27 de octubre de 2008

Sierra de Aralar: Uakorri-Artubi-Zabalegi


Esta vez nos adentramos en tierras guipuzcoanas, rozando la muga con Navarra, para cumplir con uno de los montes fijos que deben hacer Iñigo y Miguel, eso les pasa por apuntarse a un club de montaña. Miguel es menos disciplinado, pero Iñigo debe ascender todas las cimas que el club se ha marcado como objetivo, y el Uakorri es una de ellas, así que aquí estamos los tres, junto a la iglesia de la localidad de Amezketa, listos para comenzar el paseo. ¿He dicho los tres? Bueno, en realidad durante un trecho fuimos cuatro.

Iniciamos la marcha por una pista asfaltada que discurre junto al cementerio, donde cogemos un sendero que sirve para ataja parte de la pista y evitar el asfalto. Finalmente acabamos en la pista, la cual abandonaremos un poco más adelante, junto a un bonito puente de madera que atraviesa las aguas del arroyo Arritzaga, que baja con un caudal respetable debido a las lluvias de los últimos días.

Cruzamos el Puente y comenzamos a ascender por un sendero pedregoso paralelo al arroyo, lo que nos permite disfrutar de las bonitas estampas que nos brinda el agua en forma de pequeños rápidos y cascadas. Todo ello en un entorno de un verdor exultante.

El día amaneció nublado y aunque durante el viaje desde Bilbao parecía que iba despejando, por esta zona las nubes se han quedado estancadas y una fina lluvia comienza a caer. La niebla nos priva de ver la parte alta de las montañas por la que desciende encajonado el arroyo, estamos remontando el barranco de Arritzaga en dirección a las antiguas minas. Dejamos atrás la borda de Anduitz. A ratos las nubes nos dejan ver las bonitas cortinas de agua que caen desde la parte alta de las montañas.

Seguimos avanzando. La lluvia me obliga a guardar la cámara, no me gusta que se moje mucho, pero hemos llegado a una zona donde el barranco se muestra en todo su esplendor y los saltos de agua están impresionantes, así que vuelvo a sacarla y a toda prisa intento plasmar la belleza de este tramo del arroyo.

A este tramo le sigue otro donde la pendiente se suaviza, y el arroyo se convierte en una sucesión de pequeños saltos y pozas que deben ser una gozada para los amantes del barranquismo. La verdad es que me está sorprendiendo mucho el lugar, no lo conocía y no me esperaba para nada el espectáculo de agua que estamos viendo.

El cable por el cual se deslizaban antiguamente las vagonetas cargadas de mineral, de las que aún queda algún resto, anuncian la proximidad de las minas de Arritzaga. El arroyo se remansa, arrecia la lluvia y esta vez sí que no me queda más remedio que guardar la cámara en la mochila para protegerla del agua.

Dejamos las minas de lado y ascendemos hacia una zona de bordas donde un pequeño refugio junto a una fuente nos sirve para guarecernos un poco de la lluvia. Entre la niebla podemos ver, a un centenar de metros de donde nos encontramos, una gran cantidad de buitres que daban buena cuenta de dos caballos muertos. Es una escena impresionante, ver como respetan su turno para acercarse a comer y su enorme envergadura cuando despliegan las alas. La lluvia no cesa, pero aprovechamos un momento en el que parece que cae con menor intensidad para remontar la fuerte rampa que nos ha de llevar al collado que separa las cimas de Uakorri y Artubi. La niebla apenas nos deja ver, pero sí que podemos oír cómo bajo nuestros, bajo tierra, fluyen las aguas de un arroyo que surge de vez en cuando para luego volver a desaparecer. La pendiente en este tramo es acusada, alcanzamos el collado y decidimos hacer primero el Uakorri. La niebla oculta el precipicio que se desploma hacia la vertiente navarra de estas montañas y también la fuerte subida que nos queda hasta la cima, yo que pensaba que lo peor ya lo habíamos pasado. Subimos pegados a una alambrada que evita que el ganado se despeñe, aunque tan pronto vemos a las ovejas de un lado como del otro de la valla, atravesamos una zona de rocas bastante resbaladiza y llegamos a la cima, no sin cierta dificultad ya que tenemos que saltar la alambrada y el paso de madera que estaba habilitado para hacerlo está roto. Al menos ha cesado la lluvia y podemos volver a hacer fotos, aunque no es que tengamos mucha visibilidad.

