19 de octubre de 2008

Toloño - Cantabria: "Vértigo"


Hasta última hora no me he decidido por este recorrido, la otra opción que barajaba era en la sierra de Aralar: Ganbo, Irumugarrieta y Balerdi, en un recorrido circular con salida y llegada en Amezketa, pero al final he tomado rumbo hacia la llanada alavesa, la sierra de Toloño-Cantabria tiene algo especial, un no sé qué, tal vez sea... ¿vertigo?
He salido de Bilbao a las siete de la mañana y mi destino es la localidad navarra de Lapoblación. La previsión del tiempo es buena, pero durante todo el camino veo que la provincia de Alava está cubierta de nubes y apenas se vislumbra la luz del sol, de todas formas ya está decidido, aunque es una pena pues me hubiera gustado aprovechar la luz mañanera del sol por el tema de la fotografía. Al tomar la salida de la autovía en La Puebla de Arganzón me para la Guardia Civil en un control de esos que dan miedo, con pasamontañas, metralleta y pinchos para las ruedas. Uno de los agentes, con gesto muy serio, me pide que baje del coche y abra el maletero mientras me pregunta a donde voy, le respondo que al monte. Al abrir el maletero su gesto se vuelve aun más serio si cabe, ¿al monte?, me pregunta. Al principio no entendía el porqué de su expresión, pero, ostras, el maletero esta vacío, cuando voy al monte sólo siempre dejo la mochila en el suelo de los asientos traseros, en cuanto me percato de ello informo al señor agente, aún así me invitó a sacarla y abrirla para comprobar su contenido. Tras el visto bueno prosigo mi camino y sin mas incidencias llego a mi destino, Lapoblación. Por aquí ya hay menos nubes, las siluetas de Lapoblación y el cresterío de Peña Alta auguran una bonita jornada montañera... y fotográfica. Dejo el coche junto a la iglesia y comienzo mi largo paseo...

La subida a Lapoblación es cómoda y rápida, en poco más de media hora estoy en la cima. Es curioso ver como las nubes que provienen del norte llegan hasta la sierra, la atraviesan cubriéndolo todo y acto seguido, como por arte de magia, se disipan, hacia el sur todo está despejado y el sol está ahí, quiere, pero no puede. Las vistas sobre la sierra de Toloño-Cantabria son excepcionales.

La cima de Lapoblación, en contraste con el resto de la sierra, es una amplia explanada donde nos encontraremos un vértice geodésico, el buzón, restos de una plataforma donde probablemente hubo alguna antena y los restos del supuesto castillo de Punicastro, aunque puede que sólo sean restos de antiguas fortificaciones de las guerras carlistas.

Aún hay muchas nubes así que decido pasar un rato deambulando por la cima, recorriendo el cordal, contemplando mi próximo objetivo y su impresionante silueta, Peña Alta. Asomándome a las verticales paredes de esta cima en su vertiente norte, sintiendo la montaña...

Las nubes van desapareciendo poco a poco y el sol se va haciendo sitio, es hora de ir bajando hacia el puerto de Bernedo. Más o menos a un centenar de metros antes de la cima sale el sendero que, por la vertiente norte, aunque parezca infranqueable, lleva hasta el puerto de Bernedo, A mitad de bajada la senda se bifurca en dos, yo cojo el camino de la derecha pues antes de ir al puerto quiero bajar hasta un pequeño claro para hacer algunas fotos de las paredes de Lapoblación, pero tengo el sol de frente y no puedo hacer gran cosa.

Una pista lleva a un repetidor junto al cual cojo el sendero que llega hasta la carretera, unos metros antes de coronar el puerto. Cruzo la carretera y me interno en el bosque a través de una pequeña abertura entre las ramas de los árboles y la maleza, que lo cubre todo. El sendero zigzaguea un poco y enseguida sale a terreno despejado, se pasa junto a una borda y enseguida tengo ante mí el fabuloso cresterío de Peña Alta. Abandono el sendero que discurre paralelo al cordal y que evita el mal trago de sufrir a aquellos que padezcan de vértigo o prefieran eludir el riesgo que implica caminar al borde mismo del precipicio.

