19 de octubre de 2009

Torre Salinas: yo por ahí no bajo!

27 de Julio de 2009

Viernes por la tarde, por fin llegan nuestros amigos al camping y podemos montar la tienda junto a su caravana. La tienda es una de estas que se montan en 2 segundos, pero luego hay que hinchar las colchonetas, acomodar las cosas y pasar por recepción a registrarse, y eso lleva su tiempo. La verdad es que estoy impaciente por acabar y marcharme… sí, he dicho marcharme. Estoy en el camping de Isla (Cantabria) donde mi mujer y mi hijo se quedaran el fin de semana con los amigos del colegio del chiquillo… yo me piro a Picos de Europa. En el albergue de Baro me esperan “el intrépido”, “el prudente” y Mati “la correcaminos”, mañana haremos el Torre Salinas.
He llegado ya de noche, pero lo poco que he podido ver promete. Baro es una pequeña aldea muy tranquila y el albergue está genial. Cenamos, charlamos un rato y a la cama, que hay que madrugar.
Apenas despunta el día y parece que estará algo cubierto, pero cuando acabamos de desayunar y salimos fuera del albergue descubrimos que no, que la cosa pinta bien, un cielo azul comienza a verse mientras las nubes se retiran. Las montañas que tengo en frente ya son motivo suficiente para acercarse hasta aquí, pero lo que me voy a encontrar al llegar a Fuente Dé… eso es otra historia.
Aparcamos en la explanada junto al Parador Nacional. Mis compañeros ya se han calzado las botas y las mochilas, pero yo sigo con la boca abierta ante tan impresionante muralla de roca, “pero… ¿por ahí se puede subir?” Pues sí, si se puede (se nota que es la primera vez que estoy por aquí ¿verdad?) Mientras ellos comienzan a caminar yo termino de acomodarme la mochila y comienzo la sesión de fotos. Nos dirigimos a los Tornos de Liordes para acceder a la Vega de Liordes.


Hoy me toca uno de esos días en los que me cuesta cogerle el tono a la montaña, los Tornos de Liordes no es que sean muy duros, aunque la subida se hace un poco larga, las innumerables zetas que hace el camino parece que no se acaban nunca, apenas acabamos de empezar y ya tengo que pararme a coger aire y fuerzas en cada curva, además parece que el sol va a calentar bien durante todo el día. Pero bueno, no hay mal que por bien no venga, he podido sacar muchas fotos, pero la que más me interesa es la primera imagen que tenga de Torre Salinas, y esta se ha hecho esperar y ha requerido un gran esfuerzo, pero al final ahí está, antes de acceder a las praderas de la Vega de Liordes aparece ante nosotros esta colosal mole de roca, Torre Salinas.


Esta imagen ya no nos va a abandonar hasta que comencemos la ascensión por la roca. Pero antes debemos cruzar la no menos impresionante Vega de Liordes, una zona de verdes pastos rodeada por gigantes de piedra.
El pequeño arroyo que cruza la vega hasta desaparecer bajo las rocas se empantana en la zona más llana de la vega formando pequeñas lagunas donde se reflejan las todas las montañas, pero hoy sólo me interesa una…


Se acaba la hierba y llegamos a la base de Torre Salinas, este tramo me ha servido para recuperar fuerzas y disfrutar del paisaje. He comentado a mis compañeros que por mí me quedaría aquí mismo todo el día paseando por la vega, pero no, hemos venido a hacer el Torre Salinas y no van a dejar que me quede aquí. Comenzamos a subir.
Se asciende bordeando la montaña por su izquierda, siguiendo el sendero balizado que lleva a la canal de Pedavejo hasta un punto donde nos desviamos a la derecha siguiendo ya sólo el camino marcado por los hitos. Mati va delante, por eso la llamo “la correcaminos”, y “el prudente” de Iñigo la sigue a su ritmo, a mi aun me cuesta un poco avanzar, pero menos mal que ahí está “el intrépido” para dar ánimos y un poco del milagroso aquarius.


Ganamos altura con rapidez y el paisaje comienza a mostrarse en todo su esplendor. La nieve aún se mantiene por las zonas más altas no puedo dejar de darme la vuelta cada pocos pasos para contemplar lo que tengo a mis espaldas.


La nieve que encontramos, no mucha, está blandita y se anda bien, aunque en algunos tramos parece un tobogán por el que no me gustaría tener que deslizarme…
“El prudente” y “la correcaminos” siguen sacándonos ventaja, pero yo ya me he entonado y ahora subo bastante bien, así que “el intrépido” decide dar caza a nuestros compañeros y para ello decide tomar un pequeño atajo, o sea, subir en línea recta, da igual lo que se le ponga por delante…


Bueno, dejemos al “intrépido” disfrutando a su manera… los de delante han aflojado el paso y les he alcanzado justo al llegar a una lengua de hielo de dimensiones considerables que cubre una canal y que poco a poco se derrite formando un túnel para dejarnos pasar pegados a la roca. Ha sido un tamo especialmente bonito, aunque por debajo la roca está muy descompuesta y cuesta avanzar, me imagino la pedrera que tiene que haber aquí debajo cuando no hay nieve o hielo. La pendiente también es mayor y hay que agarrarse bien a la pared de piedra, pero ha sido muy, muy bonito.


El hielo sigue hacia arriba, pero debemos desviarnos a la izquierda siguiendo los hitos. A partir de aquí viene un tramo muy empinado y con la roca muy suelta, yo no hago más que pensar en la bajada… yo por aquí no bajo… resbala muchísimo y hay que agarrarse a cualquier cosa, rocas, hierbas, lo que sea para no caer hacia abajo. Mientras tanto, “el intrépido” intenta buscar un paso para sortear el hielo y unirse a nosotros.
Finalmente volvemos a estar todos juntos y subimos sin separarnos. Pasado este tramo algo complicadillo otra vez hay tiempo para disfrutar de las vistas a uno y otro lado. Aun nos queda un rato hasta la cima, pero el camino es más cómodo, sólo hay que seguir los hitos hasta alcanzar el cresterío.


