9 de mayo de 2009

6 días en Aramotz: de Oba a Obako Atxa (día 3)

18 de octubre de 2008

Tercera salida por Aramotz. Hace un día espléndido, es casi la hora de comer, pero para mí es la hora comenzar a caminar. Hoy he elegido como punto de partida Oba, un bonito barrio del municipio de Dima, bajo las paredes de Aramotz. Dejo el coche junto a la última de las casas del barrio, en una pequeña explanada que hace las veces de aparcamiento y comienzo a ascender por una pista asfaltada en sus primeros metros. Enseguida, al llegar junto a un depósito de aguas, se gira a la izquierda y se sigue ascendiendo por una ancha y empedrada pista. Sólo tengo que girarme para empezar a disfrutar de las vistas hacia el macizo del Gorbea, en especial de Itxina.
Continúo por la pista en agradable paseo hasta el collado de Iñungane, donde confluyen varios caminos y punto donde abandonaré la pista para tomar el sendero que lleva hacia la cima de Leungane, principal objetivo del día y una de mis cimas favoritas.


El camino comienza por una ladera herbosa que poco a poco me lleva a un sendero entre rocas, manchas de pintura amarilla y blanca indican el camino, aunque este es bastante evidente. La pendiente se hace cada vez más pronunciada y el camino se dirige hacia un pequeño hayedo.
Es en este punto donde tengo que hacer mi primera parada del día, y no por el cansancio, sino por la belleza del lugar. Además el día es caluroso y se agradece un poco de sombra. Las hayas forman como un tunel sobre el sendero hasta llegar a un pequeño claro donde una enorme haya nos recibe con sus ramas como si fuesen brazos abiertos. Aunque parte de ella yace sobre el suelo, lo que aún queda es espectacular.


Me coloco junto a su tronco, la rodeo varias veces intentado buscar la mejor foto, me subo por las rocas… y descubro otro de esos rincones de ensueño, un lugar donde sentarse y disfrutar de la magia que se respira en este lugar. Y esto con sólo apartarme unos metros del marcado sendero.
Los troncos caídos tomas formas increíbles, a veces tan humanas que parece mentira que sean obra de la naturaleza, que a veces, resulta tanto o más caprichosa que las personas.
Me he entretenido demasiado tiempo, así que dejo el lugar, pero tomo nota para una próxima visita, me podría haber pasado horas deambulando entre los árboles buscando nuevas formas y similitudes, pero no puedo marcharme sin acercarme una vez más a la gran haya que me dice adios con sus enormes manos, aunque más bien parecen querer cortarme el camino para no dejarme pasar.
Sigo ascendiendo, el terreno rocoso del principio ha dejado paso a una zona de prados muy agradable, atrás quedan las hayas y me dirijo de nuevo hacia la roca, pero de pronto observo hacia mi izquierda un pequeño pasillo de hierba y hojas secas tras el cual se adivina una hondonada… la curiosidad me puede y me acerco para echar una mirada. Lo que me encuentro me deja otra vez perplejo, de nuevo las hayas y sus ramas toman formas increíbles y trazan curvas a ras de suelo casi imposibles, el suelo es una alfombra de hojas secas y los troncos de los árboles están cubiertos de musgo. En este momento decido que el resto del camino lo haré fuera de los senderos, tengo la impresión de que este rincón no va a ser el último que me sorprenda hoy.


Como he dicho, en lugar de regresar al sendero, voy a continuar campo a través. Salgo de esta pequeña hoyada por el lugar opuesto al he entrado y salgo a una zona mixta de prado y roca. Asciendo en línea recta buscando el cordal que lleva hacia Leungana. Ahora, si miro hacia atrás, ya puedo ver los gigantes de Urkiola, donde destaca el Anboto. Una vez en el cordal también tengo ante mí las entrañas de Aramotz.
Recorro la cresta hasta la cima de Leungane, presidida por un vértice geodésico y me siento a disfrutar de las inmensas vistas que ofrece. Comienzo a darle vueltas a cual será el camino a tomar, mi intención es pasar también por Artatxagane, separada del Leungane por unos pocos minutos, pero hay otra pequeña cima por la que me gustaría pasar. Trazo en mi cabeza un recorrido imaginario, por supuesto fuera de los caminos marcados, no sé lo que me voy a encontrar, tal vez lo abrupto del terreno me obligue a dar la vuelta, pero al menos lo voy a intentar. Me despido de Leungane y un pequeño visitante que me ha estado haciendo compañía a cierta distancia, hasta el momento en que marcho, que pasa a ocupar el lugar que dejo vacío en la cima.


Comienzo a descender por la misma vertiente por la que he subido, buscando los pasillos herbosos que llevan a una hondonada donde predomina el prado hasta llegar a la base del Artatxagane, otro bonito lugar para disfrutar de este sol de otoño y del color de las hojas.
Aquí se acaba el prado. Comienzo un terreno donde el karst es el protagonista, pero no tanto como para ser infranqueable, sólo hay que tener cuidado con cada paso, sortear profundas grietas y buscar el camino más cómodo hasta llegar a una canal herbosa bien visible. Ha sido un trozo algo complicado, pero como digo, con buen tiempo y sin prisa se hace hasta bonito.
Cruzo el verde pasillo y de nuevo la roca es protagonista, pero poco a poco el camino se hace más cómodo y se puede caminar bien. El paisaje que me encuentro es precioso, las rocas que sobresalen del suelo, los árboles y las hojas secas sobre el suelo.
Sigo avanzando entre rocas y árboles hasta llegar a otro lugar que hace que el paseo haya merecido la pena, una gran hoya en cuyo fondo de hojas secas sobresalen rocas cubiertas de verde musgo.


