17 de septiembre de 2010

Mesa de los Tres Reyes

12 de septiembre de 2009

“…hay momentos en la vida en los que hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer…” esto lo escribía hace ya más de dos años, en mi primer intento de subida a la Mesa de los Tres Reyes. Aquella calurosa tarde de julio me pudieron las ganas y me faltaron las fuerzas (si alguien quiere recordar aquella tarde: MESA DE LOS TRES REYES). No llegué a la cima, pero fue uno de los días que más he disfrutado de la montaña, subir mientras todo el mundo bajaba y encontrarme allí arriba, yo sólo, ante esos paisajes inmensos es una sensación difícil de olvidar y más difícil de describir.

Madrugamos, lo justo para poder desayunar en el bar del camping-albergue de Zuriza donde estamos alojados, preparamos las cosas y marchamos hacia el aparcamiento del refugio del Linza, desde donde comenzamos la ascensión.

Miguel “el intrépido”, Iñigo “el prudente”, Felipe, Fernando y Garbiñe y Jose y Almudena son hoy mis compañeros en la subida a la montaña más conocida y visitada del Pirineo Navarro.

Con cierto aire castrense y con un ritmo muy tranquilo vamos remontando las primeras rampas, camino del collado de Linza, disfrutando ya del magnífico paisaje que nos rodea. A nuestra espalda destaca la pirámide de Txamantxoia, más al fondo Peña Ezcaurre.



En el Sobrante de Linza nos encontramos con una curiosa estampa, un gran rebaño de ovejas recorre la zona en busca de los mejores pastos, al igual que los montañeros, en fila india, sin salirse de los senderos.


Al llegar al collado de Linza hacemos una pequeña parada, aun no hace mucho calor, pero nos espera La Solana, una depresión a los pies del impresionante Petrechema y que da un pequeño respiro a las piernas, poco rato, porque una vez atravesamos La Solana el camino de nuevo se vuelve cuesta arriba, hacia una zona de rocas y grietas donde “el intrépido” se siente como pez en el agua. Mientras disfrutamos de las magníficas vistas aprovecho para hacer una foto de mis compañeros.

Dejamos atrás la Solana y tras atravesar una zona kársticas descendemos unos pocos metros para enfilar el barranco que con una pendiente no muy fuerte, pero sostenida, nos llevará hasta la base de la Mesa. Hace un día espléndido, con esas nubes blancas que tanto me gustan y que le dan un toque de color a las fotos .



Poco a poco vamos remontando el barranco y ya podemos ver la cima, al pasar por el lugar donde me tuve que quedar en mi primer intento de subida me vienen un montón de recuerdos, parece mentira que me quedara tan cerca… ahora pienso que un pequeño esfuerzo más hubiera merecido tanto la pena… pero volvamos al presente, un último tramo entre rocas donde la pendiente se agudiza nos deja en el cordal, ante nosotros aparece la mole del Auñamendi que se eleva sobre el karst de Larra.



Cinco escasos minutos nos separan de la cima. En la última parte de la subida cada uno hemos ido a nuestro ritmo, por delante Felipe, Jose, Almudena y Miguel ya casi están arriba, Fernando y Garbiñe vienen un poco más retrasados, Iñigo y yo nos tomamos unos minutos de respiro mientras buscamos el camino más cómodo para alcanzar la cima y también aprovechamos para sacar fotos de todo.



La última parte de la subida es un tanto caótica, el camino se divide en varias direcciones y parece que cada uno sube por donde puede. Yo bordeo la cima por la derecha siguiendo un sendero que acaba frente a un muro de roca aparentemente infranqueable, a mi izquierda hay una chimenea que en sus primeros metros exige estirarse mucho, pero tiene buenos agarres, así que no me lo pienso más y tiro todo recto para arriba, unos metros más de sencilla trepada y aparezco a cincuenta metros de la concurrida cima.



Pocas cimas me he encontrado con tal aglomeración y ahora vuelvo a lamentar el no haber podido llegar hasta aquí aquella primera vez, seguramente la sensación hubiera sido muy distinta, evidentemente estoy satisfecho de haber hecho cima y de contemplar el paisaje que me rodea, pero, cuan diferente hubiera sido con la cima para mí sólo contemplando el atardecer…

Pero bueno, disfrutemos del momento, con o sin gente la vista es espectacular. Frente a La Mesa, hacia el norte destaca sobre todo la figura del Auñamendi con sus 2.506 metros. Por debajo de La Mesa, flanqueando el Lac de Lhurs tenemos al Peneblanque y el Billare y la Tabla.



