1 de mayo de 2009

6 días en Aramotz: de Landaederra a Gaintxorrotx (día 1)

28 de septiembre de 2008

Comienza mi pequeña aventura por la sierra de Aramotz y no podía haber elegido un día mejor, el sol luce con fuerza y algunas nubes salpican de blanco el azul del cielo, un día perfecto para sacar fotos. Mi intención es repetir un recorrido que ya hice hace algún tiempo con mi cuñado el montañero, aquella vez nos mojamos un poco y no pudimos disfrutar de la forma que pienso hacerlo hoy. Inicio mi camino en el aparcamiento del área recreativa de Landaederra y me dirijo por la pista hacia el paso de Kataska, una bonita forma de introducirme en Aramotz, con el impresionante Mugarra sobre mi cabeza. Al llegar a la parte alta del paso, que da acceso a una empinadísima ladera herbosa a mi izquierda, cambio de rumbo y me dirijo a la derecha, la pendiente es más suave y busco un pequeño sendero que lleva a un refugio cercano, la referencia para coger el camino es un estrecho paso entre rocas.


En este punto de nuevo cambio mi rumbo, esta vez hacia la izquierda, toca remontar la pendiente y buscar entre los matorrales el difuso sendero que lleva hasta el refugio. Normalmente por aquí suele haber algunos caballos pastando, pero esta vez me encuentro ni más ni menos que con 200 caballos... de potencia, supongo.
Dedico unos minutos a fotografiar el refugio y mientras lo estoy rodeando descubro lo que parecen trazas de sendero, justo por la parte posterior del refugio, en una zona sombría y rocosa, hoy voy a hacer algo que va a caracterizar mis posteriores salidas por esta zona, me voy a olvidar, no siempre, sólo en parte, de los senderos tradicionales y me voy a meter campo a través, siempre y cuando el terreno lo permita, lo que me va a permitir tener imágenes diferentes de esta sierra.
Parece que sí, que por aquí discurre o ha discurrido algún tipo de sendero así para allá me voy. A mi espalda, entre las ramas de los árboles, el Mugarra, y de frente se van alternando zonas de prado con árboles y rocas, un tripartito que se repite una y otra vez en Aramotz, prados, árboles y rocas.


Al caminar fuera de senderos estoy un poco desorientado, mi primera parada quiero que sea el Pagasarri, pero no se bien por donde cae, una mirada al GPS me saca de dudas, una pequeña trepada por las rocas y ya tengo frente a mí el pequeño buzón que marca la escabrosa cima del Pagasarri.
Es casi la hora de comer, he salido tarde de casa, pero decido seguir, por lo menos hasta el Aiskorri, después ya comeré algo. Tengo frente a mí el cordal que lleva desde Atxoker hasta Pagofín, la columna vertebral que divide en dos la sierra de Aramotz, pero que se alarga hasta las cimas que encierran la cubeta de Galdara.


Dejo Pagasarri y ahora sí busco el sendero que lleva hacia la base de Aiskorri, recuerdo de mi última visita un lugar especial por el que quiero volver a pasar porque la última vez que estuve vi algo que me gustó mucho y espero que el paso del tiempo, lo vi ya hace más de un año, no lo haya deteriorado mucho. Atravesar Aramotz por estos senderos en una auténtica gozada, el sol se cuela entre las copas de los enormes pinos que se elevan por encima de mi cabeza, aunque alguno ha tenido que claudicar frente al paso de los años y de algún que otro vendaval.
Camino por el sendero entre la vegetación y los pinos, aquí las mejores fotos se sacan mirando hacia el suelo o hacia el cielo.
He llegado al lugar esperado y allí me encuentro con la misma imagen de hace un año, apenas ha cambiado, la diferencia es que hoy tengo un día perfecto para fotografiarlo, lo rodeo varias veces, lo miro por una lado y por otro, me acerco, me alejo, me agacho, en fin, saco la cámara y comienzo a hacer fotos. Se trata del tronco de un árbol que ha dejado al descubierto sus entrañas, era algo que nunca había visto y me llamó mucho la atención, por eso tenía ganas de volver a verlo, así que hoy tenía que aprovechar, además me pillaba de camino...


