Durante las últimas semanas, en realidad han sido meses, he recorrido la sierra de Aramotz desde una punta a la otra, de norte a sur, de este a oeste… he iniciado mis recorridos en Artaun, Oba, Mañaria… he caminado por lugares que ya conocía y por zonas por las que, posiblemente, nunca haya pasado nadie… he pisado casi todas sus cimas, pero había dejado de lado la más importante, la que más me gusta y la que, en mi modesto currículo, tiene el honor de ser la montaña que más veces he subido, el Mugarra, y por eso la he dejado para el final. Es una montaña especial y especial tenía que ser también esta ascensión. Para mí era todo un reto que afrontaba con cierto recelo, pero tenía que intentarlo, subir al Mugarra por su arista este.
Hoy es lunes, sí, lunes, he cogido un día libre en el trabajo sólo para subir el Mugarra. A las 9 dejo al chiquillo en la ikastola y me dirijo hacia Mañaria. En Bilbao el cielo está muy brumoso y por el camino hacia Durango parecido, pero al llegar a Mañaria cambia el panorama, un cielo azul intenso asoma sobre el Mugarra y su arista este. Esto promete. Dejo el coche en el primer aparcamiento que hay al llegar a Mañaria, me calzo las botas y tomo el camino que, por carretera primero y por pista después, lleva hacia Mugarrikolanda. Al poco de abandonar el asfalto la pista se divide en dos, hacia la izquierda gira noventa grados en dirección a Mugarrikolanda, y a la derecha continúa hacia la cantera que devora la montaña, yo tomo esta dirección. A escasos cincuenta metros dejo la pista, por la izquierda, y me coloco por encima de la valla metálica, justo debajo del tendido eléctrico, tengo que subir todo recto por el pasillo que se abre delante de mí. La siguiente referencia es muy clara y evidente, al llegar a la parte más alta, una zona herbosa bajo otra torre del tendido eléctrico, aquí comienza la arista este del Mugarra, a mi espalda sólo queda el vacío creado por la cantera.
Cantera
Mugarra
Comienzo a caminar por la roca un tanto nervioso pensando en lo que pueda encontrarme por delante, pero enseguida me doy cuenta de que, aunque estos primeros metros son casi un paseo, por aquí hay que andar con los cinco sentidos puestos en lo que se está haciendo. Decido guardar el bastón, hoy me van a ser más útiles las manos.
Buscando al Mugarra con la mirada
Primeras trepadas
Por esta zona se avanza bien y tengo la posibilidad de hacer alguna pequeña trepadita, para ir calentando y cogiendo confianza, aunque como he dicho, mejor no confiarse, a veces la caída hacia los lados impresiona un poco, pero la arista, aunque escarpada ofrece buenos pasos y se anda con cierta comodidad y seguridad. De frente siempre el Mugarra, que hasta de lejos impresiona.
Impresionante Mugarra
Más trepaditas
Entre rocas y árboles voy progresando, el camino se hace muy ameno y bonito, además, poco a poco se va ganando altura y mirar hacia abajo se hace más agradable.
Entre árboles y rocas, el Mugarra
Cada vez más rocas y menos árboles
Mirando Hacia abajo
Tras superar algunos descensos y subidas se sale por fin a terreno despejado. Ante mí tengo la parte más complicada del recorrido, hasta aquí ha sido un paseo, pero ahora comienza lo bueno, lo bonito, lo divertido… y lo peligroso.
En terreno despejado
Lo bueno, lo bonito, lo divertido… y lo peligroso
El primer paso comprometido de la arista se me presenta en la subida a Atxurkulu, tiene buenos agarres y la roca parece firme, pero tiene mucho patio hacia la derecha, o sea, mucha caída, se puede evitar bordeándolo por la izquierda, siguiendo un senderillo y subiendo luego a la cima por el lado opuesto sin ninguna complicación, ni lo uno ni lo otro, no voy a exponerme demasiado, pero tampoco voy a renunciar a un poco de emoción. Voy a evitar la parte más complicada, pero al llegar al árbol de la foto me encaramo de nuevo a la arista, desde aquí a la cima, con cuidado, pero más tranquilo.
Atxurkulu
Desde el árbol a la arista evitando el peligro…
o tal vez no
Cima de Atxurkulu
Superado este primer tramo complicado, con un poco de trampa, es cierto, pero para alguien que no sabe lo que es escalar creo que no está nada mal, me siento sobre la cima de Atxurkulu a disfrutar de la imponente figura del Mugarra, a estudiar con la vista el siguiente tramo de arista. En principio no le veo ninguna complicación, salvo la fuerte pendiente, así que para allá me voy.
Estudiando el terreno
El descenso de Atxurkulu no tiene ninguna complicación, un mínimo destrepe y llego a terreno llano, pero poco, muy poco tiempo, enseguida el camino se empina de forma endiablada. Camino lo más cerca posible de la arista, pero no por ella, busco el terreno más cómodo para subir y me paro varias veces a tomar aire, la subidita se las trae. Hacia atrás tengo la bonita silueta de Atxurkulu y del Untxillaitz justo detrás.
Preparado para empezar a subir
Junto a la arista
Atxurkullu y Untxillaitz
Ya casi he llegado a la parte más alta de este tramo, ante mí tengo una bonita pared de roca que superaré por una canal abierta casi en el centro, cada vez me gusta más esto de trepar, de subir pegado a la roca agarrándome con manos, brazos y piernas. Los nervios del principio se han convertido en una ilusión tremenda por seguir avanzando y seguir descubriendo esta arista, ahora estoy completamente seguro de que la voy a completar. Al llegar arriba, descanso un poco para recuperar el aliento y disfrutar de la impresionante vista que ofrecen el Mugarra, su arista y sus paredes grises.
Pared a superar por el centro
Disfrutando del Mugarra
Impresionante pared, impresionante arista
Sigo adelante, ya queda menos. Hay muchos tramos en los que he evitado la arista, pero aún así hay que caminar tan pegado a la roca que no sé qué es peor. Ahora toca hacer un destrepe cuyo mayor peligro es la caída que tiene a ambos lados, pero basta con echar el culo al suelo y deslizarse poco a poco para superarlo sin problemas. Otra vez toca caminar con cuidado y pegado a la pared, de frente va asomando el último tramo de subida y tal vez el más peligroso si se hace directamente por la arista.
Ahora toca destrepar
Por ahí se baja
Pegado a la roca
Tengo ante mí la última parte, la más peligrosa de la arista, pero se puede evitar bien por la izquierda bien por la derecha. Por la izquierda parece fácil, pero la pendiente es tanta que un resbalón puede ser fatal, sin embargo por la derecha parece más cómodo y hay un sendero muy evidente, así que la decisión es sencilla, por la derecha, pegadito a la pared y trepando hasta llegar a la parte alta. La vista hacia atrás es realmente impresionante.
Ultimo tramo de arista
Por ese sendero he subido
Por la izquierda he trepado
Por la derecha treparé
Impresionante la vista
Se acabó, ha sido una experiencia genial, menos complicado de lo que pensaba, eso sí, que conste que he evitado los pasos más complicados. Me siento durante unos minutos a contemplar el camino recorrido, a pensar en el final de esta pequeña aventura por Aramotz… la verdad es que no sé ni expresar lo que siento en estos momentos mientras contemplo la arista bajo mis pies, tal vez lo mejor sea seguir adelante.
Contemplando la arista
Hacia atrás una historia resumida en seis días, hacia delante un cielo azul y la cima del Mugarra.
