3 de octubre de 2010

Aramotz con nieve

20 de diciembre de 2009

Nunca había hecho una salida “invernal”, de esas en las que pisas nieve desde el principio hasta el final, pero es que aquí, en Vizcaya, tampoco es que nieve ni mucho ni todos los años, así que tenía que aprovechar la primera ocasión que se me presentara y hoy es el día. Ha amanecido soleado y fresco, ideal para pasearse por la nieve, además no he necesitado ir muy lejos. El lugar elegido ha sido Aramotz, y no podía haber elegido un lugar mejor, lejos de las aglomeraciones que suelen producirse en otras zonas ya de por sí bastante concurridas los fines de semana, así que con nieve os podéis imaginar (parques del Gorbea y de Urkilola). Inicio el recorrido en el área recreativa de Landaederra, a la que se accede desde el barrio de Orozketa, en Durango. La subida comienza tranquilamente por la pista de tierra que, poco a poco, a medida que se va ganado altura, comienza a teñirse de blanco, el color que me acompañará durante todo el día. En una curva del camino me encuentro con el poste de señales que indica la dirección a tomar si se desea acceder a Aramotz a través del paso de Kataska, pero hoy ignoro este desvío y continúo por la pista en dirección a la cantera de Marmola, mi intención es acceder a la sierra tomando como referencia la cima de Askorri y después, bueno, después ya veré… al llegar a la cantera la capa de nieve ya es más de lo que me esperaba, unos 20 centímetros, nieve polvo en la que me hundo a cada paso. Desde la cantera no me queda más remedio que echar mano del GPS para localizar el sendero que lleva hacia la cima de Askorri ya que las huellas que hasta ahora había en la nieve han desaparecido. La pendiente en este tramo es pronunciada y a cada paso me hundo en la nieve hasta las rodillas, pero la sensación de caminar sobre esta blanca capa es una gozada.


Alcanzo la cima de Askorri, modesta, pero con unas vistas muy agradecidas, sobre todo hoy, con este manto blanco que lo cubre todo. Es hora de decidir un poco el recorrido de hoy.

Tras descender de Askorri opto por volver en dirección contraria, por la senda que lleva a Mugarrakolanda, me voy para el refugio de Mugarra. Por aquí otra vez hay buena huella, así que el camino se sigue sin ninguna complicación, lo que aún no me encontrado es con nadie más. Este camino lo he recorrido ya bastantes veces y es uno de los más me gustan de esta zona, se atraviesan zonas de rocas, entre pinos para, finalmente, acabar saliendo a terreno despejado cerca del collado de Mugarrakolanda.


Pero este camino por el que tantas veces he pasado hoy me parece completamente distinto, cubierto con esa capa de nata.

No voy a llegar hasta Mugarrakolanda ya que mi intención es quedarme por la zona del refugio y hacer algunas fotos, pero una vez en el refugio, lo primero es comer un poco y disfrutar de la vista del Mugarra emblanquecido. El día es espléndido, no hace nada de frío, luce el sol, no se ve ni una sola nube… creo que da para algo más que para quedarse por el refugio, así que me acercaré a una de mis cimas favoritas, Leungana .

De nuevo el camino está perfectamente marcado por las huellas de otros montañeros, aunque yo, salvo con dos personas con las que me he cruzado en el refugio, sigo sin ver a nadie. El paisaje no deja de sorprenderme, como he dicho al principio, nunca había hecho una salida con nieve y me está resultando muy, pero que muy agradable. Es increíble cómo la nieve lo transforma todo y le da un aspecto que transmite una tranquilidad que, al fin y al cabo, es una de las cosas que más me gusta de la montaña.


A mitad de la subida hacia Leungana veo huellas que se dirigen hacia el camino que lleva a la cercana cima de Artatxagan y decido seguirlas. En este caso no son huellas de muchas personas que hayan allanado el camino como hasta ahora, se ve que son huellas de una sola persona, y en algunos puntos me hundo por encima de la rodilla y se hace un poco costoso caminar, pero me encanta, estoy disfrutando de lo lindo.

Alcanzo el cordal que va ganando altura hasta llegar a cima de Artatxagan, tengo la cima a la vista, pero hacia el otro lado está otra de mis montañas favoritas, el impresionante Mugarra.


Desde Artatxagan tengo unas muy buenas vistas de Aramotz y del parque de Urkiola, donde sobresale magnífico el Anboto.

Tras unos minutos en la cima Artatxagan toca descender hacia el collado que lo separa de su vecino, Leungana, con unas vistas parecidas a las que ofrece Artatxagan, pero más bonitas aún si cabe.

A mis pies está Aramotz. Aquí me quedaré un buen rato disfrutando de este día. Viendo la pendiente y la cantidad de nieve acumulada dan ganas de tirarse rodando cuesta abajo, pero no, voy a bajar tranquilo, poco a poco, y me voy a dirigir hacia la loma de Luburrigane.


Tras descender del Leungana de nuevo camino sin huella sobre la nieve en dirección a Luburrigane. Aquí sopla el aire y se nota el fresco, además la tarde ya está avanzada, así que me entretengo lo justo para sacar algunas fotos y otra vez tomo dirección hacia Mugarrakolanda.

No hay huella en la nieve, pero con ayuda del GPS y ese sexto sentido que acabamos desarrollando los que nos gusta la montaña, no tengo problemas en localizar el camino correcto, así que piso la nieve sin miedo a hundirme en algún agujero o a tropezar con las rocas ocultas, aunque no son tan ocultas, pues los pequeños montículos de nieve las delatan.


Llego a la base del Atxoker y continúo en busca del camino por el que horas atrás llegué al refugio de Mugarra, pero no puedo ir sin echar una última mirada a mi amigo Mugarra, al que nunca había visto con esa capa blanca de nieve. Este siempre está impresionante, da igual el color que tenga.


Comienzo a deshacer el camino andado por la mañana, pero no voy a llegar hasta el Askorri, sino que, una vez rodeado el Pagasarri, descenderé directamente hacia la pista por la que subí hasta Marmola. No conozco la bajada, pero el camino aparece en el GPS, así que no hay pérdida, aunque tengo que reconocer que de no haber sido porque había huellas habría tenido algún que otro problemilla para bajar ya que el camino es bastante escarpado y si me hubiese salido de él o hubiese tenido que abrir huella yo mismo, habría tardado bastante en descender hasta la pista. El resto del camino, un paseo. El día, para repetirlo en cuanto se presente la oportunidad.



f o t o s



t r a c k

 

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