En vista del panorama no nos entretenemos mucho, lo justo para que Iñigo y Miguel dejen la tarjeta de visita del club y hacernos la foto de cima. Descendemos con cuidado intentando ecitar los resbalones, de vuelta al collado para afrontar la subida al Artubi.

En la cima de Artubi la situación no es más alentadora que en el Uakorri, la niebla no nos deja ver nada, tan sólo estamos el tiempo necesario para decidir cuál será el camino de vuelta. No lo tenemos muy claro, pero en vez de volver por donde hemos subido comenzamos a descender siguiendo lo que sería el cordal del Artubi, de nuevo pegados a otra alambrada, tras de nosotros debe quedar el Balerdi, pero como digo no se ve nada de nada. Cambiamos de lado de la alambrada ya que por el que vamos no se puede seguir debido a lo escarpado del terreno. Caminamos sobre una zona mixta de rocas y hierba, es una pena que no podamos ver nada porque el terreno promete.

Pero lo que es la montaña... en cuestión de un par de minutos todo va a cambiar, al menos durante un rato. La niebla se desplaza rápidamente hacia arriba y por momentos podemos ver cómo se va colando el sol y lo que hace unos instantes era una cortina de niebla es ahora un cielo azul intenso

Ahora podemos ver que estamos rodeados de ovejas por todos lados, además podemos distinguir las cimas en las que hemos estado e intuir la presencia de los grandes de Aralar, como el Gambo o el Aldaon.

Aprovechamos este momento de “lucidez” para decidir el camino a seguir. Nos vamos a dirigir a la cercana cima de Zabalegi para luego bajar hacia Larrondo y desde allí de vuelta a Amezketa. Pasamos junto a una gran hoyada en dirección al Zabalegi, a nuestras espaldas podemos ver lo que aún queda del barranco de Arritzaga, es una vista impresionante, pero la niebla se resiste a retirarse del todo y nos priva de tener mejores vistas. El camino hacia Zabalegui nos lleva finalmente a tener que trepar un poco hasta alcanzar el cordal y legar al buzón.

En la cima de Zabalegi, tan pronto despejada como cubierta de niebla, aprovechamos para comer al cobijo de las rocas y descansar un poco.

No llevo ningún track del recorrido y en el mapa que lleva Iñigo no está muy claro por donde debemos bajar, así que como buenos Bilbaínos decidimos tomar el camino recto, en el fondo del valle localizamos Larrondo y hacia allá nos vamos intentando mantener el rumb, pero el terreno nos obliga a desviarnos una y otra vez, la pendiente es muy fuerte y nos encontramos con zonas rocosas difíciles de pasar. La hierba húmeda nos cubre por encima de las rodillas y el agua comienza a calar las botas, en realidad yo hace tiempo que las llevo caladas, pues las mías son muy sencillitas y no tienen ningún recubrimiento impermeable, cada paso va seguido de un “chof” debido al agua acumulada en el interior. Las de Iñigo y Miguel resisten, pero por poco tiempo. Como digo la pendiente es muy fuerte y las zonas de rocas resbalan mucho, ha habido un momento que no sé exactamente como, pero he tropezado, he caído y he dado como una voltereta de forma que he aterrizado de pié, no me digáis cómo, pero así ha sido, de otra forma hubiese rodado muchos metros ladera abajo.

En algunos tramos, a pesar de estar vencida por su propio peso, la hierba nos llega a cubrir hasta la cintura, nunca había hecho una bajada como esta, y nunca me había empapado tanto. Al llegar a la zona de abajo localizamos las marcas rojas y blancas del sendero GR 121 que llega hasta Amezketa, por lo menos el resto del camino no será campo a través, como ya empezábamos a temernos.

Este Gr no parece muy transitado pues en algunos tramos tenemos que apartar la maleza con los bastones. Se nos ha hecho un poco largo la última parte del camino, pero finalmente salimos a una pista de cemento que da acceso a los diferentes caseríos de la zona y que lleva hasta la Ermita de San Juan de Tous. Aúnque la tarde parece que acabará despejándose las nubes siguen cubriendo Aralar.

