21 de septiembre de 2008

Pirineos: La llamada


Como casi todos los años, mi cuñado “el montañero” y su pareja regresaban de unas largas vacaciones recorriendo Europa en un ZX que tiene una pila de años y de kilómetros, pero que nunca les falla. Y como todos los años, dejan unos cuantos días para pasearse por los pirineos. No todos los días recibo una invitación para acercarme a estas montañas, así que, cuando recibí la llamada de “el montañero”, ni siquiera le pregunté que cima tenía pensada, simplemente le dije “dime donde y cuando” (previa autorización de mi mujer, claro).
Salgo de trabajr el viernes y después de comer me dirijo a Zuriza, donde hemos quedado y donde pasaremos la noche en el albergue del camping para, a la mañana siguiente, ascender el Mallo de Atxerito. Tras un buen desayuno y un café/colacao en el bar del camping, nos dirigimos hacia el refugio de Linza, donde aparcamos el coche. El aparcamiento está hasta arriba así que tenemos que dejar el coche unos cientos de metros antes del refugio, el número de personas que seguramente se dirijen a la Mesa de Los Tres Reyes es muchisimo mayor que el de los que tomamos la dirección contraria, de hecho, sólo “el montañero”, su pareja y yo tomamos el camino que nos llevará al paso del caballo. Ante nosotros destacan las blancas paredes de roca del Ezkaurre y la cima piramidal de Txamantxoia.

En seguida comienzan las primeras rampas que nos llevan hasta el paso del caballo, el cual se alcanza en pocos minutos, descendemos unos metros y proseguimos la ascensión hacia el collado del paso del oso remontando una senda que discurre a través de un bonito hayedo. El sol va a calentar de lo lindo y, aúnque aún es temprano, se agradece la sombra que proporcionan las hayas.

Una vez en el paso del oso, me desvío un poco a la izquierda para encamarme a unas rocas y contemplar las vistas hacia la Paquiza de Linzola y la zona por la que discurre la subida a la Mesa de los Tres Reyes.

La estampa es para sentarse un rato a disfrutar de las vistas, pero nos queda mucho camino por delante, mucho y duro, porque la rampa que tenemos enfrente es de las que quitan las ganas de seguir adelante.

Delante nuestro suben una pareja con un niño de unos diez años, el pobre está hecho polvo, no me estraña, su padre nos comenta que esta es la primera vez que le llevan al monte... pues se le van aquitar las ganas de volver. Más o menos a mitad de la subida, gracias a dios, hay que desviarse hacia la izquierda para buscar un sendero que parte desde un pequeño llano y que en suave pendiente va bordeando la infernal loma que lleva hacia Chinebral de Gamueta. Siguiendo este sendero se llega a la Plana de Diego, una pequeña depresión que hemos de remontar, primero por terreno herboso y después entre rocas, ya siempre bajo las impresionantes paredes de Chinebral de Gamueta a nuestra derecha y con la vista puesta en la cima de Atxerito.

Este tramo proporciona un pequeño respiro a las piernas antes de afrontar las rampas que dan acceso al collado del Huerto y que a mí se me hizo algo durillo, claro que aún no había visto de cerca la pala final de subida... Dejamos a nuestra izquierda el sendero que desciende hacia las Foyas del Ingeniero y al barranco de Petrechema. A nuestra derecha las impresionantes paredes de Chinebral de Gamueta.

Llegamos al collado del Huerto y la vista que tengo ante mis ojos hace que me olvide del esfuerzo realizado. Son los Pirineos con mayúsculas. Allí al fondo hay una silueta oscura inconfundible, lo he visto tantas veces en foto... de los demás necesito la ayuda de mi cuñado para ponerles nombre, pero el Midi es inconfundible, esta es la primera vez que lo veo en persona. El paisaje que se abre a mis pies es impresionante.

