30 de octubre de 2007

Sierra Salvada

Fecha: 20-10-2007
Lugar: Orduña (Bizkaia)
Cimas: Txarlazo 938 – Txolope 1.027 – Solaiera 1.039 – Bedarbide 1.037 – Tologorri 1.066

Hoy disponía de todo el día, así que tenía que aprovechar para hacer una ruta más o menos larga. La predicción meteorológica era buena y hacía tiempo que tenía ganas de hacer un recorrido por la sierra Salvada, sobre todo desde que hace unos meses subí al Ungido y me di un paseo por Eskutzi, El Somo, aquél día no me acerqué hasta el Tologorri porque el tiempo se complicó, pero me gustó mucho la orografía de esta zona, a un lado las impresionantes paredes verticales cayendo sobre el valle y al otro lado las suaves ondulaciones de la meseta castellana.

Salgo de casa aún de noche y me dirijo hacia Orduña. La niebla lo cubre todo, pero de momento no me preocupa, ya lo dice el dicho “Niebla en la montaña, a la cabaña; niebla en el valle, a la calle”. Llego a Orduña y la niebla aquí parece más densa, para alguien que no conozca la zona es imposible imaginar lo que se esconde tras esta cortina de nubes, y la verdad, sentado a esperar que se disipara la niebla sería una bonita forma de descubrirlo, la sierra Salvada.

Atravieso la localidad de Orduña por la carretera que conduce al Santuario de Nuestra Señora de la Antigua y continúo dirección al pueblo de Londoño de Arriba, hacia el área recreativa de Fuente la Choza, punto de partida, y observo que alrededor la niebla aún es bastante densa, por un momento dudo si merecerá la pena subir, porque como se plante el bollo sobre la sierra... (el bollo es una niebla densa muy típica de esta zona, que se posa sobre la montaña como si de una capa de nata se tratara y que, a veces, no desaparece en todo el día), pero en un instante, a mi izquierda, comienzo a ver la silueta del Tologorri iluminada por los primeros rayos del sol, segundos después también puedo ver el Bedarbide y a mi espalda puedo distinguir la inconfundible silueta del monumento de la Virgen de Orduña, del Txarlazo y de toda la sierra. Ya no hay duda, ¡para arriba!


Me calzo las botas, el equipo de fotografía y la mochila. El camino comienza junto a los restos de un dolmen, tras cruzar una puerta metálica un panel nos indica que la ruta a seguir está señalizada por unos pivotes de madera con una marca roja. El camino comienza en suave pendiente atravesando un bosque, a la derecha surgen varias pistas y sólo veo árboles, sin embargo, a mi izquierda, el panorama es muy diferente, zonas de verdes pastos surgen entre la niebla que se retira poco a poco, no tengo muchas oportunidades de contemplar este espectáculo, así que debo aprovecharlo, esto bien merece una parada para hacer unas cuantas fotos con tranquilidad, tengo todo el día por delante y las montañas no se van a mover de donde están, la niebla, si.


Continúo el camino siguiendo las marcas rojas hasta una bifurcación en la que se desvían por una pista que desciende hacia la izquierda, yo sigo por el camino ascendente que me llevará al portillo de Goldetxo, pasando antes por la fuente del mismo nombre. Ya he ganado bastante altura y a mis pies tengo un mar de nubes sobre el que sobresalen algunas cumbres como pequeños islotes, esto también merece una pequeña parada.


Sigo avanzando y al llegar a un claro me percato que entre los árboles, en una parte de la ladera iluminada por el sol, algo se ha movido, es un corzo! No me lo pienso dos veces, cambio el objetivo angular por el tele lo más rápido que puedo, pero sólo me da tiempo a verle desaparecer ladera arriba entre la espesura. Otra vez será, amigo. El otoño ofrece sus mejores colores.


Ya sólo me queda remontar el antiguo camino carretil que va zigzagueando y que en cada recodo tiene bancos y mesas para quien ya se sienta cansado, me recuerda a los edificios antiguos sin ascensor que en cada rellano de escalera tienen una especie de banco para sentarse. La pendiente desaparece y el camino transcurre en sus últimos metros encajonado entre la roca, abriéndose hacia el terreno despejado de esta vertiente de la montaña, estoy en el portillo de Goldetxo. A mi izquierda, la Virgen de Orduña, ese monumento imponente que he visto cientos de veces, pero donde nunca había estado. La vista es impresionante, las nubes lo cubren todo desde el circo de Delika hasta el valle de Ayala. Este sí que es un buen balcón al que asomarse. Fotos hacia uno y otro lado y un vistazo hacia el Tologorri, objetivo final del día.


