24 de mayo de 2009

6 días en Aramotz: la cubeta de Galdara (día 5)

14 de marzo de 2009

Hace mucho tiempo que tenía ganas de hacer este recorrido. La primera vez fue una tarde de agosto hace ya tres años y tuve que salir corriendo por culpa de una tormenta cuando apenas había comenzado a caminar. La segunda fue sólo apenas hace una semana, pero la niebla no me dejó ver nada de nada y me tuve que conformar por caminar a ciegas por los senderos y subir el Urtemondo, pero seguía sin saber lo que había ahí abajo. Como se suele decir, a la tercera va la vencida.
Se puede comenzar el recorrido el Lemona, pero hay que meterse entre pecho y espalda varios kilómetros de pista, asfaltada en casi su totalidad, y hoy también he salido tarde de casa, y como no me voy a perder un gran panorama, he dejado el coche junto al último de los chalet, cerca de un refugio en el que se ve movimiento debido a la actividad maderera. Mientras me calzo las botas voy comiendo algo, ya he dicho que he vuelto a salir tarde, y pienso que hoy sí, hoy voy a tener un buen día para dar la vuelta a la Cubeta de Galdara.

El camino no tiene pérdida, al poco de empezar a caminar por la pista un poste de señales nos indica la cercanía de Belatxikieta, un paraje dominado por los refugios y una pequeña ermita dedicada a San Ignacio, otro poste de señales, una mesa, un asador y la puerta de entrada a Galdara.
A escasos cinco minutes sobre los refugios se encuentra la cima de Belatxikieta, pero la dejo para el final, así que busco el sendero que dirección norte da acceso a la cubeta, sin embargo no tardo en dejarlo de lado, frente a mí tengo la primera de las cimas que encierran este complejo karstico, Kañometa, y hacia ella me dirijo casi en línea recta, siguiendo un corredor herboso que se abre paso entre el lapiaz hasta alcanzar la cima. A medida que gano altura se va descubriendo ante mí la inmensa hoy de la cubeta de Galdara.


Enseguida alcanzo la cima de Kañometa, con su reluciente buzón. Desde aquí puedo ver lo que me espera, roca, roca y más roca, pero eso ya lo sabía.
Avanzo siguiendo la línea de cresta en busca del descenso y de la próxima cima, tengo dos posibilidades, ir hacia la izquierda, donde se encuentra la cima de Atxandi o hacia la derecha, descender al collado y subir a Pagobakar, me decido por esta segunda opción. Bajo con cuidado entre las rocas hasta una pequeña terraza donde la primavera comienza a brotar y a llenarlo todo de color.


Nada que ver con lo que me encuentro unos metros más abajo, un paisaje devastado por el viento, casi apocalíptico, no queda ni un solo árbol en pie, todo son troncos desgarrados, derrumbados y putrefactos.
Con este panorama tan desolador a mis espaldas afronto la corta subida hacia Pagobakar, pero no puedo evitar mirar de vez en cuando hacia atrás. En la cima de Pagobakar sólo queda la base de lo que supongo en su día fue un buzón. De frente la cima de Atxandi.
La tentación de subir el Atxandi es grande, pero me queda un largo camino y no mucho tiempo, así que lo dejaré de lado. He bajado de Pagobakar y he vuelto a la zona catastrófica para atravesarla siguiendo el sendero que discurre entre Atxandi y Pagobakar, mi próximo destino será Ortutxueta, que aparece ante mí tras superar una pequeña hondonada.


El camino desciende rápidamente hacia un cruce de pistas junto a un pinar, giro a la derecha y sigo descendiendo unos metros hasta llegar a un pasillo herboso que se abre a mi izquierda y que conduce directamente hasta la cima de Ortutxueta, a la que se llega tras superar un pequeñísima trepada. Ortutxueta tiene unas bonitas vistas hacia Gaintxorrotx y Urtemondo, este último es mi siguiente objetivo.
Bajo de Ortutxueta por la vía rápida, o sea, en línea recta hacia Urtemondo, hasta el fondo de otra hoya donde confluyen varios caminos, y al igual que he bajado voy a subir, en línea recta hacia una mancha de pinos bajo la cima de Urtemondo, este tramo se hace durillo debido a la fuerte pendiente.