Hacia la cima…
la cercana cima…
del Mugarra
Es hora de comer, con la única compañía de los moradores del Mugarra y el triste sonido de los camiones en la cantera. Mirando hacia Aramotz recuerdo cada uno de los anteriores días, recuerdo todos los caminos, todas las cimas y todos esos rincones que he descubierto. Me quedaría sentado aquí arriba el resto del día…
El señor del Mugarra
Aramotz
Para el descenso utilizaré el camino normal de subida, bueno, no tan normal, porque ya puestos voy a seguir por la arista hasta llegar a Mugarrikolanda. A pesar de subir por donde he subido y superar los pasos que he pasado, en este tramo aparentemente sin complicaciones, no conviene confiarse, a mi izquierda la caída en vertical puede rondar los cien metros, así que un tropezón puede ser fatal. Aunque las vistas bien merecen acercarse un poquito a mirar.
Caminos marcados
Caída Hacia Mugarrikolanda
Mirando Hacia Aramotz
Fuente de Mugarrikolanda
Un par de destrepes con el culo pegado a la roca dan paso al vertiginoso descenso por la empinada pradera hacia el collado de Mugarrikolanda, un lugar perfecto para tumbarse un rato y disfrutar de esta otra cara del Mugarra y de lo que le rodea.
En Mugarrikolanda
La cercana fuente es un lugar de paso obligado, no sólo para rellenar la cantimplora, sino porque desde aquí se tiene una muy bonita vista del Mugarra
Mugarra desde la fuente
Es hora de regresar. Descender poco a poco por la pista sin dejar de observar las paredes de esta montaña, esas paredes que hace poco tenía bajo mis pies, esas paredes por las que he trepado y que no me canso de mirar, creo que no tardaré mucho en repetir. No puedo evitar acordarme de mis amigos “el intrépido” y “el prudente”, el primero disfrutaría como un niño por esa arista y el segundo se acordaría de todos mis muertos.
El Mugarra me mira
Cresterío
Arista
Pensando en “el intrépido” y “el prudente”
La pista se adentra en un pinar y por unos momentos el Mugarra desaparece de mi vista, sólo a veces se deja ver entre las ramas para finalmente desaparecer. Dos árboles que han sentido tanta atracción el uno por el otro que no han podido resistirse a estar unidos le dan un toque pintoresco a la aburrida pista.
Mugarra se asoma entre las ramas
No puedo estar sin tí…
Recorro los últimos metros del camino de vuelta por la carretera y de nuevo puedo ver el Mugarra y casi toda su arista, esta historia se acaba, pero como dijo aquél, esto no es un adiós, sino un hasta luego, el principio de nuevas aventuras y nuevos retos montañeros…
Hace mucho tiempo que tenía ganas de hacer este recorrido. La primera vez fue una tarde de agosto hace ya tres años y tuve que salir corriendo por culpa de una tormenta cuando apenas había comenzado a caminar. La segunda fue sólo apenas hace una semana, pero la niebla no me dejó ver nada de nada y me tuve que conformar por caminar a ciegas por los senderos y subir el Urtemondo, pero seguía sin saber lo que había ahí abajo. Como se suele decir, a la tercera va la vencida. Se puede comenzar el recorrido el Lemona, pero hay que meterse entre pecho y espalda varios kilómetros de pista, asfaltada en casi su totalidad, y hoy también he salido tarde de casa, y como no me voy a perder un gran panorama, he dejado el coche junto al último de los chalet, cerca de un refugio en el que se ve movimiento debido a la actividad maderera. Mientras me calzo las botas voy comiendo algo, ya he dicho que he vuelto a salir tarde, y pienso que hoy sí, hoy voy a tener un buen día para dar la vuelta a la Cubeta de Galdara.
Primeros pasos hacia Galdara
El camino no tiene pérdida, al poco de empezar a caminar por la pista un poste de señales nos indica la cercanía de Belatxikieta, un paraje dominado por los refugios y una pequeña ermita dedicada a San Ignacio, otro poste de señales, una mesa, un asador y la puerta de entrada a Galdara.
Hacia Belatxikieta
Refugio
Ermita de San Ignacio
A escasos cinco minutes sobre los refugios se encuentra la cima de Belatxikieta, pero la dejo para el final, así que busco el sendero que dirección norte da acceso a la cubeta, sin embargo no tardo en dejarlo de lado, frente a mí tengo la primera de las cimas que encierran este complejo karstico, Kañometa, y hacia ella me dirijo casi en línea recta, siguiendo un corredor herboso que se abre paso entre el lapiaz hasta alcanzar la cima. A medida que gano altura se va descubriendo ante mí la inmensa hoy de la cubeta de Galdara.
Belatxikieta desde las faldas de Kañometa
Cubeta de Galdara
Enseguida alcanzo la cima de Kañometa, con su reluciente buzón. Desde aquí puedo ver lo que me espera, roca, roca y más roca, pero eso ya lo sabía.
Buzón en Kañometa
Avanzo siguiendo la línea de cresta en busca del descenso y de la próxima cima, tengo dos posibilidades, ir hacia la izquierda, donde se encuentra la cima de Atxandi o hacia la derecha, descender al collado y subir a Pagobakar, me decido por esta segunda opción. Bajo con cuidado entre las rocas hasta una pequeña terraza donde la primavera comienza a brotar y a llenarlo todo de color.
Colores primaverales
Nada que ver con lo que me encuentro unos metros más abajo, un paisaje devastado por el viento, casi apocalíptico, no queda ni un solo árbol en pie, todo son troncos desgarrados, derrumbados y putrefactos.
Arboles caídos
Un superviviente
Troncos desgarrados
Con este panorama tan desolador a mis espaldas afronto la corta subida hacia Pagobakar, pero no puedo evitar mirar de vez en cuando hacia atrás. En la cima de Pagobakar sólo queda la base de lo que supongo en su día fue un buzón. De frente la cima de Atxandi.
Mirando hacia atrás
Cima de Pagobakar
Atxandi
La tentación de subir el Atxandi es grande, pero me queda un largo camino y no mucho tiempo, así que lo dejaré de lado. He bajado de Pagobakar y he vuelto a la zona catastrófica para atravesarla siguiendo el sendero que discurre entre Atxandi y Pagobakar, mi próximo destino será Ortutxueta, que aparece ante mí tras superar una pequeña hondonada.
Tronco caído
Atravesando la zona devastada
Hacia Ortutxueta
El camino desciende rápidamente hacia un cruce de pistas junto a un pinar, giro a la derecha y sigo descendiendo unos metros hasta llegar a un pasillo herboso que se abre a mi izquierda y que conduce directamente hasta la cima de Ortutxueta, a la que se llega tras superar un pequeñísima trepada. Ortutxueta tiene unas bonitas vistas hacia Gaintxorrotx y Urtemondo, este último es mi siguiente objetivo.
Cresterío hacia Gaintxorrotx
Urtemondo, Pagobakar, Kañometa y Atxandi
Cima de Ortutxueta
Cresterío hacia Urtemondo
Bajo de Ortutxueta por la vía rápida, o sea, en línea recta hacia Urtemondo, hasta el fondo de otra hoya donde confluyen varios caminos, y al igual que he bajado voy a subir, en línea recta hacia una mancha de pinos bajo la cima de Urtemondo, este tramo se hace durillo debido a la fuerte pendiente.
