24 de diciembre de 2007

Anboto, perdido en las alturas

Fecha: 24 de diciembre de 2006
Lugar: Urkiola (Bizkaia)
Cimas: Anboto 1.331


Noche buena, hoy es uno de los días más ajetreados de todo el año. Por la mañana hay que llevar a los niños a ver la llegada del Olentzero (el Santa Claus vasco), después hay que apurar para hacer las últimas compras, ese regalo que siempre dejamos para el último momento... y por la tarde a preparar la cena familiar, pero este año he decidido tomármelo con calma, no voy a ver al Olentzero con mi hijo, lo hará mi mujer, no voy a apurar las últimas compras, ya lo hice la semana pasada, y no me voy a pasar la tarde cocinando, eso lo hace mi madre. Yo me voy al monte.

Hace un día muy bueno, fresco, pero soleado. A las once y media he dejado a mi hijo con mi mujer para que vaya a ver al Olentzero y le pida todos los juguetes que quiera, yo no le he pedido nada, pero sin quererlo, me va a hacer el mejor regalo que podía esperarme.

Me voy a Urkiola. Quiero aprovechar la mañana para hacer un pequeño recorrido desde el Santuario hasta el collado Larrano pasando por la cima de Urkiolamendi, pero nada más dar los primeros pasos, con la cima del Anboto entre los pinos, semioculta por las nubes, me invade un presentimiento, un presentimiento que se hace más fuerte cuando llego al collado de Asuntze.




El poste de señales que hay en el collado ofrece varias posibilidades, Larrano, Urkiolamendi, Atxarte, Zabalandi, Guenzelai...



No sé muy bien porqué, pero me olvido de todas estas señales y me fijo en una sóla, Anboto. Llevo mi vista a la dirección que indica el cartel y ahí está, comienzo a andar sin apartar la vista de su cima, y no sé porqué... pero cada vez está más cerca, mucho más cerca.




Un nuevo poste de señales, una mirada atrás, pero ya no hay vuelta atrás, hoy, el destino, o tal vez el Olentzero, han querido que sea el día elegido. Comienzo a subir.



La nieve caída los días pasados es como si hubiera sido colocada con mucho cuidado, como si se tratara de un decorado preparado para la ocasión, y el camino, que discurre a través de un hayedo, es de una belleza que no puedo describir, las pisadas sobre la nieve dejan al descubierto el sendero entre las rocas y los árboles, tengo la sensación de estar viviendo una película en la que soy el protagonista, pero esto no es más que un sucedáneo de lo que me espera más adelante.




A medida que me acerco a la antecima me invade una cierta sensación de desasosiego, he leído que hay un paso no muy complicado, pero bastante aéreo, además las nubes están cubriendo la cima y apenas puedo verla. ¿Es posible que todo haya sido una ilusión, que tenga la cima ahí delante, pero que después de todo no pueda llegar a ella? ¿O talvez esas nubes están ahí, dejando al descubierto el camino a seguir, ocultandome los peligros para que pueda seguir adelante? No lo sé, pero tiene que ser eso, me siento como si estuviera a las puertas del mismísimo Everest, tengo que seguir.



Los últimos metros entre la niebla, el crujir de la nieve helada bajo mis pies, el último esfuerzo y, al fín, el mejor regalo que jamás podía haber soñado, el mejor final para esta película, estoy en la cima del Anboto.



Nunca me ha costado tanto marchar de una montaña como me ha costado hoy, y por muchas más veces que vuelva a subirla, sé que nunca será lo mismo, no sé si lo que he vivido lo volveré a vivir alguna otra vez, pero lo que sí sé es que jamás lo voy a olvidar.



f o t o s

Música de Qeen: "This Are The Days Of Our Lives"

 

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