Alcanzado el cresterío las ansias por llegar a la cima hacen que cada uno vuelva a andar por su lado, hemos perdido los hitos y buscamos la zona más cómoda para subir entre las rocas y afrontar una pequeña trepada. Yo me decanto por la zona derecha del cordal, me agarro a una roca para trepar y apoyo fuertemente el pie sobre una gran roca que tengo debajo, tomo impulso y la piedra que está bajo mis pies cede y se desliza por la ladera con un gran estruendo, en cuestión de segundos se ha desecho en mil pedazos mientras caía, al final es posible que haya sido una suerte que nos hayamos separado un poco, si llega a haber alguien detrás de mí se lo lleva por delante.
Por fin vemos la cima, un pequeño montón de piedras que bien podría confundirse con un hito marca el punto más alto de esta montaña, después de lo que he sufrido al principio y de lo que me ha costado subir, he sido el primero en llegar y aquí espero a mis compañeros mientras disfruto de la vista.


Hace un poco de aire y, aunque luce el sol, se siente algo de frío, pero la sensación de alegría en el grupo es notoria.
Aprovechamos para reponer fuerzas y pasearnos por la cresta cimera, de frente tenemos las desgarradas paredes de Torre de Liordes y detrás… pero, ¡que es eso! ¿pero qué haces Iñigo? Ya sabemos que “el intrépido” es un fuera de serie, pero tampoco es para tanto…
Es hora de pensar en la bajada, que el camino de vuelta también es largo y como decía mientras subíamos, en algún tramo puede ser hasta peligroso dadas las condiciones del suelo. Es entonces cuando se ha planteado la idea de bajar por la vertiente opuesta, la verdad es que la idea ha sido mía, me ha parecido que el terreno era muchísimo más cómodo y fácil, sólo había que descender por una pedrera hasta una zona de hierba y rocas y después buscar alguna canal que nos bajara directamente a los prados y pistas que se veían al fondo, hacia el collado de Valdeón. La verdad es que no lo teníamos muy claro, en el GPS no había marcado ningún sendero, pero tampoco parecía haber ningún obstáculo importante, pero, como siempre, ahí estaba “el intrépido” para tomar decisones.
Pues como veis al final bajamos por la pedrera. La idea era buscar una canal que nos bajase hasta el valle, pero la cosa no era tan sencilla…


Rápido y sin contratiempos alcanzamos la zona de hierba y comenzamos a buscar una canal por la que descender. La pendiente es fuerte, pero el terreno es muchísimo más cómodo de andar que el camino por el que hemos subido. “El intrépido” va delante, pero como he dicho, la cosa no es tan fácil como se veía desde arriba, las canales son muy empinadas, estrechas y apenas se ve unos pocos metros, Mati, Iñigo y yo no nos atrevemos a meternos por ahí, intentamos localizar algún sendero, marcas de pintura o hitos que nos guíen hacia algún paso que al menos haya sido utilizado por alguien, pero nada, no nos queda más remedio que avanzar a media ladera bordeando la montaña con la esperanza de encontrar algún sitio por donde bajar.
Vamos sorteando una tras otra las canales que van apareciendo a nuestro paso, pero por ninguna de ellas vemos un camino asequible para todos. En el mapa de Picos de Europa que llevo en el GPS no aparece ningún sendero, tampoco aparece ningún gran obstáculo que nos pueda cortar el avance y nos obligue a retroceder o a subir hacia arriba, pero tengo que reconocer que he llegado a pensar que en algún momento nos íbamos a encontrar con algún cortado, algún destrepe peligroso y tendríamos que volver por donde hemos venido… Hay cierto nerviosismo en el grupo, bueno, en todos menos en Miguel, “el intrépido”.


Miguel sigue delante y, desde lo lejos, le vemos hacernos señales, ¡hay hitos y camino! Uff, menos mal, parece que al final no ha sido tan mala idea descender por este lado de la montaña. Una mirada al GPS confirma que estamos casi junto al sendero que viene desde Posada de Valdeón y se dirige a la canal de Pedavejo. Ahora sí, respiramos todos tranquilos, y eso se nota.
Alcanzamos los prados que veíamos desde la cima de Torre Salinas y que tantas ganas teníamos de pisar, al menos, y seguro que los demás también. Tomamos dirección hacia la canal de Pedavejo para luego descender hacia la pista que nos devolverá hasta Fuente Dé.
Nos sentamos al final de la canal de Pedavejo para descansar y comer otro poco mientras observamos la gran cantidad de personas que bajan por la canal, entre ellos un numeroso grupo de un club de montaña con los que coincidimos en un tramo durante la ascensión, aunque al Torre Salinas subimos sólo nosotros.


El grupo de montaña, en fila india, bien ordenaditos, pasa junto a nosotros y continúan su camino. Poco después nosotros seguimos sus pasos, ya sólo nos queda un paseito, primero por una zona de prados y después por una pista balizada como sendero de pequeño recorrido.
Aun hay tiempo para disfrutar de este paisaje, ahora con la seguridad de que el camino nos lleva a donde queremos ir.
Y con la vista puesta en un horizonte muy cercano con forma de montaña que destaca sobre la estación superior del teleférico de Fuente Dé… una montaña que, a pesar de su nombre, me será difícil olvidar.



f o t o s

t r a c k



 

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