Sí, las nubes siguen cubriendo Aralar y nos han privado de descubrir algunos de sus secretos, de disfrutar de las vistas de sus altos prados, pero quizás hoy haya sido mejor así, si hubiésemos visto lo que se esconde tras esta silueta no creo que hubiésemos podido resistir la tentación de acercarnos un poco más. En fin, tendremos que volver otro día, o mejor aún, muchos días…






track

19 de octubre de 2008

Toloño - Cantabria: "Vértigo"


Hasta última hora no me he decidido por este recorrido, la otra opción que barajaba era en la sierra de Aralar: Ganbo, Irumugarrieta y Balerdi, en un recorrido circular con salida y llegada en Amezketa, pero al final he tomado rumbo hacia la llanada alavesa, la sierra de Toloño-Cantabria tiene algo especial, un no sé qué, tal vez sea... ¿vertigo?
He salido de Bilbao a las siete de la mañana y mi destino es la localidad navarra de Lapoblación. La previsión del tiempo es buena, pero durante todo el camino veo que la provincia de Alava está cubierta de nubes y apenas se vislumbra la luz del sol, de todas formas ya está decidido, aunque es una pena pues me hubiera gustado aprovechar la luz mañanera del sol por el tema de la fotografía. Al tomar la salida de la autovía en La Puebla de Arganzón me para la Guardia Civil en un control de esos que dan miedo, con pasamontañas, metralleta y pinchos para las ruedas. Uno de los agentes, con gesto muy serio, me pide que baje del coche y abra el maletero mientras me pregunta a donde voy, le respondo que al monte. Al abrir el maletero su gesto se vuelve aun más serio si cabe, ¿al monte?, me pregunta. Al principio no entendía el porqué de su expresión, pero, ostras, el maletero esta vacío, cuando voy al monte sólo siempre dejo la mochila en el suelo de los asientos traseros, en cuanto me percato de ello informo al señor agente, aún así me invitó a sacarla y abrirla para comprobar su contenido. Tras el visto bueno prosigo mi camino y sin mas incidencias llego a mi destino, Lapoblación. Por aquí ya hay menos nubes, las siluetas de Lapoblación y el cresterío de Peña Alta auguran una bonita jornada montañera... y fotográfica. Dejo el coche junto a la iglesia y comienzo mi largo paseo...

La subida a Lapoblación es cómoda y rápida, en poco más de media hora estoy en la cima. Es curioso ver como las nubes que provienen del norte llegan hasta la sierra, la atraviesan cubriéndolo todo y acto seguido, como por arte de magia, se disipan, hacia el sur todo está despejado y el sol está ahí, quiere, pero no puede. Las vistas sobre la sierra de Toloño-Cantabria son excepcionales.

La cima de Lapoblación, en contraste con el resto de la sierra, es una amplia explanada donde nos encontraremos un vértice geodésico, el buzón, restos de una plataforma donde probablemente hubo alguna antena y los restos del supuesto castillo de Punicastro, aunque puede que sólo sean restos de antiguas fortificaciones de las guerras carlistas.

Aún hay muchas nubes así que decido pasar un rato deambulando por la cima, recorriendo el cordal, contemplando mi próximo objetivo y su impresionante silueta, Peña Alta. Asomándome a las verticales paredes de esta cima en su vertiente norte, sintiendo la montaña...

Las nubes van desapareciendo poco a poco y el sol se va haciendo sitio, es hora de ir bajando hacia el puerto de Bernedo. Más o menos a un centenar de metros antes de la cima sale el sendero que, por la vertiente norte, aunque parezca infranqueable, lleva hasta el puerto de Bernedo, A mitad de bajada la senda se bifurca en dos, yo cojo el camino de la derecha pues antes de ir al puerto quiero bajar hasta un pequeño claro para hacer algunas fotos de las paredes de Lapoblación, pero tengo el sol de frente y no puedo hacer gran cosa.

Una pista lleva a un repetidor junto al cual cojo el sendero que llega hasta la carretera, unos metros antes de coronar el puerto. Cruzo la carretera y me interno en el bosque a través de una pequeña abertura entre las ramas de los árboles y la maleza, que lo cubre todo. El sendero zigzaguea un poco y enseguida sale a terreno despejado, se pasa junto a una borda y enseguida tengo ante mí el fabuloso cresterío de Peña Alta. Abandono el sendero que discurre paralelo al cordal y que evita el mal trago de sufrir a aquellos que padezcan de vértigo o prefieran eludir el riesgo que implica caminar al borde mismo del precipicio.

El día se ha despejado por completo y el sol brilla con fuerza, las vistas desde aquí son una gozada, el ir caminando en el mismo filo de la montaña es una sensación increíble, uno tiene la sensación de que va a echar a volar y, en caso de tropiezo, eso es lo que te puede ocurrir, que eches a volar... hacia abajo. La verticalidad de las paredes que tengo por delante, y perdón por la expresión, es acojonante.