Como decía antes, ahora tenemos delante nuestro la pala final, lo más duro de la ascensión, a mí se me hizo interminable, no sé cuantas veces me paré por el camino, y no fui el único... no, mi cuñado “el montañero” ni siente ni padece, ese sube como un cohete. Además, para más INRI, subía tan asfixiado que no me di cuenta y me desvié del sendero que rodea la antecima siguiendo los pasos de un par de chicos que iban delante siguiendo trazas de un sendero que se dirigía a una brecha tras la cual yo suponía que estaba la cima, pero no, lo que había era una pequeña canal que había que destrepar, los chicos que llevaba delante se dieron la vuelta para regresar al camino correcto, pero yo decidí bajar por la canal como un jabato, eran unos diez metros casi en vertical, pero con muy buenos agarres, después ya sólo quedaba remontar unos metros para llegar a la cima, donde “el montañero” y su pareja hacía un rato que habían llegado.

Una vez más las vistas hacen que uno se olvide del esfuerzo realizado y de otras muchas cosas que nos agobian en el día a día. La vista se pierde en el horizonte. Nos hacemos la foto de cima y avanzo un poco por el cordal buscando un lugar donde sentarme un poco a recuperar el aliento y disfrutar del inmenso paisaje que tengo delante.

Desde aquí, con la ayuda de los prismáticos, se puede contemplar como en la cima de la Mesa de los Tres Reyes se amontona la gente, sin embargo, aquí, no estamos más de diez personas, unos llegan y otros se van, pero todos aprovechamos para reponer fuerzas, yo también, por supuesto, pero sigo deleitándome con las vistas a uno y otro lado. Por la zona francesa, como casi siempre, un manto de nubes choca contra las montañas.

No se cuanto tiempo hemos estado en la cima, pero se me ha hecho muy corto, es una pena, pero tenemos que iniciar el camino de vuelta, yo debo regresar a Bilbao, y son tres horas y media de camino, así que no queda más remedio que volver, pero la diversión no ha terminado, comenzamos la que sin duda ha sido la bajada más bonita que he hecho nunca, nos dirigimos a las Foyas del Ingeniero.

La bajada por las Foyas del Ingeniero es vertiginosa, por terreno de roca descompuesta y propicio a los resbalones, al principio se desciende encajonado entre rocas en las que se agarra el pino negro y poco a poco se va abriendo hacia el barranco de Petrechema ofreciendo unas fabulosas vistas de la cara sur de esta cima. A medida que bajamos no puedo dejar de mirar hacia atrás, es un paisaje que te engancha.

Por suerte, a mi cuñado “el montañero” también le gusta sacar muchas fotos, así que aunque continuamente me quedo rezagado, no tardo mucho en dar alcance a la pareja para, una vez más, volver a quedarme atrás, un árbol, un cairn, el sendero marcado en una pedrera, todo es excusa para sacar una foto.

La bajada se suaviza antes de alcanzar el barranco de Petrechema, hacia cuyo fondo nos dirigimos nosotros, tras cruzar una gran pedrera salimos a un llano y nos desviándonos del camino que lleva hasta Linza pasando por el refugio de Petrechema, para así continuar por el fondo del valle, donde las vistas hacia atrás son para recordar.

Una vez en el fondo del valle el resto del camino es un agradable paseo entre árboles, cuya sombra a estas horas y a estas alturas del recorrido se agradece enormemente. Es una pena que la fuente de Linza, con ese agua tan fresca, no esté más arriba, pero aprovechamos para refrescarnos, llenar las cantimploras y llevarnos algo que, al menos a mí, aúnque sólo sea por unas horas, me va a recordar el magnífico día que hemos pasado.

Entre bromas le digo a mi cuñado “el montañero” y su pareja que tengo ganas de que se vuelvan a marchar de vacaciones, o mejor, de que vuelvan de vacaciones y volver a recibir esa llamada invitándome a subir una montaña con ellos, la que sea, me da igual, pero por favor... ¡que me llamen!




 


 

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