9 de noviembre de 2007

Mugarra, a la sombra de un gigante

Fecha: 01-11-2007
Lugar: Sierra de Aramotz (Bizkaia)
Cimas: Mugarra 964

Hoy toca una excursión corta, pero de esas que dejan un buen sabor de boca. Salgo tarde de casa y entre las diferentes opciones que me había planteado me decido por el Mugarra. Aúnque ya había estado hace casi dos años, fue subir y bajar, no pude disfrutarlo, pero hoy, aunque con poco tiempo, lo subiré con más calma.

El día amanece despejado, pero justo por la zona del Duranguesado se ven bastantes nubes. La primera vez subí desde Mañaria, así que hoy, para variar, elijo el camino que parte desde el área recreativa de Landaederra, cerca del barrio de Orozketa. Tras atravesar la zona de recreo se llega hasta un aparcamiento donde el asfalto se convierte en pista de tierra. El camino comienza por terreno despejado, en una zona que está siendo repoblada con pinos. En la espesura del bosque, el otoño marca la diferencia entre los árboles perennes y los caducos. Enseguida se llega al punto en el que debo abandonar la pista, un poste de señales se encarga de recordarme que en 30 minutos estaré en Mugarrakolanda. El sendero embarrado discurre entre helechos, pero enseguida comienza a encajonarse entre las rocas, la piedra está resbaladiza y hay que tener cuidado, pero los continuos pasos en forma de escalera facilitan el ascenso. Estoy atravesando el paso de Kataska. El camino se ensancha por momentos y se abre hacia las fuertes pendientes herbosas que llevan a Mugarrakolanda o a los primeros escarpes rocosos del Mugarra, según la dirección que se tome. La verdad es que la cuestita impresiona, ya decía yo que había tardado muy poco en cruzar el paso de Kataska y que hasta Mugarrakolanda no podía haber 30 minutos, pero sí, si que los hay.




Tras un pequeño descanso y hacer las primeras fotos de la subida, me dirijo directamente hacia la roca, el gigante parece haberse despertado con mi presencia y me mira con sus ojos oscuros entre amenazador y sorprendido.




El último tramo de la subida, señalado con marcas de pintura roja, tanscurre ya por terreno rocoso, con las numerosas cimas y hoyadas de la sierra de Aramotz a mi espalda. Enseguida alcanzo el cresterío, y aunque el camino continua a media ladera a través de un hayedo, también se puede hacer siguiendo el cordal. Yo elijo esta opción, el camino es fácil de hacer, con las debidas precauciones, pues a la derecha quedan impresionantes paredes verticales , morada de los buitres.




Tras un corto paseo alcanzo la cima. Desde aquí tengo una de las mejores vistas del parque de Urkiola, en primer plano el colosal Untzillatx, y tras él, la columna vertebral de este parque, el cresterío que comienza en el Alluitz y culmina en el majestuoso Anboto, y tras ellos, Udalatx.



Como ya he dicho, hoy toca disfrutar, así que después de sacar las obligadas fotos de la cima, he recorrido todo el cordal, hasta el punto en que ya no quedaría más remedio que descender. Las nubes tan pronto dejan ver el sol como lo ocultan, la temperatura aquí arriba es agradable y apenas sopla el viento. Descanso, como y hago fotografías.




Tras este parón vuelvo sobre mis pasos y comienzo el descenso hacia Mugarrakolanda. Comienza a soplar el viento y ahora sí tengo frío, pero es soportable, hasta que llego al collado, aquí la cosa es diferente, o me abrigo o me congelo. La visión del Mugarra desde aquí es impresionante, ahora el gigante se ha despertado del todo y la sombra de las nubes proyectada sobre las paredes grises le dan un aire fantasmagórico. El gigante me acecha.



Por unos momentos pienso en alargar la excursión acercándome hasta el Leungana, pero las nubes aumentan y lo del cambio horario se nota bastante, no me gusta mucho tener que andar de noche por la montaña, pero aun tengo tiempo para subir un poco hacia el Artatxagan, sin llegar a su cima, hacia un saliente en la roca en el que ya estuve una vez y recuerdo que las vistas del Mugarra eran muy buenas. Remonto la fuerte pendiente y al llegar a este resalte rocoso, me siento a observar, he montado la cámara sobre el trípode y por unos momento no puedo más que mirar como las sombras de las nubes pasan sobre la montaña, es como si la acariciaran. Están amansando al gigante, que se prepara para volver a dormirse.



En lugar de descender por el mismo sitio, me deslizo a media ladera en dirección al sendero que baja del Leungana. No hay señales, sólo las hojas secas en el suelo y las ramas cubiertas de verde musgo me indican el camino que debo seguir. No sé si es el camino correcto, pero sé que es el camino que debo seguir.


Bajar por aquí no ha sido ningún capricho, sino que obedece a un plan “fotográfico” previo, la luz comienza a escasear y desde el punto en el que me encuentro se tiene una de las mejores vistas del Mugarra, vaya ¿es que el Mugarra tiene alguna vista mala? Pues no, pero esta quizás sea la más característica, la que permite identificarlo enseguida. Con todos ustedes... el Mugarra y Mugarrakolanda.



El día ya no da para más, comienzo el descenso por un sendero que discurre por encima del paso de Kataska y que bajo las paredes de Aramotz me lleva hasta la misma pista por la que inicié el camino. Al final, como siempre, hecho la vista atrás.Las nubes comienzan a arropar al gigante que, dentro de poco, se sumirá en un profundo sueño.









 

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