Tras un buen rato en el Txarlazo continúo con mi ruta volviendo sobre mis pasos hacia el portillo de Goldetxo, para, esta vez, seguir hacia la derecha y afrontar la subida al Txolope, único repecho duro junto con el de el Tologorri que tendré que afrontar hoy, pero antes pasaré por el singular refugio de Txolope, que se encuentra bajo los cortados y pegado a la pared del monte del mismo nombre. Curioso y bonito “adosado” con vistas hacia el puerto de Orduña.


En pocos minutos se llega a la cima del Txolope, que tiene dos buzones, uno muy original, con forma de mapamundi, y un diminuto belén dentro de una cápsula con forma de misil. Más fotos, más vistas impresionantes y continuo el camino hacia la siguiente cumbre, Solaiera.


Solaiera sólo tiene un vértice geodésico, pero hay que hacer las fotos de rigor. ¿Pero dónde está el trípode? ¡vaya!, me lo he dejado olvidado en el Txolope, es que con la emoción ya se sabe... la zona está bastante concurrida de gente, todos con cámara de fotos, espero que nadie se lo haya agenciado. Pues no, la gente montañera es gente muy honrada, el trípode sigue plantado donde lo dejé (gracias). Bueno, después de este pequeño contratiempo sigo mi camino, ahora le toca el turno al Bedarbide. El camino transcurre siempre paralelo al precipicio, y entre cima y cima me voy encontrando con los diferentes portillos que dan acceso a la sierra. Entre Solaiera y Bedarbide está el portillo de Bedarbide, donde me encuentro una pequeña cabaña de piedra y tejado metálico que antecede a una vertiginosa bajada.

Durante todo el camino me han acompañado los buitres, que han estado volando muy bajo, en algún momento incluso a ras de suelo, tengo la impresión de que se están riendo de mí, porque cada vez que cambio el objetivo angular por el tele, desaparecen de mi vista, pero al final les he pillado desprevenidos, posados en las rocas que sobresalen de las paredes de Bedarbide y ya no se van a reír más de mí (por lo menos hoy).


El lugar que han elegido para colocar el buzón del Bedarbide es un tanto extraño pues se encuentra en un saliente de la montaña a media ladera y no en la parte más alta de lo que parece ser esta cima, pero bueno. Las vistas a uno y otro lado siguen siendo espectaculares y la niebla se resiste a retirarse del valle. Aprovecho para sentarme un rato a comer, pues si bien la distancia entre las cuatro cimas que he hecho no es mucha, hasta el Tologorri sí me queda un paseito.


Una vez he repuesto fuerzas el camino sigue hacia el portillo de la Barrerilla, por donde más tarde bajaré, por la conocida Senda Negra. Aquí se forma una vaguada donde hay un bonito hayedo y una majada pastoril, además de un refugio, los colores son impresionantes, pero prefiero seguir mi ruta hacia Tologorri, a la bajada ya le dedicaré algún tiempo al hayedo. Comienza la última parte de ascensión y lo primero que me encuentro es la fuente de Iturrigorri, un lugar de parada obligada, hay que refrescarse un poco y echar una mirada atrás para contemplar el camino ya recorrido, la silueta de la montaña es realmente bonita, con las diferentes cimas sobresaliendo una detrás de la otra.



Por fin estoy en la cima de Tologorri, un pico impresionante. Aquí me quedo un buen rato, hay que disfrutar del tiempo, de las vistas y de la soledad, sí, también de la soledad, porque un sitio como este lo merece.


Siguiendo el cordal aparece la silueta del Ungino... el embrujo de la montaña me dice que vaya hasta él, pero es hora de ir pensando en la retirada, aunque no me he olvidado del hayedo. En vista de la posición del sol, decido avanzar por el cordal subiendo una pequeña loma que cierra el hayedo por su parte Oeste para así tener mejor luz y, de paso, alargar un poco más la excursión. Desde esta nueva posición el contraste de color es más notable y además también puedo ver el refugio y las cabañas de los pastores. Saco unas cuantas fotos desde la parte alta y me lanzo por la pendiente hacia las entrañas del bosque. El suelo es una alfombra de hojas secas que crujen bajo mis pies y hacia arriba el brillo de las hojas al trasluz forma un techo multicolor. Es impresionante.


He cruzado el hayedo de arriba abajo, de norte a sur, de este a oeste, ha sido genial. Una última mirada al Tologorri y comienzo la bajada por la senda negra, un precioso sendero que ofrece algunas de las mejores vistas del Tologorri, este sendero discurre bajo las paredes verticales que antes recorrí por encima hasta internarse en un bosque para luego desembocar en una aburrida pista que a su vez me lleva hasta la más aburrida carretera por donde llego al lugar en que dejé el coche.




Comencé mi paseo a las ocho menos cuarto de la mañana y son casi las seis de la tarde, diez horas disfrutando de la montaña, ¡qué pocas me han parecido!.












 

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