27 de octubre de 2008

Sierra de Aralar: Uakorri-Artubi-Zabalegi


Esta vez nos adentramos en tierras guipuzcoanas, rozando la muga con Navarra, para cumplir con uno de los montes fijos que deben hacer Iñigo y Miguel, eso les pasa por apuntarse a un club de montaña. Miguel es menos disciplinado, pero Iñigo debe ascender todas las cimas que el club se ha marcado como objetivo, y el Uakorri es una de ellas, así que aquí estamos los tres, junto a la iglesia de la localidad de Amezketa, listos para comenzar el paseo. ¿He dicho los tres? Bueno, en realidad durante un trecho fuimos cuatro.

Iniciamos la marcha por una pista asfaltada que discurre junto al cementerio, donde cogemos un sendero que sirve para ataja parte de la pista y evitar el asfalto. Finalmente acabamos en la pista, la cual abandonaremos un poco más adelante, junto a un bonito puente de madera que atraviesa las aguas del arroyo Arritzaga, que baja con un caudal respetable debido a las lluvias de los últimos días.

Cruzamos el Puente y comenzamos a ascender por un sendero pedregoso paralelo al arroyo, lo que nos permite disfrutar de las bonitas estampas que nos brinda el agua en forma de pequeños rápidos y cascadas. Todo ello en un entorno de un verdor exultante.

El día amaneció nublado y aunque durante el viaje desde Bilbao parecía que iba despejando, por esta zona las nubes se han quedado estancadas y una fina lluvia comienza a caer. La niebla nos priva de ver la parte alta de las montañas por la que desciende encajonado el arroyo, estamos remontando el barranco de Arritzaga en dirección a las antiguas minas. Dejamos atrás la borda de Anduitz. A ratos las nubes nos dejan ver las bonitas cortinas de agua que caen desde la parte alta de las montañas.

Seguimos avanzando. La lluvia me obliga a guardar la cámara, no me gusta que se moje mucho, pero hemos llegado a una zona donde el barranco se muestra en todo su esplendor y los saltos de agua están impresionantes, así que vuelvo a sacarla y a toda prisa intento plasmar la belleza de este tramo del arroyo.

A este tramo le sigue otro donde la pendiente se suaviza, y el arroyo se convierte en una sucesión de pequeños saltos y pozas que deben ser una gozada para los amantes del barranquismo. La verdad es que me está sorprendiendo mucho el lugar, no lo conocía y no me esperaba para nada el espectáculo de agua que estamos viendo.

El cable por el cual se deslizaban antiguamente las vagonetas cargadas de mineral, de las que aún queda algún resto, anuncian la proximidad de las minas de Arritzaga. El arroyo se remansa, arrecia la lluvia y esta vez sí que no me queda más remedio que guardar la cámara en la mochila para protegerla del agua.

Dejamos las minas de lado y ascendemos hacia una zona de bordas donde un pequeño refugio junto a una fuente nos sirve para guarecernos un poco de la lluvia. Entre la niebla podemos ver, a un centenar de metros de donde nos encontramos, una gran cantidad de buitres que daban buena cuenta de dos caballos muertos. Es una escena impresionante, ver como respetan su turno para acercarse a comer y su enorme envergadura cuando despliegan las alas. La lluvia no cesa, pero aprovechamos un momento en el que parece que cae con menor intensidad para remontar la fuerte rampa que nos ha de llevar al collado que separa las cimas de Uakorri y Artubi. La niebla apenas nos deja ver, pero sí que podemos oír cómo bajo nuestros, bajo tierra, fluyen las aguas de un arroyo que surge de vez en cuando para luego volver a desaparecer. La pendiente en este tramo es acusada, alcanzamos el collado y decidimos hacer primero el Uakorri. La niebla oculta el precipicio que se desploma hacia la vertiente navarra de estas montañas y también la fuerte subida que nos queda hasta la cima, yo que pensaba que lo peor ya lo habíamos pasado. Subimos pegados a una alambrada que evita que el ganado se despeñe, aunque tan pronto vemos a las ovejas de un lado como del otro de la valla, atravesamos una zona de rocas bastante resbaladiza y llegamos a la cima, no sin cierta dificultad ya que tenemos que saltar la alambrada y el paso de madera que estaba habilitado para hacerlo está roto. Al menos ha cesado la lluvia y podemos volver a hacer fotos, aunque no es que tengamos mucha visibilidad.