Bajada de Ortutxueta
Hacia el fondo de la hoya
Para volver a subir en línea recta
Esta vez no hay niebla que me prive de las inmejorables vistas que ofrece Urtemondo, no sólo sobre la cubeta de Galdara, sino sobre toda la sierra de Aramotz, incluido el Mugarra allá a lo lejos.
Cima de Urtemondo
Panorámica de 360º desde Urtemondo
Buzones en Urtemondo
Galdara desde Urtemondo
Siguiendo un camino marcado con pintura amarilla, la bajada desde Urtemondo es un anticipo del terreno que me espera a partir de ahora, salvo un tramo hasta la base de Pagofín, mi próxima parada, el resto será caminar sobre el lapiaz, sorteando enormes rocas y grietas que van surgiendo a cada paso, esto es Aramotz, y esto es la cubeta de Galdara.
Bajando de Urtemondo
Enormes rocas
Mirando Hacia Urtemondo
Algún hito perdido
Y enormes grietas
Hasta las faldas de Pagofín ha sido un agradable paseo, pero para afrontar la cima lo mejor es poner los pies sobre la roca y trepar poco a poco siguiendo la línea del cordal, la anterior vez que estuve por aquí, el día de la niebla, iba con mi cuñado “el montañero” y bordeamos Pagofín por la derecha, hubo un momento en que casi no pudimos seguir por lo enrevesado del lapiaz
Frente a Pagofin
Mejor por el cordal
Llego a Pagofín justo para la hora del té, así que si me disculpais…
La hora del té
Este simpático y original buzón me recibe en la cima de Pagofín, junto a otro más clásico en forma de… yo diría cohete. Hacia atrás queda Urtemondo y destacan las cimas de Mugarra, Artatxagane y Leungane
Buzones en la cima de Pagofín
Dejo la cima y de nuevo el camino transcurre por terreno cómodo, pero por poco tiempo. Me dirijo hacia Goritxueta donde el lapiaz ya no da ningún respiro y hay que poner los cincoi sentidos en cada paso que se da. Por aquí los temporales también han dejado su huella en forma de árboles abatidos y destrozados.
Por terreno cómodo,
Arboles abatidos
Comienza lo bueno
Busco pasillos por donde puedo, trepo, destrepo y vuelvo a trepar, al igual que en Pagofín busco la arista, es la zona que ofrece mejores sitios para poner los pies.
El lapiaz me mira
De esta forma llego a la cima de Goritxueta, donde su buzón parece presagiar algo que en Bilbao mucha gente lleva esperando más de 20 años…
La copa del rey!!!!
En Goritxueta, en lo más complicado y abrupto del lapiaz de Galdara me tomo mi tiempo para decidir el camino a seguir, en principio lo más lógico sería seguir el cordal, por muy incómodo que sea parece lo menos complicado, pero eso me alejaría de mi último objetivo, Belatxikieta, y se está haciendo tarde. Tengo Belatxikieta frente a mí, bajo la mole de Kañometa, y el terreno que nos separa desde luego no es un camino de rosas, pero si quiero llegar antes de que anochezca no me queda más remedio que ir directamente hacia Belatxikieta y atravesar el corazón de Galdara.
Galdara desde Goritxueta
En línea recta Hacia Belatxikieta
No me lo pienso dos veces y buscando el terreno menos complicado comienzo a bajar en línea recta dirección, sur, dirección a Belatxikieta, dirección al centro de Galdara. La cosa se complica, además del lapiaz tengo que pelarme con la maleza que acaba por envolverme, a base de empujones y tirones me voy haciendo camino. Me ha costado bastante esfuerzo y muchos arañazos, no podía de ni hacer fotos, pero al fin he alcanzado uno de los senderos balizados que cruza Galdara.
Atravesando Galdara
Este sendero lleva directamente al punto donde tengo el coche y lo fácil habría sido seguirlo, pero no, yo sigo empeñado en llegar a Belatxikieta y sigo adelante. Ahora el terreno es menos complicado y aunque no hay caminos marcados sí se intuyen pequeñas veredas abiertas por el ganado, así que aprovecho esta circunstancia para avanzar con relativa facilidad.
A través de Galdara
Un pequeño respiro entre tanta roca
Urtemondo
Mi intención es llegar hasta un pequeño pasillo herboso que remonta las faldas del Elbitxueta, cima que dejo a mi izquierda, para alcanzar el cordal que lleva a Belatxikieta, aquí el camino es algo más cómodo y la roca bastante firme, así avanzo sin problemas, pero entonces me doy cuenta de una cosa, ¡qué sería de este recorrido si no pasara por el punto más bajo de la cubeta de Galdara? A mi derecha, en lo más profundo de Galdara, asoma una mancha verde, es el punto más bajo de Galdara, así que Belatxikieta aún tendrá que esperar un poco.
Hacia el punto más bajo de Galdara
Belatxikieta espera
De esta forma puedo presumir de haber estado en el punto más alto de Galdara, la cima de Urtemondo con 788 metros, y en el punto más bajo, a 541 metros. Durante unos momentos me siento sobre la hierba y contemplo el enorme embudo que me rodea, pero debo seguir mi camino, se hace tarde y algunas nubes comienzan a cubrir la hoya. Ahora sí, ya sólo me queda llegar a Belatxikieta. El esfuerzo, a pesar de que el recorrido no llega a los diez kilómetros, ha sido grande y las piernas lo van notando, ya tengo Belatxikieta al alcance de la mano, dejo atrás una profunda sima, remonto los últimos metros y ante mí aparece la cima, con su mugarri y sus buzones.
Belatxikieta
Me siento sobre la hierba para disfrutar de las vistas sobre la cubeta, las nubes avanzan rápido, tan rápido que antes de darme cuenta casi me han envuelto por completo, me queda el tiempo justo para sacar unas últimas fotos.
Galdara echa humo
Ya solo me queda bajar hacia los refugios de Belatxikieta y volver al coche. Por fin he podido completar ese recorrido que tantas ganas tenía y que seguro volveré a repetir, y hasta es posible que vuelva a atravesar Galdara por su parte más difícil, en busca de los secretos que esconde esta sierra.
De nuevo elijo Dima como punto de partida para otra de mis salidas por Aramotz. Esta vez saldré desde el barrio de Artaun, un balcón con unas vistas privilegiadas hacia el macizo del Gorbea. La paz y la tranquilidad que se respira en estos barrios es realmente envidiable, y sólo acercarse hasta aquí para darse un paseo por las muchas pistas que hay ya merece la pena. La carretera acaba en una explanada en el centro del barrio donde se puede dejar el coche. Me dirijo en dirección a la sierra dejando a mi izquierda un restaurante, que no sé si sigue en activo, pero da la impresión de que no. Camino entre cercados en busca de la pista que me introducirá en Aramotz. La última vez que vine por aquí era un camino de piedras, pero ahora es una pista de cemento, el progreso...
Saliendo de Artaun
La pista asciende entre pinares y el cemento acaba al llegar a un llano en un claro del bosque donde se encuentra una borda que puede hacer las veces de refugio en caso de necesidad. Junto a ella varios árboles secos parecen saludar y dar la bienvenida a los visitantes con sus largas ramas.
Borda
Arbol seco
Arboles “saludando”
La pista, ahora de piedra y tierra, se introduce de Nuevo entre pinos hasta llegar a otro claro donde el camino se bifurca en dos junto a un depósito con un abrevadero, se puede seguir de frente bordeando Aramotz o coger por la izquierda e introducirse ya en la sierra, yo elijo el de la izquierda. A mi espalda dejo la pequeña cima de Torrondieta, si tengo tiempo y ganas la subiré a la bajada, ahora mi idea es dirigirme hacia las faldas de Pagofín.