El día se ha despejado por completo y el sol brilla con fuerza, las vistas desde aquí son una gozada, el ir caminando en el mismo filo de la montaña es una sensación increíble, uno tiene la sensación de que va a echar a volar y, en caso de tropiezo, eso es lo que te puede ocurrir, que eches a volar... hacia abajo. La verticalidad de las paredes que tengo por delante, y perdón por la expresión, es acojonante.

El camino es una continua sucesión de resaltes rocosos, por algunos de los cuales hay que trepar, pasillos aéreos, muy aéreos, pero que como he dicho antes, siempre se pueden evitar siguiendo el marcado sendero que discurre a mi derecha, pero si queréis disfrutar de verdad de este paseo tenéis que acercaros todo lo que podáis, aunque sólo sea para echar alguna que otra mirada hacia abajo. Es un buen ejercicio para quitar el miedo a las alturas, os lo dice alguien que hasta no hace mucho padecía de vértigo.

A medida que me aproximo a la cima la adrenalina se dispara, los pasos que hay que salvar son cada vez más impresionantes, quizás el más espectacular sea un peña escorada hacia el vacío, literalmente se sale de la montaña.

A este paso le sigue otro, es la parte más bonita de la subida. Un pequeño respiro, una mirada hacia atrás para recordar el camino ya recorrido, una mirada hacia abajo para no bajar la guardia y un último obstáculo...

Tengo ante mí la cima, un angosto pasillo y un sencilla trepada me separan de ella, casi me da pena que esto se acabe. Avanzo con decisión por este último tramo de la arista, la mirada hacia abajo pone los pelos de punta, comienzo a trepar y antes de darme cuenta estoy frente al buzón que señala la cima de Peña Alta, la sensación que tengo en este momento, echando la vista atrás, es indescriptible.

Por si a alguien le sabe a poco, el cresterío se alarga hasta la cima de Payo Redondo, pero creo que aquí ya es necesario utilizar material y, por supuesto, saber escalar, algo que de momento esta lejos de mis posibilidades, así que yo me conformo con haber llegado hasta aquí. Sentado sobre el pie del vértice geodésico que acompaña al buzón en la cima aprovecho para comer y disfrutar de las vistas.

He cubierto la primera parte de mi recorrido, ahora toca una bajada vertiginosa hacia Bernedo por una senda que me ha resultado muy incómoda, la fuerte pendiente y que casi toda la bajada es como una pedrera hacen que continuamente tenga que ayudarme de las ramas de boj para no caerme. Acabo saliendo como disparado hacia una pista por la que poco a poco iré remontando otra vez los muchos metros de desnivel perdidos, mi objetivo ahora es San Tirso.

Esta parte del camino discurre entre arbolado, a la sombra, pero con una humedad muy alta, me ha tocado sudar de lo lindo, esto, unido al bocata de chorizo, ha hecho que acabe casi con mis provisiones de agua, por suerte estoy informado de la existencia de una fuente bajo las paredes de San Tirso, la fuente del Aguila, a la que llega tras atravesar un curioso y estrecho paso entre dos enormes rocas, lo que no sabía es que a estas alturas del verano me iba a encontrar un pequeño charco de agua estancada... de todas formas eché un traguito. Como decía, todo el camino transcurre entre árboles, con pocas vistas, hasta que finalmente se sale a una senda que parece asfaltada al estilo Zen, justo al llegar a la base del Bonete de San Tirso.

El Bonete de San Tirso casi merece un capítulo aparte, es increíble como esta mole de roca surge de la tierra y se eleva por encima de los 40 metros.

Sólo unos metros separan el Bonete de la peña bajo la cual se encuentra la ermita de San Tirso. El camino se encrespa y en algún momento incluso tengo que apoyar las manos, a la izquierda dejo la cima de la peña bajo la cual está la ermita y a la que me acercaré más tarde para hacer fotos del Bonete. Ya tengo a la vista la cima en la que me voy a encontrar con dos buzones, uno de ellos muy curioso, con forma de veleta, con gallo y todo y de muy vivos colores.