El camino es una continua sucesión de resaltes rocosos, por algunos de los cuales hay que trepar, pasillos aéreos, muy aéreos, pero que como he dicho antes, siempre se pueden evitar siguiendo el marcado sendero que discurre a mi derecha, pero si queréis disfrutar de verdad de este paseo tenéis que acercaros todo lo que podáis, aunque sólo sea para echar alguna que otra mirada hacia abajo. Es un buen ejercicio para quitar el miedo a las alturas, os lo dice alguien que hasta no hace mucho padecía de vértigo.

A medida que me aproximo a la cima la adrenalina se dispara, los pasos que hay que salvar son cada vez más impresionantes, quizás el más espectacular sea un peña escorada hacia el vacío, literalmente se sale de la montaña.

A este paso le sigue otro, es la parte más bonita de la subida. Un pequeño respiro, una mirada hacia atrás para recordar el camino ya recorrido, una mirada hacia abajo para no bajar la guardia y un último obstáculo...

Tengo ante mí la cima, un angosto pasillo y un sencilla trepada me separan de ella, casi me da pena que esto se acabe. Avanzo con decisión por este último tramo de la arista, la mirada hacia abajo pone los pelos de punta, comienzo a trepar y antes de darme cuenta estoy frente al buzón que señala la cima de Peña Alta, la sensación que tengo en este momento, echando la vista atrás, es indescriptible.

Por si a alguien le sabe a poco, el cresterío se alarga hasta la cima de Payo Redondo, pero creo que aquí ya es necesario utilizar material y, por supuesto, saber escalar, algo que de momento esta lejos de mis posibilidades, así que yo me conformo con haber llegado hasta aquí. Sentado sobre el pie del vértice geodésico que acompaña al buzón en la cima aprovecho para comer y disfrutar de las vistas.

He cubierto la primera parte de mi recorrido, ahora toca una bajada vertiginosa hacia Bernedo por una senda que me ha resultado muy incómoda, la fuerte pendiente y que casi toda la bajada es como una pedrera hacen que continuamente tenga que ayudarme de las ramas de boj para no caerme. Acabo saliendo como disparado hacia una pista por la que poco a poco iré remontando otra vez los muchos metros de desnivel perdidos, mi objetivo ahora es San Tirso.

Esta parte del camino discurre entre arbolado, a la sombra, pero con una humedad muy alta, me ha tocado sudar de lo lindo, esto, unido al bocata de chorizo, ha hecho que acabe casi con mis provisiones de agua, por suerte estoy informado de la existencia de una fuente bajo las paredes de San Tirso, la fuente del Aguila, a la que llega tras atravesar un curioso y estrecho paso entre dos enormes rocas, lo que no sabía es que a estas alturas del verano me iba a encontrar un pequeño charco de agua estancada... de todas formas eché un traguito. Como decía, todo el camino transcurre entre árboles, con pocas vistas, hasta que finalmente se sale a una senda que parece asfaltada al estilo Zen, justo al llegar a la base del Bonete de San Tirso.

El Bonete de San Tirso casi merece un capítulo aparte, es increíble como esta mole de roca surge de la tierra y se eleva por encima de los 40 metros.

Sólo unos metros separan el Bonete de la peña bajo la cual se encuentra la ermita de San Tirso. El camino se encrespa y en algún momento incluso tengo que apoyar las manos, a la izquierda dejo la cima de la peña bajo la cual está la ermita y a la que me acercaré más tarde para hacer fotos del Bonete. Ya tengo a la vista la cima en la que me voy a encontrar con dos buzones, uno de ellos muy curioso, con forma de veleta, con gallo y todo y de muy vivos colores.

Tengo que decir que después de todo, el cresterío de Peña Alta no me pareció tan dificil como imaginaba, eso sí, peligroso es muy peligroso, pues cualquier tropezón puede hacer que nos despeñemos, sin embargo, la cima de San Tirso me puso bastante nervioso, es una cima muy estrecha, rocosa y muy incómoda para moverse, al menos la zona de los buzones, y el rato que estuve sacando fotos no podía apartar la mirada del abismo que tenía al lado, a apenas medio metro de mi amigo el gallo. Estuve el tiempo necesario para sacar unas cuantas (bastantes fotos) y me alejé unos metros hacia una zona algo menos expuesta.

Antes de iniciar el camino de vuelta tengo pendiente una última cosa, dedicarle unos minutos al Bonete de San Tirso, que como he dicho antes me parece un pedazo de roca impresionante. Me acerco hasta lo alto de la peña sobre la ermita, desde donde se tiene una vista excelente del peñón, de Peña Alta, de Lapoblación, de la sierra de Kodes y del resto de la sierra de Toloño-Cantabria en dirección a Peña del Leon, la siguiente cima, no muy lejos de San Tirso.