Vista desde el depósito de aguas
Entre pinos
Remonto la pendiente hasta que tengo a la vista una parte de Aramotz, pero por ahí ya he estado, giro a la derecha y me dirijo casi en línea recta hacia la rocosa ladera de Pagofín, no hay sendero, pero el camino tampoco es muy complicado, sólo hay que tener cuidado entre las rocas, salvar una pequeña trepada y enseguida me planto en el cordal que lleva a la cima.
Por ahí ya he estado
Ladera rocosa de Pagofín
En el cordal hacia la cima
Hoy la roca apenas me va a dar descanso, el recorrido que tengo pensado es el cresterío que va desde Pagofín hasta Atxoker, un senderillo apenas reconocible permite unir ambas cimas, a veces por terreno cómodo, pero es inevitable caminar gran parte del camino por encima y entre las rocas, pero no hay grandes complicaciones, además, cada vez me gusta más eso de trepar y destrepar un poquito.
Caminando entre rocas
Hacia la rocosa cima de Pagofin
Una mirada al camino que me espera
La cima de Pagofín carece de buzón o de cualquier otro signo que indique su posición, así que busco el punto más alto y para mí, esa es la cima.
En la cima de Pagofín
El día acompaña, la temperature es agradable y las vistas hacia Gaintxorrotx y Urtemondo son muy relajantes, así que voy a aprovechar para sentarme un rato y comer, el camino que me espera es un tanto rompe piernas, y para no perder la costumbre hoy también he comenzado el paseo bastante tarde.
Mirando hacia Gaintxorrotx
Parte de lo que me espera
Dejo atrás la cima de Pagofín y me encamino hacia el siguiente punto de parada, Aixebelarri, otra cima que carece de buzón y que de no ser por el GPS habría pasado por ella sin prestarle la más mínima atención. Lo más destacado de este tramo, aparte de la roca, son las vistas sobre el cercano Aizkorri y una zona rocosa coronada por una vara, desconozco su significado, pero siempre que he pasado por aquí la he visto, y si está será por algo...
Una vara en el camino
Aizkorri
Mirando hacia Gaintxorrotx
Hacia Aixebelarri
Vara entre rocas
Dejado atrás Aixebelarri la siguiente parade es la cima de Erdiko Mendia “el monte de el medio” quizás se llame así por que se encuentra a mitad de camino entre Pagofín y Atxoker. En algunos tramos la roca deja paso a la hierba, pero por poco tiempo, aunque la belleza del recorrido compensa el pequeño sobre esfuerzo que supone caminar entre piedras y grietas.
Terreno más cómodo
Terreno menos cómodo
Vistas hacia Aizkorri
Cordal hacia Erdiko Mendia
Por terreno herboso
Por terreno rocoso
Por terreno herboso y rocoso
En fín, que alternando la hierba y la roca o combinándolas se acaba por llegar a Erdiko Mendia, aquí me recibe un buzón oxidado que apenas se sujeta entre las rocas, pero que al menos sirve para identificar la cima.
Buzón en Erdiko Mendia
Sigo avanzando, ya solo me queda llegar al Atxoker, la cima Mendiak, ya que su buzón fue colocado por iniciativa de los foreros de esta página web mendiak.net, y que, aunque no sea una cima espectacular, tiene un significado especial para todos los que participamos en los foros de esta págima, tanto que nos sirve para recordar a aquellos que por desgracia ya no están con nosotros.
Más rocas camino de la cima Mendiak
Bajo la cima de Atxoker
Buzón Mendiak y vela en recuerdo del forero Ioza
Desde aquí ya es visible el coloso de Aramotz, el inconfundible Mugarra, que asoma entre las ramas para salir en la foto.
Mugarra
He recorrido el cresterío entre Pagofín y Atxoker, así que es hora de pensar en el camino de vuelta. Creo que aún tengo tiempo de sobra para completar el recorrido que había trazado en casa sobre el mapa. Voy a ir primero hacia la pequeña cota de Luburrigane para después dirigirme hacia el Artaun pasando por Gorostigana. Me despido del Atxoker y bajo hacia una zona de prados antes de afrontar las rampas que llevan a Luburrigane.
Adios, Atxoker
Atxoker desde el prado
Camino por las faldas de Leungane hacia un punto que creo ni siquiera está reconocido como cima en el catálogo de cimas de Bizkaia, pero es un punto elevado y como tal debe tener unas buenas vistas, y no me he equivocado.
Hacia atrás dejo Leungane y Artatxagane
Vistas desde Luburrigane
Luburrigane es una loma pelada y herbosa, lo cual se agradece, después de haber andado casi todo el tiempo entre rocas, pero poco me va a durar la alegría, el tiempo que tardo en llegar a la base de Gorostigana, donde otra vez las rocas son las protanistas.
Ultimos prados antes de Gorostigana
Aunque de nuevo sea todo piedra, la subida a Gorostigana no presenta dificultades. Aquí tampoco hay buzón, pero es que creo que tampoco está catalogado como cima, de todas formas, al igual que Luburrigane, merece la paena pasar por aquí y detenerse un rato a contemplar el paisaje.
El artista en Gorostigana
El tramo entre Gorostigana y Artaun es algo más escabroso, pero buscando los pasos más fáciles se llega enseguida y sin complicaciones, sólo hay que tener cuidado de donde se pisa. Artaun sí tiene buzón. Esta es mi última parada del día, me hubiese gustado bajar hacia la cima de Asuntza y haber pasado también por Torrondieta, pero tengo las piernas un poquito cargadas, en todo este maldito invierno que hemos tenido apenas he salido al monte y se nota la inactividad, así que aprovecharé para pasar un rato tranquilo aquí arriba, disfrutar del paisaje y pensar en mi próxima salida por estas montañas.
Mugarra desde Artaun
Obako Atxa desde Artaun
Buzón de Artaun
Desciendo de Artaun por la pronunciada pendiente a la búsqueda de la pista por la que comencé mi recorrido, pero aun queda tiempo para disfrutar de las vistas y de la luz del sol, que a estas horas es de lo mejor para sacar fotos.
Vistas hacia atrás
Vistas hacia adelante
A veces la naturaleza nos sorprende dándole formas tan humanas a las cosas que parece mentira, en fin, juzgar vosotros mismos...
Forma humana
Se nota que los días comienzan a ser más largos, pero el sol no perdona y sigue su rápido descenso, tan rápido como el mío. Alcanzo la pista por la que subí, pero antes de adentrarme entre los pinos aún puedo echar una última mira hacia Aramotz y me despido hasta la próxima.
Hasta pronto, Aramotz
El cielo se vuelve naranja poco a poco y aprovecho la aburrida bajada para jugar un poco con la cámara y los pinos, a ver cual de ellos llega más alto.
El pino más alto
Hay mucha competencia
Llego a Artaun casi con las últimas luces, con el tiempo justo para tomar esa última foto del sol ocultándose tras las montañas... ¿conocéis alguna forma mejor de acabar una bonita jornada montañera? Yo no.
