15 de febrero de 2008

Toloño - Cantabria, cresteando


Septiembre es para mí uno de los meses más bonitos del año, y aprovechando el buen tiempo, hoy he decidido acercarme hasta una zona que desconozco, pero que esconde una de las sierras más peculiares que he visitado. Se trata de un cordal afilado como un cuchillo con grandes extensiones llanas a ambos lados, lo cual propicia unas vistas espectaculares: la sierra de Toloño-Cantabria.

Salgo desde Bilbao hacia el pequeño pueblo de Lagrán, uno de los lugares más habituales para acceder a las cimas más importantes de esta sierra, de hecho, detrás del Gorbea, de 1.481 metros, aquí se encuentran las cimas más altas de Alava, Larrasa 1.454, Palomares 1.417 y Cruz del Castillo 1.432, que es mi principal objetivo.

La subida la realizo por la llamada senda de las carboneras, un antiguo camino carretil que discurre a través de un frondoso bosque que apenas deja pasar la luz, la verdad es que de noche y con niebla no sé si me atrevería a pasar por aquí. El camino se hace ameno ya que está salpicado de pequeños carteles informativos acerca de los diferentes tipos de arboles que se pueden ver y sobre la actividad carbonera que antaño se desarrollaba en la zona, de ahí el nombre de la senda. El bosuqe termina en un pequeño collado conocido con el nombre de puerto del Toro y ya puedo ver los primeros escarpes rocosos tras los cuales se esconde la Cruz del Castillo. Me detengo un rato para admirar el paisaje que comienza a vislumbrarse.



Enseguida continúo el camino por otra senda que discurre a través de la vegetación y un nuevo bosque, es un camino muy bonito y que rápidamente me llevará al collado que separa las cimas de Cruz del Castillo y Larrasa.



El día es espléndido, pero al llegar al collado, el viento sopla con fuerza. Un sendero pedregoso lleva enseguida hasta la cima de Cruz del Castillo. Me siento bajo la cruz de hierro que preside la cima y disfruto con el paisaje que se extiende a mis pies y con el escarpado cresterío que va de Larrasa a Palomares.



Aún es muy pronto y la proximidad de la cumbre de Larrasa, el ser la segunda cima de la provincia, la hacen muy tentadora, así que me encamino hacia ella. He leído que hay varios tramos de trepada y que hay que tener cierto cuidado. Enseguida descubro que realmente es así. La subida es bastante empinada, la roca está humeda y cubierta de tierra suelta, con lo cual esta algo resbaladiza. Comienzo a subir agarrándome a las hierbas primero y, después, a trozos de correas colocadas para facilitar la subida. Así hasta que llego a un paso muy estrecho en la roca por el cual, con la mochila a la espalda y la bolsa de fotografía es imposible pasar, tendría que quitármelos, no sé porqué, si es la desconfianza, la inexperiencia, el instinto o el miedo, pero no me atrevo a seguir, y eso que la cima debe estar ahí al lado, pero me doy la vuelta y regreso a la Cruz del Castillo.



Denuevo sentado bajo la cruz me dedico a obserbar el paisaje y decido que el resto del día lo dedicaré a fotografiar la zona, y para comenzar, qué mejor que el impresionante cordal que lleva desde el puerto del Toro hasta las peñas del San Tirso.



Desde este lugar privilegiado, observo una zona despejada, como un prado, cercana al puerto del Toro junto a los paredones de la montaña por donde andan volando gran cantidad de buitres. Me despido de la cruz y bajo hasta este lugar para ver si consigo alguna imagen decente de los buitres, pero como casi siempre, en cuanto llego, desaparecen, pero obtengo otro punto de vista de la sierra y lo aprovecho.



Justo enfrente tengo unos cortados de roca, por donde antes volaban los buitres, y dado mi desconocimiento de la zona y a un recorte de periódico que llevo con un croquis de la ruta, deduzco que estoy bajo la cima de la Peña del Leon y decido subir hasta ella. Regreso al puerto del Toro y comienzo a recorrer el cordal hasta llegar a esta peña, y enseguida descubro que esto no es la Peña del León, ante mí comienza un camino través de una de las sendas más bonitas que he recorrido y por un cresterío que, en más de una ocasión, quita el hipo por los impresionantes cortados que quedan a uno de los lados.



La vista engaña, y el vértice geodésico de la cima de la Peña del León parece más cercano de lo que en realidad está. El camino discurre a veces ladeando el filo de la montaña y otras por el mismísimo borde, es un paseo para tomárselo con calma y disfrutarlo y, aunque no es dificil, hay que tener cuidado con algunos pasos. Las vistas desde la cima son inmensas, a un lado pequeños pueblos como Lagrán y al otro, grandes pueblos como La Guardia, Haro y allá, a lo lejos, Logroño.



El día empezó con la intención de subir a la Cruz del Castillo, continuó con el intento fallido a Larrasa, después se convirtió en un paseo fotográfico y finalmente ha sido una de las travesias montañeras más bonitas que he realizado, ¿se puede pedir algo más? Pues sí, la despedida de un buitre.









 

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