Toca deshacer el camino andado, y sin agua, poco antes de llegar al Bonete hay un cartel que indica la existencia de una fuente a diez minutos, la fuente de los Cazarros, pero hay que descender, y diez minutos bajando pueden ser muchos metros de desnivel para luego tener que volver a subir, además es bastante probable que me encuentre con otro charco como el de la fuente del Aguila, así que toca hacer de tripas corazón y aguantar un poco, total sólo son unos diez kilómetros hasta el grifo más cercano... El regreso lo hago por la vertiente sur, primero por sendero y después por pista, al llegar al desvío hacia el puerto de Kripán, camino por el que vine, continúo de frente por el ancho camino que desciende hacia la llanada. Hay varias pistas, alguna de las cuales recorre la base de la sierra, mi intención en principio era tomar la más próxima a las paredes de Peña Alta, pero finalmente, entre la sed que tenía y algún despiste que otro continué siempre por la pista que baja hacia Kripan para después tomar un camino forestal dirección a Meano.

Cansado y sediento aún tenía que aprovechar para hacer alguna que otra foto y echar una última mirada a esas paredes que he recorrido esta mañana, ¡que diferente se ve desde aquí abajo!

La llegada a Meano fue como la de un naúfrago que llega a una isla paradisiaca o como la de alguien que en medio del desierto se encuentra un oasis, sólo buscaba la fuente del puebl... y la encontré, el resto os lo podeis imaginar. Ya sólo me queda recorrer la distancia que separa Meano de Lapoblación, por carretera y cuesta arriba, la estampa que tengo ante mí de Lapoblación no tiene nada que ver con la pared vertical que he estado viendo durante casi todo el día, es el leon dormido, como también la llaman.

Fin del trayecto. Sentado en la pequeña plaza junto a la iglesia de Lapoblación, mientras me quito las botas y me cambio de camiseta, escucho el estridente sonido de algún grupo heavy, la música sale de un coche aparcado muy cerca, y pienso en el contraste entre el silencio que me ha acompañado durante todo el día allí arriba, apenas me he cruzado con gente, y el ruido de aquí abajo, de todas formas no está mal porque si tengo que buscar un calificativo para el paseo de hoy, además de vertiginoso, diría que ha sido... muy heavy.






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ACERCA DEL TRACK: Si os descargais el track y decidís seguirlo, mucho cuidado, ya sabeis que la posición del GPS no es exacta y puede haber unos metros de error, y en este recorrido un metro puede ser la diferencia entre contarlo y no, ni que decir tiene que con niebla no es nada recomendable, lo mismo que si la roca está humeda.

12 de octubre de 2008

Gorbeia: Aldamín


Nueva incursión en el parque natural del Gorbea con un objetivo muy claro, rendir homenaje a un gigante que, aunque por su proximidad es casi paso obligado para todo aquel que sube al Gorbea, queda un tanto en el olvido o no se valora en su justa medida toda su belleza, que desde mi punto de vista es más que la de su hermana mayor.
La subida la voy a iniciar en el pequeño embalse de Iondagorta, al que se accede por una empinadísima pista en la que el coche acaba sufriendo lo suyo, poco le ha faltado para acabar echando humo, pero bueno... un cartel indica que ya no se puede (o no se debe) segur en coche, aunque la pista de cemento continua hasta la campas de Arimegorta. A mi espalda la bonita vista de otra ilustre y olvidada cima de este parque, Lekanda, que no se preocupe que este otoño le dedicaré también un reportaje a él solito...


En las verdes campas de Arimegorta pastan plácidamente los caballos, que me ofrecen la posibilidad de obtener bellas postales del lugar, es temprano y algunos aún no han despertado del todo, así que me permiten acercarme bastante.

Antes de dirigirme hacia Aldamiñape me cruzo con un guarda de la Diputación, también aficionado a la fotografía (y por supuesto a la montaña). Charlamos un rato sobre ambas aficiones y me indica un camino diferente para volver al embalse y que más tarde será el que utilizaré en lugar de la pista por la que he subido. Nos despedimos y yo continuo mi camino hacia la majada de Aldamiñape, donde Aldamín me muestra su cara más abrupta, nadie diría que tras esa pared se esconde la redondeada cima de Gorbeia.

Me acerco hacia el poste de señales que marca la dirección y los tiempos hacia Egiriñao y Gorbea, pero no voy a coger ninguno de los dos. Me voy a dirigir directamente hacia la base de las paredes de Aldamín.


