14 de noviembre de 2007

Vuelta a Anboto

Fecha: 10-11-2007
Lugar: Parque Natural de Urkiola (Bizkaia)
Cimas: Andasto 805 – Izpizte 1.065


Sábado, mediodía, ni una sola nube en el cielo, el ambiente fresquito, pero el sol calienta, un día cien por cien otoñal. Mi intención hoy es llegar hasta el collado de Zabalaundi para fotografiar el Anboto, pero sin subirlo, si acaso subiré al Izpizte. Esta montaña es impresionante y desde el lugar en el que me encuentro, Arrazola, mucho más, estoy a sus pies, la cima queda a más de mil metros por encima de mi cabeza.


Comienzo a caminar junto a la iglesia de Arrazola, en el valle de Atxondo, por una carretera que asciende entre preciosos caseríos reformados. El camino enseguida se convierte en una pista que poco a poco se va estrechando hasta que se llega a una antigua calzada de piedra. A mi derecha los escarpes rocosos del Anboto y a mi izquierda el barranco por el que fluyen las aguas del arroyo Errekaundi y la imponente visión del Udalatx.




La pendiente propicia la formación de pequeñas cascadas y pozas de agua, especialmente atrayentes al llegar a un pequeño llano presidido por dos hayas de grandes dimensiones. Es un buen lugar para coger aire y hacer fotos.





Por este lugar se cruza el arroyo y el camino asciende en zigzag para llegar hasta un nuevo llano donde comienza un gran hayedo. El suelo está alfombrado por las hojas secas, hay tantas que la senda se ha difuminado, hay varias personas rastreando para encontrar de nuevo el camino. Me uno a ellos y durante unos minutos ascendemos la fuerte pendiente de manera desordenada, buscando el paso más fácil, hasta que finalmente reconocemos el sinuoso perfil del camino bajo la hojarasca.



Tras este fuerte repecho salgo a terreno herboso y despejado, es el collado de Andasto. Mientras recupero el aliento observo que la modesta cima del Andasto queda a mi izquierda y no me va a suponer ningún esfuerzo ni una gran pérdida de tiempo llegar a su cumbre, pero sin darme cuenta me he olvidado de algo, la imagen que me encuentro al girarme me impresiona, la luz del sol reflejada en la piedra blanca me deslumbra, ahí está el Anboto, como una colosal pirámide de roca.



Tras una pequeña trepada me encaramo a la cima del Andasto, presidida por un pequeño buzón. Las vistas son muy buenas, además del Anboto, en dirección opuesta, el solitario Udalatx y su cresterío destacan sobre el horizonte de sierras guipuzcoanas.




Continuo mi caminar hacia el collado de Zabalaundi que ya es perfectamente visible, con su pequeño refugio. El camino discurre ahora siguiendo el sendero GR-123, se trata de una pista ancha que atraviesa un bosque cuyos árboles ya han perdido todas sus hojas. A través del enmarañado entramado de ramas, como si estuviera encerrado en una prisión, puedo ver la imagen del Anboto.



A la salida del bosque el terreno se abre hacia las verdes campas de Zabalaundi que poco a poco se mezclan con el blanco de la roca para finalmente ser sólo piedra que de forma vertiginosa se alza hasta la cima. Puedo distinguir pequeños puntitos que se mueven allá arriba y otros que comienzan a descender. Me he sentado sobre la hierba por que la imagen que tengo delante es para grabarla en la memoria, quiero recordar todos los detalles y, cuando vea las fotos que estoy haciendo, quiero experimentar la misma sensación que tengo ahora, una sensación de calma total.




Tener esta mole delante, con el día que hace... la tentación de subirlo es enorme, pero voy justo de tiempo, no quiero que se me haga de noche, hoy me conformaré con robarle mil y una imágenes. Continúo con mi idea original, la de subir a Izpizte, desde donde espero tener una buena perspectiva de la montaña y podré sacar buenas fotos. La subida no me lleva mucho tiempo, el camino es un tanto caótico. Entre los árboles y las rocas, marcas de pintura, hitos de piedra, palos clavados en el suelo y un poquito de intuición, todo vale para marcar el camino que lleva a la cima.