Tengo que decir que después de todo, el cresterío de Peña Alta no me pareció tan dificil como imaginaba, eso sí, peligroso es muy peligroso, pues cualquier tropezón puede hacer que nos despeñemos, sin embargo, la cima de San Tirso me puso bastante nervioso, es una cima muy estrecha, rocosa y muy incómoda para moverse, al menos la zona de los buzones, y el rato que estuve sacando fotos no podía apartar la mirada del abismo que tenía al lado, a apenas medio metro de mi amigo el gallo. Estuve el tiempo necesario para sacar unas cuantas (bastantes fotos) y me alejé unos metros hacia una zona algo menos expuesta.

Antes de iniciar el camino de vuelta tengo pendiente una última cosa, dedicarle unos minutos al Bonete de San Tirso, que como he dicho antes me parece un pedazo de roca impresionante. Me acerco hasta lo alto de la peña sobre la ermita, desde donde se tiene una vista excelente del peñón, de Peña Alta, de Lapoblación, de la sierra de Kodes y del resto de la sierra de Toloño-Cantabria en dirección a Peña del Leon, la siguiente cima, no muy lejos de San Tirso.

Toca deshacer el camino andado, y sin agua, poco antes de llegar al Bonete hay un cartel que indica la existencia de una fuente a diez minutos, la fuente de los Cazarros, pero hay que descender, y diez minutos bajando pueden ser muchos metros de desnivel para luego tener que volver a subir, además es bastante probable que me encuentre con otro charco como el de la fuente del Aguila, así que toca hacer de tripas corazón y aguantar un poco, total sólo son unos diez kilómetros hasta el grifo más cercano... El regreso lo hago por la vertiente sur, primero por sendero y después por pista, al llegar al desvío hacia el puerto de Kripán, camino por el que vine, continúo de frente por el ancho camino que desciende hacia la llanada. Hay varias pistas, alguna de las cuales recorre la base de la sierra, mi intención en principio era tomar la más próxima a las paredes de Peña Alta, pero finalmente, entre la sed que tenía y algún despiste que otro continué siempre por la pista que baja hacia Kripan para después tomar un camino forestal dirección a Meano.

Cansado y sediento aún tenía que aprovechar para hacer alguna que otra foto y echar una última mirada a esas paredes que he recorrido esta mañana, ¡que diferente se ve desde aquí abajo!

La llegada a Meano fue como la de un naúfrago que llega a una isla paradisiaca o como la de alguien que en medio del desierto se encuentra un oasis, sólo buscaba la fuente del puebl... y la encontré, el resto os lo podeis imaginar. Ya sólo me queda recorrer la distancia que separa Meano de Lapoblación, por carretera y cuesta arriba, la estampa que tengo ante mí de Lapoblación no tiene nada que ver con la pared vertical que he estado viendo durante casi todo el día, es el leon dormido, como también la llaman.

Fin del trayecto. Sentado en la pequeña plaza junto a la iglesia de Lapoblación, mientras me quito las botas y me cambio de camiseta, escucho el estridente sonido de algún grupo heavy, la música sale de un coche aparcado muy cerca, y pienso en el contraste entre el silencio que me ha acompañado durante todo el día allí arriba, apenas me he cruzado con gente, y el ruido de aquí abajo, de todas formas no está mal porque si tengo que buscar un calificativo para el paseo de hoy, además de vertiginoso, diría que ha sido... muy heavy.






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ACERCA DEL TRACK: Si os descargais el track y decidís seguirlo, mucho cuidado, ya sabeis que la posición del GPS no es exacta y puede haber unos metros de error, y en este recorrido un metro puede ser la diferencia entre contarlo y no, ni que decir tiene que con niebla no es nada recomendable, lo mismo que si la roca está humeda.
 

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