En vista del panorama no nos entretenemos mucho, lo justo para que Iñigo y Miguel dejen la tarjeta de visita del club y hacernos la foto de cima. Descendemos con cuidado intentando ecitar los resbalones, de vuelta al collado para afrontar la subida al Artubi.

En la cima de Artubi la situación no es más alentadora que en el Uakorri, la niebla no nos deja ver nada, tan sólo estamos el tiempo necesario para decidir cuál será el camino de vuelta. No lo tenemos muy claro, pero en vez de volver por donde hemos subido comenzamos a descender siguiendo lo que sería el cordal del Artubi, de nuevo pegados a otra alambrada, tras de nosotros debe quedar el Balerdi, pero como digo no se ve nada de nada. Cambiamos de lado de la alambrada ya que por el que vamos no se puede seguir debido a lo escarpado del terreno. Caminamos sobre una zona mixta de rocas y hierba, es una pena que no podamos ver nada porque el terreno promete.

Pero lo que es la montaña... en cuestión de un par de minutos todo va a cambiar, al menos durante un rato. La niebla se desplaza rápidamente hacia arriba y por momentos podemos ver cómo se va colando el sol y lo que hace unos instantes era una cortina de niebla es ahora un cielo azul intenso

Ahora podemos ver que estamos rodeados de ovejas por todos lados, además podemos distinguir las cimas en las que hemos estado e intuir la presencia de los grandes de Aralar, como el Gambo o el Aldaon.

Aprovechamos este momento de “lucidez” para decidir el camino a seguir. Nos vamos a dirigir a la cercana cima de Zabalegi para luego bajar hacia Larrondo y desde allí de vuelta a Amezketa. Pasamos junto a una gran hoyada en dirección al Zabalegi, a nuestras espaldas podemos ver lo que aún queda del barranco de Arritzaga, es una vista impresionante, pero la niebla se resiste a retirarse del todo y nos priva de tener mejores vistas. El camino hacia Zabalegui nos lleva finalmente a tener que trepar un poco hasta alcanzar el cordal y legar al buzón.

En la cima de Zabalegi, tan pronto despejada como cubierta de niebla, aprovechamos para comer al cobijo de las rocas y descansar un poco.

No llevo ningún track del recorrido y en el mapa que lleva Iñigo no está muy claro por donde debemos bajar, así que como buenos Bilbaínos decidimos tomar el camino recto, en el fondo del valle localizamos Larrondo y hacia allá nos vamos intentando mantener el rumb, pero el terreno nos obliga a desviarnos una y otra vez, la pendiente es muy fuerte y nos encontramos con zonas rocosas difíciles de pasar. La hierba húmeda nos cubre por encima de las rodillas y el agua comienza a calar las botas, en realidad yo hace tiempo que las llevo caladas, pues las mías son muy sencillitas y no tienen ningún recubrimiento impermeable, cada paso va seguido de un “chof” debido al agua acumulada en el interior. Las de Iñigo y Miguel resisten, pero por poco tiempo. Como digo la pendiente es muy fuerte y las zonas de rocas resbalan mucho, ha habido un momento que no sé exactamente como, pero he tropezado, he caído y he dado como una voltereta de forma que he aterrizado de pié, no me digáis cómo, pero así ha sido, de otra forma hubiese rodado muchos metros ladera abajo.

En algunos tramos, a pesar de estar vencida por su propio peso, la hierba nos llega a cubrir hasta la cintura, nunca había hecho una bajada como esta, y nunca me había empapado tanto. Al llegar a la zona de abajo localizamos las marcas rojas y blancas del sendero GR 121 que llega hasta Amezketa, por lo menos el resto del camino no será campo a través, como ya empezábamos a temernos.

Este Gr no parece muy transitado pues en algunos tramos tenemos que apartar la maleza con los bastones. Se nos ha hecho un poco largo la última parte del camino, pero finalmente salimos a una pista de cemento que da acceso a los diferentes caseríos de la zona y que lleva hasta la Ermita de San Juan de Tous. Aúnque la tarde parece que acabará despejándose las nubes siguen cubriendo Aralar.

Sí, las nubes siguen cubriendo Aralar y nos han privado de descubrir algunos de sus secretos, de disfrutar de las vistas de sus altos prados, pero quizás hoy haya sido mejor así, si hubiésemos visto lo que se esconde tras esta silueta no creo que hubiésemos podido resistir la tentación de acercarnos un poco más. En fin, tendremos que volver otro día, o mejor aún, muchos días…






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