Tercera salida por Aramotz. Hace un día espléndido, es casi la hora de comer, pero para mí es la hora comenzar a caminar. Hoy he elegido como punto de partida Oba, un bonito barrio del municipio de Dima, bajo las paredes de Aramotz. Dejo el coche junto a la última de las casas del barrio, en una pequeña explanada que hace las veces de aparcamiento y comienzo a ascender por una pista asfaltada en sus primeros metros. Enseguida, al llegar junto a un depósito de aguas, se gira a la izquierda y se sigue ascendiendo por una ancha y empedrada pista. Sólo tengo que girarme para empezar a disfrutar de las vistas hacia el macizo del Gorbea, en especial de Itxina.
Al fondo, Itxina
Continúo por la pista en agradable paseo hasta el collado de Iñungane, donde confluyen varios caminos y punto donde abandonaré la pista para tomar el sendero que lleva hacia la cima de Leungane, principal objetivo del día y una de mis cimas favoritas.
Iñungane
El camino comienza por una ladera herbosa que poco a poco me lleva a un sendero entre rocas, manchas de pintura amarilla y blanca indican el camino, aunque este es bastante evidente. La pendiente se hace cada vez más pronunciada y el camino se dirige hacia un pequeño hayedo.
Marcas de pintura
El hayedo
Es en este punto donde tengo que hacer mi primera parade del día, y no por el cansancio, sino por la belleza del lugar. Además el día es caluroso y se agradece un poco de sombra. Las hayas forman como un tunel sobre el sendero hasta llegar a un pequeño claro donde una enorme haya nos recibe con sus ramas como si fuesen brazos abiertos. Aunque parte de ella yace sobre el suelo, lo que aún queda es espectacular.
Tunel de hayas
El gran haya
Me coloco junto a su tronco, la rodeo varias veces intentado buscar la mejor foto, me subo por las rocas… y descubro otro de esos rincones de ensueño, un lugar donde sentarse y disfrutar de la magia que se respira en este lugar. Y esto con sólo apartarme unos metros del marcado sendero.
Descubriendo rincones
Apartado del camino
Los troncos caídos tomas formas increíbles, a veces tan humanas que parece mentira que sean obra de la naturaleza, que a veces, resulta tanto o más caprichosa que las personas.
Los amantes
Me he entretenido demasiado tiempo, así que dejo el lugar, pero tomo nota para una próxima visita, me podría haber pasado horas deambulando entre los árboles buscando nuevas formas y similitudes, pero no puedo marcharme sin acercarme una vez más a la gran haya que me dice adios con sus enormes manos, aunque más bien parecen querer cortarme el camino para no dejarme pasar.
Adios
No pases
Sigo ascendiendo, el terreno rocoso del principio ha dejado paso a una zona de prados muy agradable, atrás quedan las hayas y me dirijo de nuevo hacia la roca, pero de pronto observo hacia mi izquierda un pequeño pasillo de hierba y hojas secas tras el cual se adivina una hondonada… la curiosidad me puede y me acerco para echar una mirada. Lo que me encuentro me deja otra vez perplejo, de nuevo las hayas y sus ramas toman formas increíbles y trazan curvas a ras de suelo casi imposibles, el suelo es una alfombra de hojas secas y los troncos de los árboles están cubiertos de musgo. En este momento decido que el resto del camino lo haré fuera de los senderos, tengo la impresión de que este rincón no va a ser el último que me sorprenda hoy.
Formas increíbles
Figuras casi imposibles
Sobre una alfombra de hojas secas
Como he dicho, en lugar de regresar al sendero, voy a continuar campo a través. Salgo de esta pequeña hoyada por el lugar opuesto al he entrado y salgo a una zona mixta de prado y roca. Asciendo en línea recta buscando el cordal que lleva hacia Leungana. Ahora, si miro hacia atrás, ya puedo ver los gigantes de Urkiola, donde destaca el Anboto. Una vez en el cordal también tengo ante mí las entrañas de Aramotz.
Hacia atrás, Urkiola
En el cordal, al fondo Leungana
Aramotz
Recorro la cresta hasta la cima de Leungane, presidida por un vértice geodésico y me siento a disfrutar de las inmensas vistas que ofrece. Comienzo a darle vueltas a cual será el camino a tomar, mi intención es pasar también por Artatxagane, separada del Leungane por unos pocos minutos, pero hay otra pequeña cima por la que me gustaría pasar. Trazo en mi cabeza un recorrido imaginario, por supuesto fuera de los caminos marcados, no sé lo que me voy a encontrar, tal vez lo abrupto del terreno me obligue a dar la vuelta, pero al menos lo voy a intentar. Me despido de Leungane y un pequeño visitante que me ha estado haciendo compañía a cierta distancia, hasta el momento en que marcho, que pasa a ocupar el lugar que dejo vacío en la cima.
Vértice en Leungane
Mi pequeño acompañante en la cima
Comienzo a descender por la misma vertiente por la que he subido, buscando los pasillos herbosos que llevan a una hondonada donde predomina el prado hasta llegar a la base del Artatxagane, otro bonito lugar para disfrutar de este sol de otoño y del color de las hojas.
Descendiendo de Leungane
Hacia la hondonada
Bajo el Artatxagane
Aquí se acaba el prado. Comienzo un terreno donde el karst es el protagonista, pero no tanto como para ser infranqueable, sólo hay que tener cuidado con cada paso, sortear profundas grietas y buscar el camino más cómodo hasta llegar a una canal herbosa bien visible. Ha sido un trozo algo complicado, pero como digo, con buen tiempo y sin prisa se hace hasta bonito.
Comienza la roca
El Mugarra asoma de vez en cuando
La canal herbosa
Cruzo el verde pasillo y de nuevo la roca es protagonista, pero poco a poco el camino se hace más cómodo y se puede caminar bien. El paisaje que me encuentro es precioso, las rocas que sobresalen del suelo, los árboles y las hojas secas sobre el suelo.
Más rocas
Entre árboles, rocas y hojas secas
Sigo avanzando entre rocas y árboles hasta llegar a otro lugar que hace que el paseo haya merecido la pena, una gran hoya en cuyo fondo de hojas secas sobresalen rocas cubiertas de verde musgo.
Hoya
Continuo avanzando, con el Mugarra de frente, una hoya sucede a otra, de nuevo los árboles con sus troncos realizando malabarismos son los protagonistas, desde luego he acertado al elegir este camino, estoy descubriendo rincones por los que nunca hubiera pasado si me limitara a seguir los senderos y rutas marcados en los libros, aunque siempre hay que ser precavido y ante la duda, mejor darse la vuelta e ir a lo seguro, pero como dice un compañero del foro de Mendiak.net, “quien no haya sido imprudente alguna vez en el monte, o miente o no va al monte” y yo no soy ningún mentiroso y voy al monte todo lo que puedo, así que sí, a veces soy imprudente.
De frente el Mugarra
Otra hoya
Troncos contorsionistas
Salgo a un pequeño claro desde el que tengo una vista genial de Aramotz, puedo ver las cimas por la que ya estuve en días anteriores y otras por las que espero andar pronto, pero ahora tengo que pensar en otra, por cierto, no le dicho, voy hacia Arranatx.
Aramotz
Otro bonito tramo de paseo entre rocas, árboles y hojas da paso a una zona más escarpada, camino sobre las puntiagudas priedras siguiendo un cresterío, a mi izquierda hay una importante caída y a mi derecha rocas como cuchillos. Avanzo con precaución en busca de la cima de Arranatx, que parece resistirse a aparecer ante mi vista, parece que no voy a llegar nunca, pero por fín veo el brillo de su buzón. Tengo que destrepar una pared hacia un pasillo de hierba para luego volver a ascender siguiendo unas marcas rojas que me llevan hasta la escarpoada cima de Arranatx y su buzón, frente a mí, majestuoso, el Mugarra.