No menos impresionantes son las vistas hacia el karst de Larra y el cordal hacia el Budogia, por donde se puede ver perfectamente el camino que hay que recorrer desde el collado de Linza.


Pero también hay tiempo para regocijarse con la cima de La Mesa, eso sí, hay que hacer cola para poder fotografiarse junto castillo de San Javier y la estatua del santo, a quien seguramente un rayo le ha hecho perder su verticalidad y parece mirar hacia abajo, más horrorizado que adulado por tanta presencia humana.


Después habernos reunido todos en la cima y reponer fuerzas, unos decidimos bajar hasta la Tabla mientras el resto inicia poco a poco el descenso. Asomarse al vacío y contemplar cómo se van formando las nubes casi mil metros más abajo es otra de esas visiones que difícilmente se olvidan. Las vistas hacia Petrechema son espectaculares.



Comenzamos el descenso rodeando La Mesa de los Tres Reyes para reunirnos con el resto del grupo. La pared que se forma entre La Mesa y Petrechema hace que las nube suban hacia arriba e inmediatamente se disipen, es un efecto precioso, parece como si se tratara del cráter de un volcán a punto de estallar.


Mientras descendemos a Miguel “el intrépido”, a quien sino, se le ocurre preguntar si es posible enlazar con Petrechema desde donde estamos, hay un breve murmullo seguido de un revuelo de papeles y mapas… pues claro que se puede enlazar, de hecho parece que hay hitos y restos de senda, lo que pasa es que hay que atravesar un endiablado karst, pero ¿qué es eso para nuestro amigo “el intrépido”? Fernando le presta uno de walkies que lleva para, por lo menos, poder estar en contacto, ya que nadie más del grupo parece estar dispuesto a acompañarle, pero Miguel es así, y en pocos minutos pasa de ser uno más del grupo a un pequeño punto negro sobre el gris de la roca “nos vemos abajo, chicos”.



El resto hacemos una pequeña parada para comer algo y seguimos descendiendo., volviendo la mirada atrás de vez en cuando para no perder de vista ni a Miguel ni La Mesa.


El descenso se realiza por la misma ruta de subida, así que vamos pasando sucesivamente por los mismos sitios, el barranco y la zona de rocas y grietas antes de llegar de nuevo a la Solana. Una y otra vez las miradas se van hacia ese puntito negro que se mueve hacia el Petrechema.


Seguimos atravesando la Solana contemplando la excepcional estampa del Petrechema y nos vamos acercando al collado de Linza. La Paquiza de Linzola también nos muestra una de sus caras.

Estamos a punto de llegar al collado de Linza cuando suena el walkie de Fernando, es “el intrépido”, acaba de hacer cima en Petrechema, está eufórico, pero dice que es una pena no tener cámara de fotos para inmortalizar el momento, no te preocupes Miguel SI FOTO=SI CIMA.


Miguel descansará un poco en la cima, pero nosotros seguiremos bajando. Echamos las últimas miradas hacia el paisaje que dejamos atrás, la Mesa cubriéndose de nubes. La Solana y el magnífico Petrechema.

De nuevo el grupo se ha dividido, por delante van Felipe, Jose y Almudena, detrás de ellos vamos Fernando, Garbiñe, Iñigo y yo, y “el intrrépido”, bueno, “el intrépido” ya sebéis donde anda.


En el sobrante de Linza se encuentra uno de los rincones que más me gustan de lo poco que conozco de Pirineos, la vista sobre el Acherito es impresionante y como decía antes, esas nubes que se forman hacen que salgan una fotografías muy bonitas.


Tal y como empezamos, un goteo incesante de montañeros nos vamos aproximando al final de la ruta, en fila india, con el cansancio reflejado en la cara, pero también con un gran sentimiento de satisfacción. Una última mirada hacia atrás y a esperar que esto vuelva a repetirse pronto.


f o t o s



 

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