5 de octubre de 2008

Sierra de Altzania: Elurzuloak, Aratz e Imeleku


Salimos de Bilbao a las 7 de la mañana dirección a la localidad alavesa de Araia, nos hemos reunido Miguel “el intrépido”, Aurelio “geyperman” y su mujer Isa. Nuestro objetivo es el Aratz, una mole cuya cima rocosa en forma de volcán atrajo mi atención ya hace mucho tiempo, la tenía un poco olvidada, pero hace unas semanas que estuve por aquí cerca y la idea de subir esta montaña empezó a tomar forma, además hemos tenido la suerte de contar con el mejor de los guías. Hace un año que participo en los foros de Mendiak, una página dedicada a las actividades de montaña y a través de la cual tomé contacto con Mikel, en Mendiak Es más conocido por su Nick, Jefoce, cuyos reportajes son una auténtica gozada. En fin, que habíamos quedado con Mikel en Araia para realizar juntos la ascensión al Aratz. Durante el trayecto en coche la niebla lo cubre todo, no puedo evitar sentir cierto nerviosismo ante la idea de conocer a Jefoce en persona. Llegamos a Araia y allí, a la entrada del pueblo, nos espera Mikel. Tras los saludos y las presentaciones de rigor desaparecen por completo los nervios, es como lo imaginaba, además de muy alto es muy afable, simpático y conversador. Iniciamos el recorrido que ha preparado Mikel cerca de la antigua fábrica de Ajuria, por una pista donde un cartel indica la dirección al Aratz. Comenzamos a ganar altura y a disfrutar de las primeras vistas del espléndido día que nos espera.


Esta primera parte del camino discurre a través de un entramado de pistas, y aunque abundan los carteles indicadores, puede resultar fácil despistarse. Llevo el GPS, pero yendo con Míkel es como si lo llevara de adorno pues parece conocer todos y cada uno de los desvíos que debemos tomar. Entre el arbolado, a través de un claro, destaca la peña de Marutegi y los restos de su antiguo castillo.

Abandonamos las pistas para tomar un bonito sendero rocoso que asciende entre las hayas y aprovechamos para charlar y conocernos un poco más.


Seguimos ascendiendo por el camino que, poco antes de salir a terreno despejado, se encajona entre las rocas y toma un aspecto soberbio. Llegamos a una zona de pastos donde destacan las vistas sobre el cercano Aizkorri y una borda conocida como la del tuerto, su historia tendrá, supongo… A nuestra derecha tenemos ya el Aratz. Antes de remontar la fuerte pendiente avanzamos un poco a media ladera, pero finalmente no queda más remedio que tirar recto para arriba, este será el tramo más duro que debamos afrontar en todo el día.


Esta parte de la subida se me está atragantando un poco, Jefoce siempre se deshace en halagos para con mis fotos y más de una vez me ha preguntado por mis “secretos”… pues bien, hoy voy a desvelar el más evidente, pero en el que nadie repara: cuando subo muy asfixiado o falto de fuerzas me paro muchas veces, necesito coger aire, y ahí es donde aprovecho para sacar fotos que para otros suelen pasar desapercibidas. Así que ya lo sabes Mikel, hay que subir despacito, despacito.

Antes de hacer cima en el Aratz se pasa por una cota secundaria, Elurzuloak, que como nos explica Mikel, debe su nombre a dos enormes neveras naturales que hay bajo su cima, en la vertiente norte. Aprovechamos para hacernos la primera foto de grupo del día y disfrutar de las preciosas vistas que tenemos a todos lados, después cada uno sacando fotos por su lado para finalmente dirigirnos hacia la cercana cima del Aratz.

Recorremos los pocos metros que nos separan de nuestro objetivo principal y nos despojamos de las mochilas, durante unos instantes nos dedicamos a disfrutar de las vistas para luego pasar a dar buena cuenta del bocadillo, que nos lo hemos ganado.


En estas estamos cuando aparecen un grupo de montañeros que se saludan efusivamente con Mikel, son sus tíos y unos amigos de éstos, que también han elegido hoy el Aratz para su salida montañera.
Abandonamos la cima de Aratz no sin cierta pena, al menos por mi parte, es un lugar que me ha gustado mucho y al que no creo que tarde en volver, pero debemos seguir, vamos bajar hacia Imeleku, o Aratz Txiki, como lo llaman los tíos de Mikel, para completar un recorrido circular. El descenso es rápido, enseguida se pierde de vista la cima y la mirada se va hacia Imeleku, en el que también destaca su cima rocosa.

El intenso azul del cielo y las nubes nos ofrecen la posibilidad de sacar fotos muy vistosas y no desaprovechamos la oportunidad, además, ya conoceis mi secreto, y es que bajando también me canso…

Llegamos al collado donde se inicia la subida al Imeleku y, aunque se puede evitar, nos metemos unos momentos en un precioso hayedo, en un mes esto va a coger unos colores increíbles. Hacia atrás queda el Aratz


Tras una corta subida alcanzamos la cima de Imeleku donde nos encontramos con dos curiosos buzones, uno de ellos en forma de cohete, aunque alguno intentó darle un uso muy diferente, y otro que a mí me gustó mucho ¿por qué será? De nuevo las cámaras de fotos salen a relucir y nos retratamos unos a otros, en todo tipo de posturas, unas más montañeras que otras…

Imeleku me ha gustado mucho y me parece el complemento perfecto para cualquier ruta que pase por la cima del Aratz, tiene unas vistas muy buenas sobre la llanada y tiene una vertiente rocosa que recuerda a zonas de mucho más renombre, tipo Pirineos o Picos. El cielo y las nubes siguen dando un toque de color especial a las fotos.


Descendemos siguiendo las marcas rojas y blancas del sender GR de la vuelta a Gipuzkoa para dirigirnos hacia el collado de Allarte. Hacia Navarra aún persiste la niebla y hacia atrás Imeleku nos sigue brindando la oportunidad de sacar bonitas fotos y llevarnos un buen recuerdo para casa.

En el collado de Allarte tomamos la pista que desciende directamente hacia Araia, pero nos desviaremos hacia el nacedero del río Zirauntza, donde ya estuve hace poco, un lugar desconocido para todos mis acompañantes, incluido Mikel, así que vamos a aprovecha para acabar la jornada junto al relajante sonido de las aguas del arroyo.
Abandonamos la pista y tomamos un camino a la derecha que discurre pegado a un canal que nos llevará hasta el nacedero, un bonito y tranquilo lugar para pasar una tarde de verano. De nuevo toca sesión de fotos.


Dejamos el nacedero para afrontar el último tramo de nuestro paseo. Caminamos junto al arroyo que discurre en sucesivas cascadas formando pequeñas pozas en las alguno tuvo la tentación de meterse, es un lugar muy bonito.

El paseo llega a su fin, ha sido un día redondo, por el recorrido, por la meteorología y sobre todo por la compañía, pero aún nos queda tiempo de disfrutar de esto último pues aprovechamos para comer en un restaurante de Araia y compartir un rato más con nuestro anfitrión, Mikel (Jefoce), un gran montañero y una gran persona.



 



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