7 de mayo de 2008

Muela, Peña del Santo, Soila... descubriendo Izki


De nuevo nos hemos reunido Miguel “el intrépido”, Iñigo “el prudente” y yo, Lucio “gps”. Esta vez ha elegido el destino Iñigo, cuya cultura montañera sobrepasa con creces la mía y la de Miguel. Cuando nos dijo que íbamos a la Muela, pues bueno, nos sonaba un poco a chino; cuando dijo que estaba en el parque de Izki ya nos pareció mejor; cuando dijo que tenía más de mil metros pensamos que hasta podría estar bien... y cuando llegamos allí nos quedamos impresionados, primero por el paisaje, y después por el recorrido tan bonito que acabamos haciendo. Gracias Iñigo, ¡qué haríamos nosotros sin ti!


Comenzamos el recorrido en el pequeño pueblo de San Román de Campezo (Durruma Kanpetzu) desde donde junto a la iglesia parte un sendero balizado. En pocos minutos se alcanza el collado de Las Casetas, donde un poste nos indica los diferentes caminos que podemos seguir. Me llamó la atención lo bien señalizados e informados que están los senderos, en comparación con otros lugares, aunque precisamente al cartel informativo que hay en este collado con la información de los montes que se ven desde este punto mirando hacia las sierras de Toloño – Cantabria y Kodes. Hacia la derecha parte el sendero que rápidamente nos llevará a la cima de Muela.


Los últimos metros

En uno de los números especiales de la revista Euskalherria catalogan esta cima como una de las 50 más bonitas de Euskalherria, y aunque esto es algo muy subjetivo, en este caso creo que es cierto. Es increíble como cambia el aspecto de esta montaña vista desde el pueblo de San Román, se la ve tan cerca que parece muy poca cosa, pero una vez arriba la estampa es impresionante y los cortados parecen duplicar su altura.




Las vistas son espectaculares, además, el día acompaña y el contraste de color entre los campos, el cielo y la roca le dan un aspecto aún más impresionante.


Después de disfrutar un rato de las vistas caminamos siguiendo el cordal y bajamos otra vez hasta el collado de Las Casetas. Desde aquí tomamos ahora el sendero que sale hacia la izquierda, en dirección a la Ermita de San Román, pero no nos dirigimos hacia ella, sino que en el siguiente cruce seguimos el camino que asciende y que tras cruzar un portillo en la roca nos coloca en el cordal que lleva hasta la Peña del Santo, bajo cuya cima, en una oquedad se encuentra la Ermita. Por un sendero que discurre entre matorrales de boj se llega a un pequeño claro rocoso donde se encuentra la cruz que corona la cima de la Peña del Santo. Hace un viento fortísimo y apenas nos quedamos el tiempo suficiente para hacernos la foto en la cima




Bajamos primero por una pedrera y después por sendero hasta un mirador donde, de nuevo, podemos disfrutas de unas excelentes vistas. Seguimos bajando por una preciosa senda que nos llevará hasta el pueblo de Corres, lugar de referencia de todo el Parque Natural. Después de varios cruces y postes de señales llegamos a una pista desde la que ya podemos ver nuestro siguiente objetivo, Soila. La pista acaba en una amplia área recreativa con asadores , mesas y zona de juegos para los chiquillos, un buen lugar donde pasar un bonito día con la familia y hacer algo de monte.



Atravesamos el pueblecito de Corres, donde aprovechamos para refrescarnos en la fuente de la plaza y continuamos por una pista que rodea la iglesia y pasa junto al cementerio.




Hay que seguir la pista hasta una bifurcación donde seguimos en sentido ascendente, de frente, para después tomar un marcado sendero hacia la derecha que nos llevará hasta la cima de Soila. A medida que ganamos altura podemos contemplar un inmenso panorama. Al llegar al cordal aún queda un corto paseo hasta cima, que también está considerada como una de las 50 más bonitas de Euskalherria.



Justo al llegar a la cima nos ha pillado un chaparrón y hemos tenido que descender un poco. Los árboles y el boj nos proporcionan abrigo de la lluvia y del fuerte viento que se ha levantado. Una vez pasada la tormenta y ya que estamos sentados, aprovechamos para comer. El viento también ha parado un poco así que ahora podemos acercarnos a la cima con más tranquilidad, hacernos la foto de rigor y disfrutar de las vistas.



Antes de llegar a la cima de Soila se encuentra un ojo natural con un pequeño entramado de cavidades. Evidentemente no podemos evitar el meternos por ellas, asomarnos por la pequeña ventana abierta en la roca en la parte más alta del ojo, a través de la cual destaca la imagen del pueblo de Antoñana.


A pesar del chaparrón que nos ha caído en la cima, hemos tenido suerte con el tiempo, sobre todo porque las enormes nubes que inundan el cielo nos están proporcionando imágenes que nos invitan a volver por aquí en breve. En primavera, con todo verde (o sea, por estas fechas) debe estar todo impresionante, y no digamos en otoño, el color de los enormes hayedos y robledales... y en invierno, estos parajes nevados deben ser el no va mas.



Descendemos por el mismo sitio que hemos subido y al llegar a la bifurcación anterior, cogemos ahora el camino que queda a nuestra izquierda. Nos dirigimos hacia un mirador desde el que vamos a contemplar un pequeño promontorio rocoso llamado el Castillo (Gaztelua) cuya imagen es increíble como cambia según el lugar desde el que mire. Cuando bajamos hacia Corres, era un pequeño saliente cubierto de árboles, y ahora se ha convertido en un muro de roca que se alza impresionante ante nuestros ojos. La luz del sol, que se filtra entre las grises nubes, le confiere un aspecto aún más impresionante.


Iniciamos el camino de regreso. La tentación de subir a la cima de el Castillo es muy grande, pero se está haciendo tarde, Miguel se ha quedado con las ganas e Iñigo respira tranquilo porque esta vez me he puesto de su parte, aún nos queda un largo camino de vuelta.


Deshacemos el camino andado, pero esta vez nos dirigimos al collado de Las Casetas por la senda que va desde Corres. El camino a través del bosque es realmente bonito. La última rampa antes del collado tiene bastante pendiente y se hace un poco dura, pero al llegar arriba aún nos espera una sorpresa inesperada. El sol se está poniendo. Sopla un viento fuerte y helador y mientras Iñigo va bajando poco a poco, Miguel y yo no podemos resistirnos a sacar unas últimas fotos de la puesta de sol.



Hemos disfrutado mucho con el paseo, además de haber acumulado un desnivel de subida considerable sin apenas darnos cuenta. Y nos hemos propuestos volver por aquí muy pronto. Quizás a pasar un bonito día en familia allá en Corres y, por supuesto, subir al Castillo.




 

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