Esta vez no hay niebla que me prive de las inmejorables vistas que ofrece Urtemondo, no sólo sobre la cubeta de Galdara, sino sobre toda la sierra de Aramotz, incluido el Mugarra allá a lo lejos.
Siguiendo un camino marcado con pintura amarilla, la bajada desde Urtemondo es un anticipo del terreno que me espera a partir de ahora, salvo un tramo hasta la base de Pagofín, mi próxima parada, el resto será caminar sobre el lapiaz, sorteando enormes rocas y grietas que van surgiendo a cada paso, esto es Aramotz, y esto es la cubeta de Galdara.
Hasta las faldas de Pagofín ha sido un agradable paseo, pero para afrontar la cima lo mejor es poner los pies sobre la roca y trepar poco a poco siguiendo la línea del cordal, la anterior vez que estuve por aquí, el día de la niebla, iba con mi cuñado “el montañero” y bordeamos Pagofín por la derecha, hubo un momento en que casi no pudimos seguir por lo enrevesado del lapiaz
Llego a Pagofín justo para la hora del té, así que si me disculpais…


Este simpático y original buzón me recibe en la cima de Pagofín, junto a otro más clásico en forma de… yo diría cohete. Hacia atrás queda Urtemondo y destacan las cimas de Mugarra, Artatxagane y Leungane
Dejo la cima y de nuevo el camino transcurre por terreno cómodo, pero por poco tiempo. Me dirijo hacia Goritxueta donde el lapiaz ya no da ningún respiro y hay que poner los cincoi sentidos en cada paso que se da. Por aquí los temporales también han dejado su huella en forma de árboles abatidos y destrozados.
Busco pasillos por donde puedo, trepo, destrepo y vuelvo a trepar, al igual que en Pagofín busco la arista, es la zona que ofrece mejores sitios para poner los pies.
De esta forma llego a la cima de Goritxueta, donde su buzón parece presagiar algo que en Bilbao mucha gente lleva esperando más de 20 años…


En Goritxueta, en lo más complicado y abrupto del lapiaz de Galdara me tomo mi tiempo para decidir el camino a seguir, en principio lo más lógico sería seguir el cordal, por muy incómodo que sea parece lo menos complicado, pero eso me alejaría de mi último objetivo, Belatxikieta, y se está haciendo tarde. Tengo Belatxikieta frente a mí, bajo la mole de Kañometa, y el terreno que nos separa desde luego no es un camino de rosas, pero si quiero llegar antes de que anochezca no me queda más remedio que ir directamente hacia Belatxikieta y atravesar el corazón de Galdara.
No me lo pienso dos veces y buscando el terreno menos complicado comienzo a bajar en línea recta dirección, sur, dirección a Belatxikieta, dirección al centro de Galdara. La cosa se complica, además del lapiaz tengo que pelarme con la maleza que acaba por envolverme, a base de empujones y tirones me voy haciendo camino. Me ha costado bastante esfuerzo y muchos arañazos, no podía de ni hacer fotos, pero al fin he alcanzado uno de los senderos balizados que cruza Galdara.
Este sendero lleva directamente al punto donde tengo el coche y lo fácil habría sido seguirlo, pero no, yo sigo empeñado en llegar a Belatxikieta y sigo adelante. Ahora el terreno es menos complicado y aunque no hay caminos marcados sí se intuyen pequeñas veredas abiertas por el ganado, así que aprovecho esta circunstancia para avanzar con relativa facilidad.


Mi intención es llegar hasta un pequeño pasillo herboso que remonta las faldas del Elbitxueta, cima que dejo a mi izquierda, para alcanzar el cordal que lleva a Belatxikieta, aquí el camino es algo más cómodo y la roca bastante firme, así avanzo sin problemas, pero entonces me doy cuenta de una cosa, ¡qué sería de este recorrido si no pasara por el punto más bajo de la cubeta de Galdara? A mi derecha, en lo más profundo de Galdara, asoma una mancha verde, es el punto más bajo de Galdara, así que Belatxikieta aún tendrá que esperar un poco.
De esta forma puedo presumir de haber estado en el punto más alto de Galdara, la cima de Urtemondo con 788 metros, y en el punto más bajo, a 541 metros. Durante unos momentos me siento sobre la hierba y contemplo el enorme embudo que me rodea, pero debo seguir mi camino, se hace tarde y algunas nubes comienzan a cubrir la hoya. Ahora sí, ya sólo me queda llegar a Belatxikieta. El esfuerzo, a pesar de que el recorrido no llega a los diez kilómetros, ha sido grande y las piernas lo van notando, ya tengo Belatxikieta al alcance de la mano, dejo atrás una profunda sima, remonto los últimos metros y ante mí aparece la cima, con su mugarri y sus buzones.


Me siento sobre la hierba para disfrutar de las vistas sobre la cubeta, las nubes avanzan rápido, tan rápido que antes de darme cuenta casi me han envuelto por completo, me queda el tiempo justo para sacar unas últimas fotos.

Ya solo me queda bajar hacia los refugios de Belatxikieta y volver al coche. Por fin he podido completar ese recorrido que tantas ganas tenía y que seguro volveré a repetir, y hasta es posible que vuelva a atravesar Galdara por su parte más difícil, en busca de los secretos que esconde esta sierra.



f o t o s


t r a c k



 

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