Continuo avanzando, con el Mugarra de frente, una hoya sucede a otra, de nuevo los árboles con sus troncos realizando malabarismos son los protagonistas, desde luego he acertado al elegir este camino, estoy descubriendo rincones por los que nunca hubiera pasado si me limitara a seguir los senderos y rutas marcados en los libros, aunque siempre hay que ser precavido y ante la duda, mejor darse la vuelta e ir a lo seguro, pero como dice un compañero del foro de Mendiak.net, “quien no haya sido imprudente alguna vez en el monte, o miente o no va al monte” y yo no soy ningún mentiroso y voy al monte todo lo que puedo, así que sí, a veces soy imprudente.
Salgo a un pequeño claro desde el que tengo una vista genial de Aramotz, puedo ver las cimas por la que ya estuve en días anteriores y otras por las que espero andar pronto, pero ahora tengo que pensar en otra, por cierto, no le dicho, voy hacia Arranatx.
Otro bonito tramo de paseo entre rocas, árboles y hojas da paso a una zona más escarpada, camino sobre las puntiagudas priedras siguiendo un cresterío, a mi izquierda hay una importante caída y a mi derecha rocas como cuchillos. Avanzo con precaución en busca de la cima de Arranatx, que parece resistirse a aparecer ante mi vista, parece que no voy a llegar nunca, pero por fín veo el brillo de su buzón. Tengo que destrepar una pared hacia un pasillo de hierba para luego volver a ascender siguiendo unas marcas rojas que me llevan hasta la escarpoada cima de Arranatx y su buzón, frente a mí, majestuoso, el Mugarra.


Creo que este es un lugar perfecto para sentarme a descansar un poco y comer, aunque por mi reloj más bien es la hora de merendar. La silueta del Mugarra es impresionante, es otra de mis montañas preferidas, no en vano es la que más veces he subido. Sus paredes blancas, los pliegues en la roca y sus innumerables cavidades le hacen único, pero hoy no entra en mis planes. El sol ya está bajando y tengo que darme un poco de prisa si no quiero que me coja la noche, aún me queda un buen paseo.
Ahora sí, mi próxima parada será Artatxagane. Tengo que volver sobre mis paso durante un rato, hasta el claro desde el que podía ver gran parte de las cimas de Aramotz y remontar la ladera casi en línea recta hacia la cima de Artatxagane
El día, en lo meteorológico, está siendo sensacional, pero comienzan a crearse nubes que se meten en Aramotz por la zona norte y están avanzando deprisa, así que yo también me doy prisa en llegar a Artatxagane, donde me recibe su buzón en forma de cohete que apunta hacia la mismísima cima del Anboto, la verdad es que no podría apuntar hacia un sitio mejor.


Una vez en Artatxagane lo normal es dirigirse hacia Leungane o bajar hacia Mugarrakolanda, pero yo no voy a hacer ninguna de las dos cosas, voy a bajar, pero en dirección a la fuente de Amudia, no es que tenga sed ni me falte agua, simplemente es que se trata de otro lugar por el que paso siempre que puedo, y esta vez me coge de camino de vuelta. Dejo Leungane a un lado y bajo por la fuerte pendiente en dirección a la fuente, es un terreno cómodo en el que predomina el prado, lo cual se agradece después de haber estado gran parte del camino entre rocas. El sol, cada vez más bajo, hace que todo vaya cogiendo unos tonos dorados.
La erosion ha dejado su huella junto a la fuente de Amudia y ha creado bonitas formas en el suelo. Como he dicho no estoy falto de agua, pero aprovecho para beber y cambiar el agua de la botella, al menos hoy, además de unas cuantas fotos, me llevaré para casa una parte de esta sierra.


Aún tengo tiempo para estirar un poco más mi paseo, hay otro punto de esta sierra que me gusta mucho y desde el cual se pueden contemplar unas puestas de sol espectaculares, siempre y cuando las nubes lo permitan. Me temo que hoy no va a ser un día de esos, pero me acerco hasta Obako Atxa para echar una ultima mirada a esta parte Aramotz. Mientras tanto, las nubes que entraban por el norte han atravesado la sierra y aparecen sobre la cima de Leungane, como si me estuvieran persiguiendo.


Permanezco sentado unos minutos en Obako Atxa contemplando la belleza de estas montañas y viendo como un manto de nubes las va cubriendo suave y lentamente, como si las estuviera arropando para que se fueran a dormir. Me resisto a marcharme, aún tengo la esperanza de poder disfrutar de una bonita puesta de sol, pero por el oeste las nubes también se están apoderando de todo. Una mirada perdida hacia otras montañas y comienzo a descender hacia el collado de Asuntza, desde donde una vetiginosa bajada me llevará de nuevo hasta Oba.



f o t o s
 
 

t r a c k

 

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