita la belleza de ese rincito “secreto”.



Atrás se quedan los narcisos y Degurixa, aunque esta última aún la tendré durante un buen rato a la vista, ya que tras atravesar toda la depresión, me dirijo hacia la cima de Arlutz ascendiendo por el camino que atraviesa Degurixa. Una vez en la parte más alta sólo queda recorrer el suave cordal hasta alcanzar las dos cimas de Arlutz, ambas con buzón. Ahora sí, toca despedirse de Degurixa y del Andarto, pero los bellos paisajes y las sorpresas aún no se han acabado.

Regreso a la pista, que está marcada por las señales del gasoducto que discurre bajo tierra, al fondo puedo ver mi próximo objetivo, Kurutzeberri, en el que destaca su cruz de hierro. El camino hace una revuelta para sortear una hondonada y abandono el trayecto del gasoducto para continuar por pista, poco rato, ya que enseguida me desvío a la derecha para subir por la estratificada ladera en dirección a Kurutzeberri. Comienzo a notar las piernas un poquito cargadas, no es que haya andado mucho, pero se nota la falta de actividad durante el invierno… pero la cima está cercana y allí me tomaré un respiro. Al fondo la impresionante silueta del Anboto contemplado por una pareja hace que me olvide de las piernas, es hora de volver a plantar el trípode y la cámara.



La cima de Kurutzeberri es muy rocosa y abrupta, además la roca está gastadísima por las pisadas y resbala bastante, así que hay que andar con cierto cuidado, pero merece la pena subirse hasta aquí. Pasados unos minutos, recuperadas las fuerzas, recogidos todos los trastos, ya sólo queda comenzar a descender por la empinadísima ladera hacia el embalse de Urkullu, pero… apenas he andado un centenar de metros cuando me doy la vuelta para echar una última mirada a Kurutzeberri y descubro algo espectacular, algo que jamás había visto en persona, el cielo se ha oscurecido y una enorme formación de mammatus se acerca directamente hacia Kurutzeberri, y hacia mí. Tiempo justo para volver a montar toda la parafernalia, trípode, cámara, gran angular, disparador por cable, esta es una oportunidad que no se presenta todos los días y que no se puede dejar pasar. Ha sido un rato alucinante, parecía como si el cielo se me fuera a caer encima en forma de enormes rocas, pero no, más tarde me enteré de que este tipo de nubes no suelen traer lluvia, aunque cualquiera lo diría.



Como he dicho, la bajada es muy empinada y las rodillas sufren, aunque creo que peor hubiera sido hacer el recorrido al revés y haber empezado subiendo por aquí… llego hasta un sendero que se introduce en bosque de pinos y que, según el GPS, desciende en dirección al embalse tras trazar varias zetas, lo que aparece en el GPS son las zarzas, la maleza y los pinos caídos atravesados en el camino. Finalmente, con algunos arañazos por todo el cuerpo, alcanzo una pista de cemento que me lleva directamente al lugar donde he dejado aparcado el coche. Ha sido un bonito día entre montañas desconocidas que me han deparado más de una sorpresa, Andarto, Degurixa, los narcisos… y esos mammatus inolvidables.




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