Tramo de rocas, árboles y hojas
Buscando la cima, al fondo la sierra de Anboto
Más rincones agradables
Y el Mugarra
Creo que este es un lugar perfecto para sentarme a descansar un poco y comer, aunque por mi reloj más bien es la hora de merendar. La silueta del Mugarra es impresionante, es otra de mis montañas preferidas, no en vano es la que más veces he subido. Sus paredes blancas, los pliegues en la roca y sus innumerables cavidades le hacen único, pero hoy no entra en mis planes. El sol ya está bajando y tengo que darme un poco de prisa si no quiero que me coja la noche, aún me queda un buen paseo.
Buzón de Arranatx y Mugarra
Cima de Arranatx
Paredes del Mugarra
Ahora sí, mi próxima parada será Artatxagane. Tengo que volver sobre mis paso durante un rato, hasta el claro desde el que podía ver gran parte de las cimas de Aramotz y remontar la ladera casi en línea recta hacia la cima de Artatxagane
Vuelta para atrás
De nuevo Aramotz, pero más cerca
El día, en lo meteorológico, está siendo sensacional, pero comienzan a crearse nubes que se meten en Aramotz por la zona norte y están avanzando deprisa, así que yo también me doy prisa en llegar a Artatxagane, donde me recibe su buzón en forma de cohete que apunta hacia la mismísima cima del Anboto, la verdad es que no podría apuntar hacia un sitio mejor.
Cima y buzón en Artatxagane
Una vez en Artatxagane lo normal es dirigirse hacia Leungane o bajar hacia Mugarrakolanda, pero yo no voy a hacer ninguna de las dos cosas, voy a bajar, pero en dirección a la fuente de Amudia, no es que tenga sed ni me falte agua, simplemente es que se trata de otro lugar por el que paso siempre que puedo, y esta vez me coge de camino de vuelta. Dejo Leungane a un lado y bajo por la fuerte pendiente en dirección a la fuente, es un terreno cómodo en el que predomina el prado, lo cual se agradece después de haber estado gran parte del camino entre rocas. El sol, cada vez más bajo, hace que todo vaya cogiendo unos tonos dorados.
Abandono Artatxagane
Bajando la fuerte pendiente
Camino cómodo
Todo se va volviendo dorado
Los prados y las cimas
La erosion ha dejado su huella junto a la fuente de Amudia y ha creado bonitas formas en el suelo. Como he dicho no estoy falto de agua, pero aprovecho para beber y cambiar el agua de la botella, al menos hoy, además de unas cuantas fotos, me llevaré para cas una parte de esta sierra.
Marcas de la erosión
Mirando hacia Leungane
Más marcas de la erosión
Fuente de Amudia
Fuente de Amudia
Aún tengo tiempo para estirar un poco más mi paseo, hay otro punto de esta sierra que me gusta mucho y desde el cual se pueden contemplar unas puestas de sol espectaculares, siempre y cuando las nubes lo permitan. Me temo que hoy no va a ser un día de esos, pero me acerco hasta Obako Atxa para echar una ultima mirada a esta parte Aramotz. Mientras tanto, las nubes que entraban por el norte han atravesado la sierra y aparecen sobre la cima de Leungane, como si me estuvieran persiguiendo.
Mirando hacia Gorostigana
Mirando hacia Artaun
Mirando hacia Anboto
Las nubes acechan
Pinos junto a la fuente de Amudia
Permanezco sentado unos minutos en Obako Atxa contemplando la belleza de estas montañas y viendo como un manto de nubes las va cubriendo suave y lentamente, como si las estuviera arropando para que se fueran a dormir. Me resisto a marcharme, aún tengo la esperanza de poder disfrutar de una bonita puesta de sol, pero por el oeste las nubes también se están apoderando de todo. Una mirada perdida hacia otras montañas y comienzo a descender hacia el collado de Asuntza, desde donde una vetiginosa bajada me llevará de nuevo hasta Oba.
Mirando a otras montañas
Hacia el collado de Asuntza
Al final, el sol ha querido ser generoso conmigo y me ha hecho un último guiño.
Segunda salida por Aramotz. Hoy también he salido tarde de casa y he escogido como punto de partida Mañaria, que probablemente ofrece la forma más fácil y cómoda de acceder a esta parte del Parque Natural de Urkiola, también puede parecer la menos interesante y aburrida ya que todo el camino hasta Mugarrakolanda se realiza por una amplia pista, pero también tiene su encanto, ya que caminaremos siempre bajo las impresionantes paredes del Mugarra, disfrutaremos de su silueta y del vuelo de los muchos buitres que aprovechan sus escarpadas paredes, llenas de cavidades, para anidar.
Bajo las paredes del Mugarra
Mugarra
En las proximidades de Mugarrakolanda la pista adquiere su máxima pendiente y exige cierto esfuerzo hasta llegar al collado, pero una vez arriba ya puedo disfrutar de las vistas que me ofrece la sierra de Aramotz, frente a mí tengo el refugio y el Pagasarri, por donde ya estuve mi primer día de paseo.
Hacia Mugarrakolanda
Vistas desde Mugarrakolanda
Me dirijo hacia la fuente de Mugarrakolanda, es un lugar por el que me gusta pasar siempre que ando por aquí, unas veces para calmar la sed y otras simplemente porque me gusta este rincón, la vista hacia el Mugarra es muy bonita, además hoy tengo compañía.
Fuente de Mugarrakolanda
Caballos bebiendo del pilón
Mugarra desde la fuente
Sigo avanzando por la pista que poco a poco se va convirtiendo en camino hasta llegar a un pequeño prado del que parten diferentes senderos, hacia mi izquierda las marcas de pintura llevan hacia el Leungana, pero aunque es una de mis cimas favoritas, hoy no entra en mis planes, siguiendo de frente tengo dos opciones, una coger el camino a la derecha, pero por ahí, a ratos, ya fui el primer día, el de la izquierda lleva a los pies del Atxoker y recorre el valle-desfiladero que discure junto al cresterío que hay entre Atxoker y Pagofín, pero ese es el camino por el que tengo pensado volver. También a la izquierda surge un cuarto sendero que no conocía, así quwe esta es una buena oportunidad para hacerlo.
Mugarra
Encrucijada de caminos
Me voy hacia la izquierda y miro hacia atrás
Se nota que estamos en otoño, los árboles aún no están en su máximo esplendor de colores, pero el suelo ya es una alfombra de hojas secas que lo cubren todo, al igual que el musgo cubre los troncos de las hayas.
Alfombra de hojas secas
Manto de musgo
El camino asciende suavemente, pero enseguida decido salirme de él e internarme en un hayedo buscando esos rincones que suelen escapar de nuestra vista y en los que es posible que nunca hay estado nadie. La verdad es siempre que se haga con la debida precaución, el gps puede ser una buena ayuda, merece la pena alejarse de los caminos y senderos marcados, Aramotz es una sierra bastante solitaria, así que un poco más de soledad apenas se va a notar…
En el hayedo
A través del hayedo
¿Donde nunca ha estado nadie?
Rincones escondidos
En uno de estos rincones mágicos he aprovechado para detenerme un rato y comer algo. La sensación de paz y tranquilidad es inmensa. Continúo mi camino y salgo a terreno despejado, estoy bajo las faldas de Leungana, pero como ya he dicho, hoy no entra en mis planes. Observo la sierra de Aramotz mientras decido que camino seguir. Finalmente bajaré hacia el sendero que discurre junto al cresterío de Atxoker a Pagofín.