Después de haber pasado un buen rato junto al tronco desgarrado continúo por el sombrío sendero, prados, árboles y rocas, antes de salir a un claro donde el camino se ensancha a los pies del Aizkorri.
En una corta subida remonto los pocos metros que me separan de mi segunda parade del día, Aizkorri, una cima que me gusta mucho por las vistas que ofrece hacia Gaintxorrotx, Urtemondo, Pagofin...
En un primer momento mi idea es volver al sendero y dirigirme directamente hacia Gaintxorrotx, pero en el mapa que llevo en el GPS aparece un sendero que va por la otra vertiente del cresterío que lleva desde Aizkorri al Gaintxorrotx, y esta es una buena oportunidad para descubrir nuevos caminos, y desde luego va a merecer la pena. Desciendo primero hacia un sendero muy bien marcado y que se sigue sin dificultad, pero llega un momento en que se pierde y el terreno se vuelve muy accidentado, es una zona de lapiaz con enormes rocas planas que surgen del suelo y que en algunos sitios se elevan por encima de los dos metros, es impresionante e impone respeto.


Dejo atrás este rincon de cuento, no sé si de cuento de hadas o de miedo, pero desde luego es un sitio que merece la pena ver. No entraba en mis planes, pero resulta que tengo frente a mí otra cima, se trata de una mole de roca, Betzuenburu, y para allá me voy. Afronto la subida en línea recta, primero entre las hierbas y las rocas para enseguida afrontar una pequeña trepada hasta la cima. Otro bonito sitio para sentarse un rato a disfrutar de la paz de estas montañas.
Mi objetivo final sigue siendo Gaintxorrotx y aunque desde Betzuenburu se puede descender de nuevo al sendero por el que pensaba ir, decido seguir mi camino campo a través y dirigirme a otra cima muy cercana, Bernagoitiaburu. A Bernagotiaburu se llega en un corto paseo por un terreno menos escabroso que el que dejo a mi espalda, de nuevo prados, árboles y rocas, muchas rocas, sobre todo en la suve loma cimera de Bernagoitiburu, donde la vista, inevitablemente, se va hacia el Mugarra.


Desde Bernagoitiaburu no hay camino marcado que lleve a Gaintxorrotx, lo tengo de frente así que lo mejor es buscar el camino más cómodo. Bajo por un pasillo herboso que lleva a la base de Gaintxorrotx y acabo en el sendero que he estado evitando, se puede subir al Gaintxorrotx rodeándolo por la izquierda hasta llegar a un collado, pero decido dejar de nuevo el sendero y subir casi en línea recta, por las rocas, en plan cabra.
La subida no es complicada, sólo hay que tener cuidado de no meter el pie en alguna de las muchas grietas y evitar los espinos, que atraviesan el pantalón con una facilidad pasmosa. Un apequeña parada antes del último esfuerzo y alcanzar la cima sirve para mirar atrás y ver el camino recorrido.
Por fin la cima, con su buzón amarillo en forma de torre almenada. Ahora sí, me voy a sentar a descansar y a comer, aunque por la hora más bien es la merienda. Es momento para disfrutar de las vistas y planear la siguiente etapa por estas montañas, las posibilidades son infinitas.


También es hora de ir pensando en la vuelta, se hace tarde y aun queda un buen paseo de vuelta, pero esta vez sí que lo haré por el sendero. El sol está bajo y el color dorado se va apoderando de todo, aprovecho para sacar las últimas fotos antes de que la oscura sombra lo cubra todo.
Acelero un poco el paso para no tener que bajar por Kataska a oscuras, y Aramotz se despide mí... por hoy.



f o t o s

t r a c k
 

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