18 de octubre de 2007

Descubriendo Itxina (II) 06-10-2007

Lekanda - Igalirrintza - Arranbaltza - Atxulaur Haitza


La primera vez que recorrí la pista que va desde Pagomakurre a las campas de Arraba lo hice en sentido descendente, con un dolor de piernas insoportable, recuerdo que lo único que quería era llegar al coche, quitarme las botas y sentarme un rato. No tenía ganas ni de hacer fotos, y eso, en mi caso, es realmente un síntoma de cansancio.Esta vez el paseo comenzaba en Pagomakurre, y aunque no me gusta mucho lo de andar por pistas, el camino resulta entretenido, pues en todo momento se mantiene una bonita vista de las paredes de Itxina que caen en vertical hasta fundirse con el bosque que, en esta época del año, comienza a teñirse de tonos amarillos, naranjas y marrones y el contraste de colores, para el tema fotográfico, es una fuente inagotable de posibilidades.



A medida que asciendo, la visión de las campas de Arraba se hace más amplia. En media hora llego a la señal que indica a la izquierda hacia el Gorbeia y de frente hacia el paso de Kargaleku. Yo no cojo ninguno de los dos, mi intención es subir a Lekanda y después bajar a las campas para dedicar el día a sacar fotos de la zona, así que me dirijo hacia la derecha, directo hacia el paso de Arrabatxu o Igelarantz para, una vez más, entrar en Itxina.



Aquí el contraste de colores es aún mayor, las hayas, el verde de la hierba, el gris de la roca, el azul del cielo y el blanco de las nubes. Paro un momento para hacer fotos y enseguida me dirijo hacia las marcas de pintura roja que indican el camino que lleva a la cima de Lekanda. La subida es prácticamente toda ella por terreno rocoso, de fácil transitar, y que permite observar el resultado de la acción del viento, el frío, la lluvia y la nieve durante miles de años sobre la roca caliza.



Antes de darme cuenta estoy en la cima. La vista de las campas de Arraba es magnífica, el día es soleado pero por la zona del valle de Arratia se están formando nubes. Mirando hacia el Aldamín puedo contemplar cómo sobre el embalse de Iondagorta surgen hilos de vapor que se van uniendo hasta crear pequeñas nubes, nubes que ascienden rápidamente y se juntan con otras para crear nubes más grandes que por momentos ocultan la cima de Gorbeia. Aprovecho para comer, disfrutar de las vistas y sacar fotos durante un buen rato. A lo lejos puedo ver la típica hilera de gente que se forma en el último tramo de la subida al Gorbeia y también en su cima, en cambio yo estoy aquí, sólo. A veces no entiendo porqué todo el mundo se empeña en subir el mismo día la misma montaña, pero bueno, mejor para mí, yo prefiero las cimas solitarias.



En estas estoy cuando aparece un montañero, nos saludamos. Se quita la mochila, se acerca al buzón que marca la cima, saca un GPS y toma nota de los datos. Me pregunta por el camino hasta Atxular por el cresterío, le indico que no lo conozco, pero he leído que, aunque en algún tramo puede resultar incómodo al discurrir por el lapiaz, la travesía es factible. No se entretiene mucho y nos despedimos, a los cinco minutos le veo trepando entre las rocas dirección a Igalirrintza y en otros cinco desaparece de mi vista. Es pronto, y viendo lo rápido que ha llegado este chico hasta Igalirrintza decido acercarme, además, esta cima y otra que hay justo frente a Lekanda impiden tener una buena vista de Itxina, así que recojo los trastos y me pongo en camino. Cuando llego al collado descubro que el camino a seguir está marcado con pintura roja y en unos diez minutos estoy en la cima. Ahora tengo una visión más amplia del macizo y la vista hacia Lekanda es muy bonita.



Las marcas rojas continúan hacia Arranbaltza ¿qué hago, me acerco o me vuelvo hacia Arraba para continuar con el plan que tenía previsto? Arranbaltza no supone más de cinco minutos y me voy para allá. Vaya, las marcas continúan, esto es lo que yo llamo el embrujo de la montaña, el querer saber que habrá más allá de la siguiente loma, qué se verá desde aquel collado, qué hay al final de las marcas rojas...



El camino se aleja poco a poco del cresterío y discurre entre zonas que alternan la roca y la hierba para finalmente internarse en el hayedo, el suelo está cubierto de hojas caídas, los árboles de verde musgo y las rocas salpicadas de pintura roja.


Las nubes que antes veía formarse comienzan a internarse sobre Itxina, aquí la niebla puede ser tu peor enemigo, pero intuyo que Atxular está muy cerca y el sendero está perfectamente señalado. Tras una bajada entre rocas llego a Atxular. Una trepadita de un minuto y me encaramo a Atxulaur Haitza, casi sobre el arco del ojo. La niebla también utiliza Atxulaur Atea para introducirse en Itxina y desparramarse entre las hayas, lo está cubriendo todo, pero aún puedo hacer unas cuantas fotos.



Al final, el cambio de planes ha merecido la pena y he podido descubrir nuevos rincones de Itxina. Ya sólo me queda bajar hasta Pagomakurre por el camino habitual, llenándome de barro hasta las rodillas, y volver a casa.





 

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