29 de diciembre de 2007

Usategieta, el vigía de Austingarmin

Fecha: 24 de septiembre de 2006
Lugar: Parque Natural de Gorbeia (Bizkaia)
Cimas: Usategieta 1.188 - Ipergorta 1.226


Es la primera vez que accedo al parque de Gorbea y sus montañas desde esta zona y lo primero que me encuentro tras dejar el coche en un aparcamiento a más de 700 metros de altura, es la pista que conduce a la majada pastoril de Austingarmin. Esta parte de la ascensión discurre a la sombra de los montes de Arno, un cordal que asciende poco a poco desde Orozko hasta alcanzar su punto más alto en la cima del Odoriaga.



En poco menos de media hora se llega al collado desde donde ya se divisan las primeras bordas. hacia atrás, la imponente silueta de las Atxas de Itxina.


Al principio apenas me detengo a observar las cabañas de los pastores y me dirijo en línea recta hacia mi objetivo, la loma pelada de Usategieta, pero a medida que asciendo tengo una mejor perspectiva de Austingarmín y empiezo a darme cuenta de la belleza que se encierra entre estas rocas, el gris de la piedra mezclado con el rojo de los tejados y la verde hierba consiguen que me detenga y eche la vista atrás varias veces.


Una vez en la cima, lar cabañas pierden protagonismo en favor del paisaje que las rodea, a un lado la cumbre piramidal del Odoriaga, con su inconfundible camino en forma de enorme "Z" para salvar el fuerte desnivel, y al otro lado el maravilloso mundo de Itxina.



Pero, además de Itxina y Odoriaga, hay otro punto que llama fuertemente mi atención, es una cumbre herbosa y redondeada, Ipergorta. Después de descansar un poco en la cima de Usategieta, y azotado por el fuerte viento que se ha levantado, me encamino hacia Ipergorta siguiendo las marcas rojas y blancas que siguiendo el cordal atraviesan una zona rocosa cubierta por un bosque de hayas. Comienza a llover.


El camino apenas requiere esfuerzo y las vistas desde la cima son impresionantes.


Pero de nuevo hay otro punto que llama más mi atención, es la cumbre rocosa de Gorosteta. Está ahí al lado, así que me pongo de camino. Tras recorrer el cordal, esta vez se trata de una alfombra de hierba, llego a la base de Gorosteta, aquí no queda más remedio que encaramarse entre las rocas y subir, pero el tiempo se ha puesto feo, la lluvia arrecia, se hecha la niebla y el viento sopla fuerte, muy fuerte. No conozco esta cumbre, intuyo que tengo la cima muy cerca de mí, pero la roca resbala mucho y en algunos lugares parece el filo de un hacha, así que desisto y me retiro. Regreso hasta la cumbre de Usategieta y al hechar la vista atras veo que las nubes han desaparecido y la montaña es perfectamente visible, es como si se burlara de mí o me estuviera tentando "ven, aquí estoy", pero no, hoy no.


La lluvia ha parado y el sol se abre paso timidamente entre las nubes. La montaña no ha querido ser del todo mala conmigo, y como despedida, me ofrece un magnífico arco iris.






f o t o s

Música de Manolo García: "Mar Antiguo" (instrumental)

24 de diciembre de 2007

Anboto, perdido en las alturas

Fecha: 24 de diciembre de 2006
Lugar: Urkiola (Bizkaia)
Cimas: Anboto 1.331


Noche buena, hoy es uno de los días más ajetreados de todo el año. Por la mañana hay que llevar a los niños a ver la llegada del Olentzero (el Santa Claus vasco), después hay que apurar para hacer las últimas compras, ese regalo que siempre dejamos para el último momento... y por la tarde a preparar la cena familiar, pero este año he decidido tomármelo con calma, no voy a ver al Olentzero con mi hijo, lo hará mi mujer, no voy a apurar las últimas compras, ya lo hice la semana pasada, y no me voy a pasar la tarde cocinando, eso lo hace mi madre. Yo me voy al monte.

Hace un día muy bueno, fresco, pero soleado. A las once y media he dejado a mi hijo con mi mujer para que vaya a ver al Olentzero y le pida todos los juguetes que quiera, yo no le he pedido nada, pero sin quererlo, me va a hacer el mejor regalo que podía esperarme.

Me voy a Urkiola. Quiero aprovechar la mañana para hacer un pequeño recorrido desde el Santuario hasta el collado Larrano pasando por la cima de Urkiolamendi, pero nada más dar los primeros pasos, con la cima del Anboto entre los pinos, semioculta por las nubes, me invade un presentimiento, un presentimiento que se hace más fuerte cuando llego al collado de Asuntze.




El poste de señales que hay en el collado ofrece varias posibilidades, Larrano, Urkiolamendi, Atxarte, Zabalandi, Guenzelai...