Atravieso la majada y en fuerte pendiente voy ascendiendo por una zona herbosa que enseguida se convierte en pedrera. Cuanto más cerca estoy de la pared más impresionante me parece.

Continuo atravesando una zona de rocas, donde muere una pedrera, casi al pie de la montaña. Aquí me detengo un rato, frente a frente con el Aldamín, como midiendo nuestras fuerzas, por aquí no puedo subirte amigo, pero no tengo más que rodearte para llegar a tu cima, así que no te pongas farruco.

Hacia atrás el panorama no es tan amenazador, pero es igual de bonito, la vista sobre las campas de Arimegorta y el cordal que lleva hasta Arralde bien merece unas cuantas miradas.


Tras el “cara a cara” con el Aldamin me dirijo a media ladera en dirección al Dulao, cuya cima alcanzo en pocos minutos, atrás quedan las pedreras y la vista del cordal y hacia abajo las bordas y refugios, abundantes en la zona.

Desde aquí Aldamin ya no es tan feroz como antes. Dulao es una cima secundaria, pero ofrece unas bonitas vistas a uno y otro lado. Tengo que reconocer que la imagen que ofrece el Gorbea desde aquí me gusta.

Pero a pesar de la presencia del Gorbea y del Aldamín, fijo la mirada en otro punto, el barranco de Dulao, hacia donde me voy a dirigir para subir al collado de Aldamiñospe, en lugar de utilizar el marcado sendero. Mientras desciendo al inicio del barranco puedo ver la cara sur de Aldamín, menos vertical que la norte, pero igual de abrupta, y una vez en el barranco echo una mirada hacia arriba para ver la espectacular subida que me espera, tanto por la pendiente como por la belleza del lugar.


Una vez arriba me tomo unos minutos para recuperar el pulso y echar una mirada hacia el barranco, pero ahora desde arriba.

Recuperada la respiración me dirijo hacia las paredes rocosas de Aldamín para encaramarme a su parte más alta, aunque es todo roca no entraña dificultad alguna y enseguida se llega a la cima, coronada por dos pequeños buzones y un enorme montón de piedras

Las vistas son excepcionales hacia todos lados, incluso hacia el Gorbea, lo reconozco, no, si al final va a resultar que el Gorbea es algo más que la montaña más alta de Vizcaya y Alava...


Hora de comer y planificar el resto del día, aunque, si he de ser sincero, ya lo tenía bien planificado... después de descansar un poco doy unas cuantas vueltas por los alrededores de la cima, hoy es el día del Aldamín, así que tengo que mirarlo y mostrarlo por sus cuatro costados.

Desciendo de Aldamin y voy hacia el pluviómetro en el collado que lo separa del Gorbea, nueva mirada hacia el barranco de Dulao y hacia Aldamín. No entraba en mis planes, pero a pesar de que comienzan a aparecer nubes me dirijo en línea recta hacia la cruz.

A medida que asciendo la fuerte pendiente que lleva a la cima, la silueta de Aldamin cambia radicalmente, ahora queda por debajo de mi y ya no parece tan fiero como esta mañana cuando me encontraba a sus pies. Tiene una silueta que me recuerda a...

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Llego a la cima al mismo tiempo que las nubes, que lo han cubierto todo en cuestión de segundos. Como ya he dicho antes, hoy mi objetivo no es el Gorbea, así que no me entretengo mucho en la cima, además hay algunos inquilinos a los que no parece gustar mi presencia y casi se me echan encima.

Comienzo a descender casi en línea recta por la vertiente oeste, mirando continuamente hacia Aldamin, para ver si las nubes dejan algún resquicio a través del cual pueda verlo. Las nubes pasan bastante rápido, así que enseguida tengo la oportunidad que esperaba, me siento en la hierba para hacer una toma casi a ras del suelo.


Como decía antes, sin contar la ascensión al Gorbea, el resto del recorrido lo tenía bien planificado, el objetivo principal era Aldamín, y después le tocaba el turno al refugio de Egiriñao, y hacia allí es adonde me dirijo, pero no por el camino normal de bajada desde Aldamiñospe, sino bordendo este camino por la parte alta del barranco que se forma, y dejando el refugio a mi derecha. La primera vez que subí al Gorbea fue con mi cuñado “el montañero” y como no podía ser menos, en lugar de seguir el camino recto, me metió una embarcada de las suyas y me hizo subir por el mismo lugar por el que estoy bajando hoy, y el motivo por el que lo hago es porque desde un pequeño saliente en la roca se tiene la que quizás sea la mejor vista del refugio de Egiriñao.

