14 de octubre de 2007

DESCUBRIENDO ITXINA (I) 03-06-2007

El macizo de Itxina, incluido dentro del Parque Natural del Gorbeia, en la zona vizcaína, es un lugar difícil de describir, es uno de esos sitios que es mejor visitar a que te lo cuenten. Se trata de un complejo cárstico que se eleva por encima de los mil metros, protegido en todo su perímetro por impresionantes farallones de roca, en el que la piedra y las hayas se funden creando un espacio laberíntico, plagado de pequeñas hoyadas, continuos sube y baja, algunas zonas herbosas y en el que, si te sales de los caminos balizados, es muy fácil desorientarse. En Itxina hay dos lugares emblemáticos, su puerta de acceso más conocida, el ojo de Atxular (Atxulaur Atea) un arco impresionante abierto en la roca, y la cueva de Supelegor, otra no menos impresionante cavidad, morada de brujas y fuente de innumerables leyendas. Pero Itxina es mucho más que Atxular y Supelegor, Itxina son las Atxas, cimas como Lekanda, Axkorrigan, Altipitatx y Gorosteta, praderas como las de Egalesaburu y Lexardi, pasos como el de Atxaragun, Kargaleku y Arrabatxu, el canal de Sintxita y el arroyo de Aldabide, simas, hayas y cuevas. Un lugar para visitar durante todo el año, pues con cada estación nos muestra una cara diferente; un lugar con incontables rincones que descubrir poco a poco; un lugar mágico donde perderse en las alturas.

URIGOITI – ATXULAR – URTUTXE – AXKORRIGAN – ATXARAGUN – URIGOITI

Partiendo desde el área recreativa del barrio de Urigoiti, en Orozko, me dirijo a los prados de Egalesaburu, donde pasta el ganado a la sombra de las imponentes Atxas. Para llegar hasta aquí, elijo el camino que va por el arroyo de Aldabide, pues me parece más entretenido y más fotogénico.




Desde las campas continuo a través del hayedo junto a los farallones hasta llegar al punto donde se divisa el ojo de Atxular y donde el terreno se pone cuesta arriba.



En diez minutos estoy bajo el arco, hago fotos y más fotos y sigo mi camino por la senda que en pocos metros se divide en dos, hacia la izquierda a las campas de Arraba y hacia la derecha a Supelegor. El camino está perfectamente señalizado, no hay pérdida. Desciendo por el sendero de pronunciada pendiente siguiendo las señales de pintura hasta que llego a un nuevo desvío, esta vez Supelegor queda a la izquierda y a la derecha, marcado con hitos, el camino que lleva al Axkorrigan, pero antes pasaré por la cima de Urtutxe.








Urtutxe no es una montaña muy prominente, y de no ser por su buzón pasaría desapercibida, pero desde su cima, al borde mismo de las paredes que caen sobre Egalesaburu, se tiene una amplia visión de lo que, más o menos, son los cuatro puntos cardinales de Itxina, al norte Axkorrigan, al sur Gorosteta, al este Lekanda y al oeste Altipitatx.


Tras una pequeña parada y sacar fotos ya sólo queda acercarse hasta el Axkorrigan en un corto paseo por la rocosa cresta. Las vistas son fabulosas, tanto de Itxina como del valle de Orozko, las Atxas, que antes quedaron sobre mi cabeza ahora están a mis pies, los montes de Arno que se elevan poco a poco hasta la cima del Odoriaga y allá, al fondo, como siempre en cualquier paseo por la zona, imperturbable, se divisa la gran cruz del Gorbeia. Es momento de sentarse a descansar, comer un poco y disfrutar del paisaje y del buen tiempo que hace.





Ahora toca bajar. No conozco el paso de Atxaragun y me acerco por el cresterío para echarle un vistazo, desde el aparcamiento de Urigoiti parece una pared vertical por la que sería imposible descolgarse, pero de cerca es diferente, la pendiente es muy fuerte y el primer tramo es una zona herbosa, lo que parece que puede hacer el descenso más complicado se convierte después en una ayuda, pues me puedo agarrar a las hierbas para no salir disparado hacia la pedrera que viene a continuación. Las pedreras no me hacen mucha gracia, pero esta se baja bien, además prefiero hacer una ruta circular que volver por el mismo sitio.


El camino está más o menos marcado al principio y después unos hitos indican por donde se puede bajar más fácilmente. Un par de resbalones, rozaduras en las manos, pero al final salgo de las rocas para alcanzar uno de los muchos senderos abiertos por el ganado y que llevan directamente al manantial de Aldabide para, desde aquí, volver al coche.
En este último tramo echo la vista atrás y contemplo la silueta de esta vertiente de Itxina, dan ganas de volver a subir, pero por hoy, es suficiente.






 

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