Observando Aramotz
Bajando hacia el sendero
Por ese pequeño valle seguiré mi camino
Mirando atrás
Ahora camino por el sendero, pero aprovecho cualquier oportunidad que me ofrece el escarpado terreno para alejarme unos metros e investigar, buscando nuevos caminos, pasos entre las rocas o cualquier cosa que llame mi atención.
Apartado del camino
Indagando entre las rocas
Buscando algún paso
Pero aquí el lapiaz es demasiado intrincado y da pocas posibilidades, así que no me queda más remedio que volver al camino marcado, que por supuesto también tiene su encanto
De vuelta al camino
Camino marcado
Pequeñas subidas y bajadas van dando paso a explanadas herbosas hasta llegar al punto donde de nuevo confluyen los caminos que se separaban cerca de Mugarrakolanda. Me encuentro entre Artaun y Pagofí, frente a mí tengo parte del recorrido realizado el primer día, Betzuenburu, Gaintxorrotx…
Zona de prado
Mirando hacia atrás
De frente Betzuenburu
El día empezó soleado, pero la tarde se está poniendo un tanto gris y se está levantando el viento, pero me apetece seguir caminando, durante unos momento dudo si seguir de frente o darme la vuelta e ir regresando, pero al final decido encaminar mis pasos hacia dos cotas poco visitadas, Akatxazargana y Askurrumendi.
Pagofín y Artaun
Mirando atrás desde las laderas de Akatxazargana
De nuevo me he salido de los senderos marcados para dirigirme hacia Akatxazargana, es una cima rocosa, pero fácil de ascender, desde su cima puedo ver perfectamente Gaintxorrotx y a su lado, separado por un collado, la otra cima del día, Askurrumendi. El viento sopla fuerte y el cielo se ha vuelto completamente gris.
Askurrumendi y Gaintxorrotx desde Akatxazargana
Cima y buzón de Akatxazargana
Continúo hacia Askurrumendi por un terreno salpicado de rocas, árboles y praderas. Ahora el viento sopla aún mas fuerte y apenas puedo mantener el equilibrio al llegar a la cima de Askurrumendi, donde tengo unas bonitas vistas de toda la sierra, pero me quedo el tiempo justo para tomar algunas fotos y enseguida desciendo unos metros buscando algo de refugio.
Arboles
Mirando hacia Akatxazargana desde Askurrumendi
Mirando hacia Urtemondo desde Askurrumendi
Mirando hacia Leungana desde Askurrumendi
Cima y buzón de Askurrumendi
El viento sopla cada vez más y me cuesta mantenerme en pie, así que apenas me paro unos minutos. Desciendo hacia una hoyada buscando refugio y pensando en el recorrido de vuelta, el cielo está adquiriendo un tono gris plomizo y no me apetece mucho mojarme. Desciendo casi hasta el fondo en busca de algún sendero que me lleve de vuelta a Mugarrakolanda. Enseguida descubro que tengo varias opciones y me decido por una que es completamente desconocida para mí y que se dirige hacia una mancha de pinos.
Buscando un sendero
Entre pinos
Atravesando el pinar
Un corto repecho y acabo en un claro, en un camino que rodea Pagofín y continúa bordeando también el Artaun. Lo sigo durante unos metros hasta llegar al punto donde confluye con el camino por el que vine, justo entre Pagofín y Artaun.
Camino en un claro
Deshago el camino andado, esta vez siguiendo siempre el marcado sendero que lleva hasta la base de Atxoker, de nuevo me detengo a observar el alma de Aramotz, las cocas, los árboles y los prados…
Sendero hacia la base de Atxoker
Habitantes de Aramotz
Rocas
Praderas y árboles
Me quedo con las ganas de subir al Atxoker, es una cima especial para todos los que participamos en los foros de Mendiak.net pues el buzón que se encuentra en su cima es obra de los foreeros, pero se hace tarde, y como digo no quiero que me cojan el agua y la oscuridad.
Atxoker
Atravieso una bonita zona de hayas alfombrada de hojas secas y en pocos minutos estoy ya en Mugarrakolanda., desde donde puedo observar la fuerte pendiente descendente que lleva hacia el paso de Kataska, por donde subí el primer día.
Enorme haya junto al camino
Hayedo cubierto de hojas
Por ahi queda el paso de Kataska
Sólo me queda descender la pista, que ahora, ya oscureciendo, sí se me hace aburrida y pesada, pero siempre hay tiempo para descubrir algo nuevo, esta vez un tronco de árbol con na forma muy singular.
Tronco en espiral
Me entretengo pensando en mi próxima incursión por la sierra de Aramotz, son tantas las posibilidades que no sé cuanto días voy a emplear para recorrérmelo todo, pero, la verdad, qué mas dá, cuantos más… mejor.
Comienza mi pequeña aventura por la sierra de Aramotz y no podía haber elegido un día mejor, el sol luce con fuerza y algunas nubes salpican de blanco el azul del cielo, un día perfecto para sacar fotos. Mi intención es repetir un recorrido que ya hice hace algún tiempo con mi cuñado el montañero, aquella vez nos mojamos un poco y no pudimos disfrutar de la forma que pienso hacerlo hoy. Inicio mi camino en el aparcamiento del área recreativa de Landaederra y me dirijo por la pista hacia el paso de Kataska, una bonita forma de introducirme en Aramotz, con el impresionante Mugarra sobre mi cabeza. Al llegar a la parte alta del paso, que da acceso a una empinadísima ladera herbosa a mi izquierda, cambio de rumbo y me dirijo a la derecha, la pendiente es más suave y busco un pequeño sendero que lleva a un refugio cercano, la referencia para coger el camino es un estrecho paso entre rocas
Hacia el paso entre las rocas
En este punto de nuevo cambio mi rumbo, esta vez hacia la izquierda, toca remontar la pendiente y buscar entre los matorrales el difuso sendero que lleva hasta el refugio. Normalmente por aquí suele haber algunos caballos pastando, pero esta vez me encuentro ni más ni menos que con 200 caballos... de potencia, supongo.
Todoterreno junto al refugio
Dedico unos minutos a fotografiar el refugio y mientras lo estoy rodeando descubro lo que parecen trazas de sendero, justo por la parte posterior del refugio, en una zona sombría y rocosa, hoy voy a hacer algo que va a caracterizar mis posteriores salidas por esta zona, me voy a olvidar, no siempre, sólo en parte, de los senderos tradicionales y me voy a meter campo a través, siempre y cuando el terreno lo permita, lo que me va a permitir tener imágenes diferentes de esta sierra.
Refugio bajo la Mirada del Mugarra
Arboles y rocas tras el refugio
Parece que sí, que por aquí discurre o ha discurrido algún tipo de sendero así para allá me voy. A mi espalda, entre las ramas de los árboles, el Mugarra, y de frente se van alternando zonas de prado con árboles y rocas, un tripartito que se repite una y otra vez en Aramotz, prados, árboles y rocas.
Prados, árboles y rocas
Y el Mugarra
Prados, árboles y rocas
Al caminar fuera de senderos estoy un poco desorientado, mi primera parada quiero que sea el Pagasarri, pero no se bien por donde cae, una mirada al GPS me saca de dudas, una pequeña trepada por las rocas y ya tengo frente a mí el pequeño buzón que marca la escabrosa cima del Pagasarri.