La cumbre de Izpizte me resulta aún más caótica que la subida, árboles y rocas dan cobijo a dos buzones, el más antiguo de ellos completamente olvidado y abandonado, cubierto de oxido. La vista del Anboto no es como yo me esperaba, pero sí merece la pena contemplar el paisaje hacia el valle de Aramaio. Es una pena por que tengo el sol justo de frente y las fotografías no hacen justicia a la belleza de este paraje.




Tenia pensado aprovechar este momento para descansar y comer un poco, pero, por lo incómodo del terreno y lo sombrío que es, aquí hace fresco, decido retornar hasta Zabalaundi, comeré sentado al sol, apoyado en las paredes del refugio, junto al Anboto (no todos los días se puede comer en un sitio así)




He cumplido el plan del día, pero aún tengo tiempo y decido seguir el sendero del GR-123 en dirección hacia Urkiola. Voy a ir hasta el collado Pagazelai, desde donde comienza la subida más habitual a esta montaña, intentaré aprovechar que el sol ya está bajo y la luz es mejor para hacer fotos. Un nuevo punto de vista, otra estampa diferente, pero es la misma montaña.




Es hora de pensar en la bajada. Tengo dos opciones, deshacer el camino recorrido o seguir adelante hacia el cercano collado de Larrano y bajar por la cara Norte dando la vuelta completa al Anboto, este zona es completamente desconocida para mí, pero, ¿por qué no? El camino hacia Larrano pasa primero junto a la fuente de Pol Pol, cuyo chorreo resuena en el fondo de una hondonada , y después se asoma a Atxarte en el collado de Asuntza. En el tramo hasta Larrano apenas me entretengo en tomar unas pocos fotos, el tiempo apremia.




Comienzo a descender en busca del sendero balizado que me llevará al punto en que inicié mi recorrido. Voy descendiendo pero no veo ningún sendereo, ni señales que marquen el camino. Cuando el terreno comienza a volverse más escarpado descubro trazas de lo que parece un sendero, al menos la roca está sucia por los restos de pisadas y durante un instante creo que voy por el camino correcto, hasta que llego a un punto en que me encuentro con un terreno rocoso en fuerte descenso y abajo, pero mucho más abajo de donde estoy, lo que sí parece ser el sendero correcto. Tanto el sendero como la bajada que tengo delante confluyen en el mismo sitio. La opción de volver atrás y bajar directamente hacia el sendero no parece mejor que la de seguir adelante, el terreno es bastante escarpado, así que finalmente me decido a bajar por la ladera de roca, buscando los pasos más fáciles. No tengo ni la más remota idea ni los más mínimos conocimientos sobre escala, trepe o destrepe, así que tengo que improvisar; No sé si es mejor bajar de cara a la pared o de espaldas, pero allá voy. Tengo la sensación de que hasta el más inexperto de los escaladores se moriría de risa si me viese en estos momentos, con el culo pegado a la roca “ay ama, que me caigo de morros, mejor me giro un poco, ¡uf! Que me clavo el maldito bastón, pero ¿dónde narices me agarro ahora? Y el móvil lo tengo en el fondo de la mochila, a ver quien llama al 112, ¿me pongo ya a gritar y pedir auxilio? ¡Venga que ya casi no me queda nada! Ay ama, ay amaaa... por los pelos!! Un saltito más y... ya está!!!! lo he conseguido, he bajado por ahí, yo solito, con estas manitas, ja, creo que ya estoy listo para escalar en Atxarte, un pequeño paso para la escalada, pero un gran salto para mí”




En fin, que con más pena que gloria he llegado a los prados de Zabaleta, frente a mí tengo las paredes de Frailia y la subida por Anboto Sakona, restos de antiguas bordas y el sendero que lleva hasta Arrazola. Untzillatx recibe los últimos rayos de sol de este día.



Por suerte, el resto de la bajada transcurre sin ningún otro contratiempo, y con las luces de las farolas ya iluminadas llego a la pequeña plaza de Arrazola.
Vuelvo al calor del coche e inicio el regreso a casa. Ahora la montaña es tan sólo una negra silueta que se recorta contra el azul oscuro del cielo, fuera hace frío, y en el CD del coche suena Nine Million Bicycles, de Katie Melua.






 

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