Acabada la verde loma del Gorbea comienza una zona de rocas, me dirijo hacia mi derecha para acercarme lo más posible al borde del barranco y localizar el punto exacto desde el que recuerdo haber tenido aquella vista tan impresionante del refugio. No tardo mucho en dar con el lugar. Me lo voy a tomar con calma, así que monto la cámara sobre el trípode y a esperar que las nubes dejen pasar algún rayo de sol...


Pero este no es el único refugio de la zona, que está llena de pequeñas construcciones y bordas utilizadas por los pocos pastores que aún quedan por este lugar. Sin más, desciendo hasta el refugio cruzando el pequeño arroyo que nace algo más arriba.

Ya en los prados de Egiriñao me siento tranquilamente sobre la hierba y antes de comenzar la sesión fotográfica meriendo un poco y me entretengo con unos animalillos que me han acompañado durante toda la excursión, había centenares de ellos por todo el camino...

El resto del tiempo lo dedico a rodear una y otra vez el refugio, me acerco, me alejo, espero que aparezca el sol y... a disparar.


Tras una corta visita a la ermita de la Señora de las Nieves tomo el camino que lleva a las campas de Arraba para enseguida, junto a un poste de señales, desviarme hacia la derecha en dirección hacia Aldamiñape a través de la senda de Lapurzulo, pero no llegaré hasta Aldamiñape, sino que antes me deviaré por un senderillo que acaba convertido en una pista que lleva directamente al embalse de Iondagorta, donde empecé mi recorrido.

Os aconsejo que alguna vez os acerqueis hasta esta montaña y le deis una vuelta entera dejando de lado el Gorbea, os aseguro que vais a disfrutar y no echareis de menos el no haber llegado hasta cruz.






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5 de octubre de 2008

Sierra de Altzania: Elurzuloak, Aratz e Imeleku


Salimos de Bilbao a las 7 de la mañana dirección a la localidad alavesa de Araia, nos hemos reunido Miguel “el intrépido”, Aurelio “geyperman” y su mujer Isa. Nuestro objetivo es el Aratz, una mole cuya cima rocosa en forma de volcán atrajo mi atención ya hace mucho tiempo, la tenía un poco olvidada, pero hace unas semanas que estuve por aquí cerca y la idea de subir esta montaña empezó a tomar forma, además hemos tenido la suerte de contar con el mejor de los guías. Hace un año que participo en los foros de Mendiak, una página dedicada a las actividades de montaña y a través de la cual tomé contacto con Mikel, en Mendiak Es más conocido por su Nick, Jefoce, cuyos reportajes son una auténtica gozada. En fin, que habíamos quedado con Mikel en Araia para realizar juntos la ascensión al Aratz. Durante el trayecto en coche la niebla lo cubre todo, no puedo evitar sentir cierto nerviosismo ante la idea de conocer a Jefoce en persona. Llegamos a Araia y allí, a la entrada del pueblo, nos espera Mikel. Tras los saludos y las presentaciones de rigor desaparecen por completo los nervios, es como lo imaginaba, además de muy alto es muy afable, simpático y conversador. Iniciamos el recorrido que ha preparado Mikel cerca de la antigua fábrica de Ajuria, por una pista donde un cartel indica la dirección al Aratz. Comenzamos a ganar altura y a disfrutar de las primeras vistas del espléndido día que nos espera.


Esta primera parte del camino discurre a través de un entramado de pistas, y aunque abundan los carteles indicadores, puede resultar fácil despistarse. Llevo el GPS, pero yendo con Míkel es como si lo llevara de adorno pues parece conocer todos y cada uno de los desvíos que debemos tomar. Entre el arbolado, a través de un claro, destaca la peña de Marutegi y los restos de su antiguo castillo.

Abandonamos las pistas para tomar un bonito sendero rocoso que asciende entre las hayas y aprovechamos para charlar y conocernos un poco más.


Seguimos ascendiendo por el camino que, poco antes de salir a terreno despejado, se encajona entre las rocas y toma un aspecto soberbio. Llegamos a una zona de pastos donde destacan las vistas sobre el cercano Aizkorri y una borda conocida como la del tuerto, su historia tendrá, supongo… A nuestra derecha tenemos ya el Aratz. Antes de remontar la fuerte pendiente avanzamos un poco a media ladera, pero finalmente no queda más remedio que tirar recto para arriba, este será el tramo más duro que debamos afrontar en todo el día.


