3 de febrero de 2008

Gorbea y el viento

Fecha: 3 de febrero de 2007
Lugar: Parque Natural del Gorbea
Cimas: Gonga 1.045 - Pagazuri 1.280


Para los que conocen el Gorbea, es bien sabido que cuando allí arriba pega bien el viento, hay que agarrarse los machos. Me lo habían contado, lo había oído y leído, pero hasta que no lo he vivido en persona, no me he hecho una idea de lo que puede llegar a ser...
Hacía mucho tiempo que tenía ganas de ascender el Gorbea con nieve, no sé, será una tontería, pero me apetecía, y, ayer sábado, desde otra cima pude ver que algo de nieve ya tenía, así que como estaba anunciado tiempo más o menos estable, esta mañana he ido hacia Murua, en la provincia de Alava para iniciar la subida. He elegido este sitio, primero porque no lo conocía, y segundo porque es una subida fácil, por pistas, y como no sabía como iba a estar el terreno en cuanto a hielo y nieve, pues he preferido no arriesgarme mucho.
El suelo estaba completamente helado y la nieve se ha hecho esperar un poquito, hasta los 1.200 metros nada de nada, después, aunque no mucha, he podido disfrutar pisándola.









Una vez alcanzada la cima de Pagazuri la nieve se hace más presente, y también la niebla, que lo cubre todo. Los senderos son bastante evidentes, pero hay tantos que puede dar lugar a equivocaciones, así que no está de más hechar mano del GPS para estar seguro de por donde se anda.





Ya no me queda nada, sólo remontar la última rampa que lleva hasta Igiñiger y seguir la suave loma hasta la cima, pero la cosa comienza a ponerse complicada, durante este último tramo de subida ya he notado que la intensidad del viento aumentaba con cada paso que daba y al llegar al cordal sopla con una intensidad como nunca había visto. La niebla apenas deja ver unos metros por delante, así que de nuevo hecho mano del GPS para confirmar la dirección a seguir. Es increíble, el viento, que viene por mi izquierda, hace casi imposible el avance y hace que mi trayectoria se desvíe hacia la derecha, esto no es bueno, porque además de perder algo de altura, ahí, oculto entre la niebla, está el barranco de Dulao, no sé si ha 10, 20 o 30 metros, pero sé que está ahí. Intento remontar la ladera y pasar hacia la otra vertiente, pero con el viento de cara es aún peor. Parece mentira, pero en el fondo estoy disfrutando, es la pelea del hombre con la montaña, pero, de repente, la fuerza del viento es tal que me hace perder el equilibrio y caigo al suelo. Esto ya no me hace tanta gracia. Me cuesta levantarme, pero sigo avanzando, otra mirada al GPS, ya no queda nada. Avanzo haciendo fuerza con el cuerpo hacia mi costado izquierdo, no sé, debo parecer la torre de Pisa, pero algo más inclinado. Vuelvo a perder el equilibrio y el aire me tira al suelo. Durante unos segundos permanezco de rodillas, con la cabeza hacia abajo intentando evitar la paliza que me está dando el aire, el bastón clavado en el suelo, casi para tener algo donde agarrarme, con la esperanza de que amaine un poco y seguir hasta la cima, tocar la cruz y salir pitando de allí, pero no, esto cada vez es peor. Vuelvo a mirar el GPS y me preparo para un nuevo intento ¡Dios, apenas me he puesto de pie y el viento me ha vuelto a tirar! De nuevo estoy de rodillas, con la cabeza entre las piernas, es la leche, por un momento pienso que me voy a quedar allí, en esa postura tan ridícula hasta sabe dios cuando, no puedo evitar que me entre la risa, para mí es una situación un tanto surrealista. El viento no para, pero no lo dudo ni un instante, en cuanto me levante me largo de aquí. Y eso he hecho, levantarme, dar media vuelta y deshacer el camino andado hasta donde el viento, por fín, me ha dejado respirar tranquilo. Ni siquiera me he parado a descansar o a pensar en lo que acababa de pasar, simplemente quería salir de allí. En un momento que la niebla se ha disipado un poco he podido ver la cima, con su cruz, pero lo que no se veía hoy, era gente.











Mientras hacía estas últimas fotos, bajaba una persona desde la cruz, un hombre mayor, que me ha contado cómo a duras penas ha podido agarrarse a la cruz para evitar que el viento le lanzara ladera abajo, hacia el collado de Aldamiñospe, y que en un momento que el aire le ha dado un pequeño respiro, ha aprovechado para salir literalmente corriendo ladera abajo huyendo del vendaval. Hemos hecho parte de la bajada juntos y ha sido muy agradable oir la voz de la experiencia, pero, sinceramente, hoy, hubiera preferido encontrármelo cuando estaba allí arriba, de rodillas, con la cabeza hundida entre los hombros y con el bastón clavado en el suelo .
PD: después de descargar el track desde el GPS, he podido ver cómo me he quedado a 38,9 metros de la cima, y la cruz ni se veía, de lo contrario creo que lo hubiera conseguido. Perdón, he leido mal los datos del GPS, realmente me he quedado a 389 metros, con lo cual no lo hubiera conseguido ni de coña.
 

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