No sé muy bien porqué, pero me olvido de todas estas señales y me fijo en una sóla, Anboto. Llevo mi vista a la dirección que indica el cartel y ahí está, comienzo a andar sin apartar la vista de su cima, y no sé porqué... pero cada vez está más cerca, mucho más cerca.




Un nuevo poste de señales, una mirada atrás, pero ya no hay vuelta atrás, hoy, el destino, o tal vez el Olentzero, han querido que sea el día elegido. Comienzo a subir.



La nieve caída los días pasados es como si hubiera sido colocada con mucho cuidado, como si se tratara de un decorado preparado para la ocasión, y el camino, que discurre a través de un hayedo, es de una belleza que no puedo describir, las pisadas sobre la nieve dejan al descubierto el sendero entre las rocas y los árboles, tengo la sensación de estar viviendo una película en la que soy el protagonista, pero esto no es más que un sucedáneo de lo que me espera más adelante.




A medida que me acerco a la antecima me invade una cierta sensación de desasosiego, he leído que hay un paso no muy complicado, pero bastante aéreo, además las nubes están cubriendo la cima y apenas puedo verla. ¿Es posible que todo haya sido una ilusión, que tenga la cima ahí delante, pero que después de todo no pueda llegar a ella? ¿O talvez esas nubes están ahí, dejando al descubierto el camino a seguir, ocultandome los peligros para que pueda seguir adelante? No lo sé, pero tiene que ser eso, me siento como si estuviera a las puertas del mismísimo Everest, tengo que seguir.



Los últimos metros entre la niebla, el crujir de la nieve helada bajo mis pies, el último esfuerzo y, al fín, el mejor regalo que jamás podía haber soñado, el mejor final para esta película, estoy en la cima del Anboto.



Nunca me ha costado tanto marchar de una montaña como me ha costado hoy, y por muchas más veces que vuelva a subirla, sé que nunca será lo mismo, no sé si lo que he vivido lo volveré a vivir alguna otra vez, pero lo que sí sé es que jamás lo voy a olvidar.



f o t o s

Música de Qeen: "This Are The Days Of Our Lives"

17 de diciembre de 2007

Oiz...

Fecha: 3 de febreo de 2007
Lugar: Berriz (Bizkaia)
Cimas: Oiz 1.029 - Astoakurutzeburu 820


Es domingo, durante la primera parte de la semana ha nevado bastante y ha hecho mucho frío. El fin de semana se ha presentado más templado y aunque la nieve ha desaparecido de las zonas de menos altura, en algunos lugares aún se puede disfrutar de su presencia, así que hoy he decidido pisar nieve. He salido tarde de casa y mi destino son las cimas de Urregarai y Bedartzandi, cerca de Markina. Para acceder a ellas hay que remontar una pista de cemento con bastante desnivel en algunos tramos y por aquí no pasan los quitanieves. Los neumáticos de mi coche no están en muy buen estado y patinan demasiado, así que no me queda más remedio que dar la vuelta como puedo y volverme para atrás, pero no voy para casa, de camino hacia Markina he visto que el Oiz estaba despejado y se veia muy blanquito.

El Oiz es una de esas montañas que la mano del hombre ha terminado por desnaturalizar por completo, primero fueron las antenas de comunicaciones y las pistas que permiten llegar a 50 metros de la cima en coche y después los modernos molinos de viento, aún así, me gusta mucho por las vistas que ofrece y porque, si se sabe buscar, aún conserva algún pequeño rincón con esencia de montaña.




He dejado el coche al inicio de la pista que asciende hacia la ermita de San Cristóbal y me dirijo directamente a la cima. Para mi sorpresa, las nubes cubren la vertiente norte de la montaña mostrando un magnífico mar de nubes del que sobresalen como pequeños islotes mis dos primeros objetivos, Urregarai y Bedartzandi. El atardecer y el aire limpio del invierno hacen que el cielo adquiera unos colores impresionantes.




No puedo evitar un escalofrío al recordar la tragedia que se produjo a pocos metros de donde estoy y que hace ya casi 23 años se llevó la vida de las 148 personas que viajaban a bordo del Boeing 727 de Iberia "Alhambra de Granada", el vuelo 610 que cubría el trayecto entre Madrid y Bilbao se estrelló a las 9:30 de la mañana cuando el tren de aterrizaje chocó con las antenas de comunicación de la cima debido a la intensa niebla.



La nieve que cubre la montaña esta casi helada, se nota que no es reciente, pero a mí me encanta pisarla, y fotografiarla.



Me olvido de los gigantes que me rodean y busco esos rincones que recuerdan que algún día aquí no hubo ni antenas, ni carreteras, ni molinos de viento...


... y que la única presencia humana era la de aquellos que necesitaban de la montaña para subsistir y la de nuestros más remotos antepasados.




No sé vosotros, pero para mí, esta montaña aún guarda motivos suficientes como para que no nos olvidemos de ella.



f o t o s

Musica de Andrew Bird: "Cataracts"

 

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