Esta parte de la subida se me está atragantando un poco, Jefoce siempre se deshace en halagos para con mis fotos y más de una vez me ha preguntado por mis “secretos”… pues bien, hoy voy a desvelar el más evidente, pero en el que nadie repara: cuando subo muy asfixiado o falto de fuerzas me paro muchas veces, necesito coger aire, y ahí es donde aprovecho para sacar fotos que para otros suelen pasar desapercibidas. Así que ya lo sabes Mikel, hay que subir despacito, despacito.

Antes de hacer cima en el Aratz se pasa por una cota secundaria, Elurzuloak, que como nos explica Mikel, debe su nombre a dos enormes neveras naturales que hay bajo su cima, en la vertiente norte. Aprovechamos para hacernos la primera foto de grupo del día y disfrutar de las preciosas vistas que tenemos a todos lados, después cada uno sacando fotos por su lado para finalmente dirigirnos hacia la cercana cima del Aratz.

Recorremos los pocos metros que nos separan de nuestro objetivo principal y nos despojamos de las mochilas, durante unos instantes nos dedicamos a disfrutar de las vistas para luego pasar a dar buena cuenta del bocadillo, que nos lo hemos ganado.


En estas estamos cuando aparecen un grupo de montañeros que se saludan efusivamente con Mikel, son sus tíos y unos amigos de éstos, que también han elegido hoy el Aratz para su salida montañera.
Abandonamos la cima de Aratz no sin cierta pena, al menos por mi parte, es un lugar que me ha gustado mucho y al que no creo que tarde en volver, pero debemos seguir, vamos bajar hacia Imeleku, o Aratz Txiki, como lo llaman los tíos de Mikel, para completar un recorrido circular. El descenso es rápido, enseguida se pierde de vista la cima y la mirada se va hacia Imeleku, en el que también destaca su cima rocosa.

El intenso azul del cielo y las nubes nos ofrecen la posibilidad de sacar fotos muy vistosas y no desaprovechamos la oportunidad, además, ya conoceis mi secreto, y es que bajando también me canso…

Llegamos al collado donde se inicia la subida al Imeleku y, aunque se puede evitar, nos metemos unos momentos en un precioso hayedo, en un mes esto va a coger unos colores increíbles. Hacia atrás queda el Aratz


Tras una corta subida alcanzamos la cima de Imeleku donde nos encontramos con dos curiosos buzones, uno de ellos en forma de cohete, aunque alguno intentó darle un uso muy diferente, y otro que a mí me gustó mucho ¿por qué será? De nuevo las cámaras de fotos salen a relucir y nos retratamos unos a otros, en todo tipo de posturas, unas más montañeras que otras…

Imeleku me ha gustado mucho y me parece el complemento perfecto para cualquier ruta que pase por la cima del Aratz, tiene unas vistas muy buenas sobre la llanada y tiene una vertiente rocosa que recuerda a zonas de mucho más renombre, tipo Pirineos o Picos. El cielo y las nubes siguen dando un toque de color especial a las fotos.


Descendemos siguiendo las marcas rojas y blancas del sender GR de la vuelta a Gipuzkoa para dirigirnos hacia el collado de Allarte. Hacia Navarra aún persiste la niebla y hacia atrás Imeleku nos sigue brindando la oportunidad de sacar bonitas fotos y llevarnos un buen recuerdo para casa.

En el collado de Allarte tomamos la pista que desciende directamente hacia Araia, pero nos desviaremos hacia el nacedero del río Zirauntza, donde ya estuve hace poco, un lugar desconocido para todos mis acompañantes, incluido Mikel, así que vamos a aprovecha para acabar la jornada junto al relajante sonido de las aguas del arroyo.
Abandonamos la pista y tomamos un camino a la derecha que discurre pegado a un canal que nos llevará hasta el nacedero, un bonito y tranquilo lugar para pasar una tarde de verano. De nuevo toca sesión de fotos.


Dejamos el nacedero para afrontar el último tramo de nuestro paseo. Caminamos junto al arroyo que discurre en sucesivas cascadas formando pequeñas pozas en las alguno tuvo la tentación de meterse, es un lugar muy bonito.

El paseo llega a su fin, ha sido un día redondo, por el recorrido, por la meteorología y sobre todo por la compañía, pero aún nos queda tiempo de disfrutar de esto último pues aprovechamos para comer en un restaurante de Araia y compartir un rato más con nuestro anfitrión, Mikel (Jefoce), un gran montañero y una gran persona.



 



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