Pagasarri
Es casi la hora de comer, he salido tarde de casa, pero decido seguir, por lo menos hasta el Aiskorri, después ya comeré algo. Tengo frente a mí el cordal que lleva desde Atxoker hasta Pagofín, la columna vertebral que divide en dos la sierra de Aramotz, pero que se alarga hasta las cimas que encierran la cubeta de Galdara.
Aramotz desde la cima de Pagasarri
Abandono Pagasarri
Mirada hacia atrás
Dejo Pagasarri y ahora sí busco el sendero que lleva hacia la base de Aiskorri, recuerdo de mi última visita un lugar especial por el que quiero volver a pasar porque la última vez que estuve vi algo que me gustó mucho y espero que el paso del tiempo, lo vi ya hace más de un año, no lo haya deteriorado mucho. Atravesar Aramotz por estos senderos en una auténtica gozada, el sol se cuela entre las copas de los enormes pinos que se elevan por encima de mi cabeza, aunque alguno ha tenido que claudicar frente al paso de los años y de algún que otro vendaval.
Buscando el sendero
Perdido en Aramotz
Arbol caido
Arbol caido
Camino por el sendero entre la vegetación y los pinos, aquí las mejores fotos se sacan mirando hacia el suelo o hacia el cielo.
Mirando al suelo
Mirando al cielo
Mirando al cielo
He llegado al lugar esperado y allí me encuentro con la misma imagen de hace un año, apenas ha cambiado, la diferencia es que hoy tengo un día perfecto para fotografiarlo, lo rodeo varias veces, lo miro por una lado y por otro, me acerco, me alejo, me agacho, en fin, saco la cámara y comienzo a hacer fotos. Se trata del tronco de un árbol que ha dejado al descubierto sus entrañas, era algo que nunca había visto y me llamó mucho la atención, por eso tenía ganas de volver a verlo, así que hoy tenía que aprovechar, además me pillaba de camino...
Las entrañas de un árbol
Las entrañas de un árbol
Después de haber pasado un buen rato junto al tronco desgarrado continúo por el sombrío sendero, prados, árboles y rocas, antes de salir a un claro donde el camino se ensancha a los pies del Aizkorri.
Rocas
Prados y árboles
El sendero
A los pies de Aiskorri
Aramotz se ensancha, se estira y se estrecha hacia Galdara
En una corta subida remonto los pocos metros que me separan de mi segunda parade del día, Aizkorri, una cima que me gusta mucho por las vistas que ofrece hacia Gaintxorrotx, Urtemondo, Pagofin...
Buzón de Aiskorri
Cima de Aiskorri
Hacia Urtemondo
Mirando hacia Aiskorri y más allá
En un primer momento mi idea es volver al sendero y dirigirme directamente hacia Gaintxorrotx, pero en el mapa que llevo en el GPS aparece un sendero que va por la otra vertiente del cresterío que lleva desde Aizkorri al Gaintxorrotx, y esta es una buena oportunidad para descubrir nuevos caminos, y desde luego va a merecer la pena. Desciendo primero hacia un sendero muy bien marcado y que se sigue sin dificultad, pero llega un momento en que se pierde y el terreno se vuelve muy accidentado, es una zona de lapiaz con enormes rocas planas que surgen del suelo y que en algunos sitios se elevan por encima de los dos metros, es impresionante e impone respeto.
Lapiaz
Enormes rocas planas surgen de la tierra
Dejo atrás este rincon de cuento, no sé si de cuento de hadas o de miedo, pero desde luego es un sitio que merece la pena ver. No entraba en mis planes, pero resulta que tengo frente a mí otra cima, se trata de una mole de roca, Betzuenburu, y para allá me voy. Afronto la subida en línea recta, primero entre las hierbas y las rocas para enseguida afrontar una pequeña trepada hasta la cima. Otro bonito sitio para sentarse un rato a disfrutar de la paz de estas montañas.
Mirada hacia atrás
Por delante está Betzuenburu
Y su cima rocosa
Mi objetivo final sigue siendo Gaintxorrotx y aunque desde Betzuenburu se puede descender de nuevo al sendero por el que pensaba ir, decido seguir mi camino campo a través y dirigirme a otra cima muy cercana, Bernagoitiaburu. A Bernagotiaburu se llega en un corto paseo por un terreno menos escabroso que el que dejo a mi espalda, de nuevo prados, árboles y rocas, muchas rocas, sobre todo en la suve loma cimera de Bernagoitiburu, donde la vista, inevitablemente, se va hacia el Mugarra.
De Nuevo árboles y rocas
Rocas y prados
Y el Mugarra
Cima de Bernagotiaburu
Buzón y de frente el Gaintxorrotx
Desde Bernagoitiaburu no hay camino marcado que lleve a Gaintxorrotx, lo tengo de frente así que lo mejor es buscar el camino más cómodo. Bajo por un pasillo herboso que lleva a la base de Gaintxorrotx y acabo en el sendero que he estado evitando, se puede subir al Gaintxorrotx rodeándolo por la izquierda hasta llegar a un collado, pero decido dejar de nuevo el sendero y subir casi en línea recta, por las rocas, en plan cabra.
Caballos cerca de Bernagoitiaburu
Hacia Gaintxorrotx
La subida no es complicada, sólo hay que tener cuidado de no meter el pie en alguna de las muchas grietas y evitar los espinos, que atraviesan el pantalón con una facilidad pasmosa. Un apequeña parada antes del último esfuerzo y alcanzar la cima sirve para mirar atrás y ver el camino recorrido.
Mirada hacia atrás
Por fin la cima, con su buzón amarillo en forma de torre almenada. Ahora sí, me voy a sentar a descansar y a comer, aunque por la hora más bien es la merienda. Es momento para disfrutar de las vistas y planear la siguiente etapa por estas montañas, las posibilidades son infinitas.
Cima de Gaintxorrotx
También es hora de ir pensando en la vuelta, se hace tarde y aun queda un buen paseo de vuelta, pero esta vez sí que lo haré por el sendero. El sol está bajo y el color dorado se va apoderando de todo, aprovecho para sacar las últimas fotos antes de que la oscura sombra lo cubra todo.
De vuelta por el sendero
Todo cambia de color
Dorado por el sol
Las Montañas
Acelero un poco el paso para no tener que bajar por Kataska a oscuras, y Aramotz se despide mí... por hoy.
Semana Santa, días para olvidarse del trabajo y descansar todo lo que se pueda… o tal vez no. De las tres grandes cimas de la Sierra de Gata, sólo me quedaba una por ascender, el Jalama, que con sus 1.493 metros es la segunda cima de la sierra tras la Bolla Grande (1.519) y por delante de la Jañona (1.367) así que tenía que aprovechar estos días, lo que no sabía era cual, pues el tiempo, aunque soleado, andaba un poco revuelto. Por suerte el hombre del tiempo de la televisión extremeña se equivoca igual que nuestra querida Ana Urrutia de la Euskal Telebista, y las previsiones de un día para otro son… “imprevisibles”. Es miércoles, anuncian nubes durante todo el día, lo cual puede ser un problema pues el Jalama es una montaña que ya de por sí, casi siempre amanece cubierta de nubes y permanece así durante gran parte del día, pero si no voy hoy ya no tendré tiempo hasta sabe dios cuando, así que madrugo y que sea lo que tenga que ser. El día amanece limpio y claro, sin un sólo resquicio de nubes y el Jalama está completamente despejado, voy a por tí, amigo.
Jalama
La forma más sencilla de subir esta montaña es desde lo alto del Puerto de San Martín, que une la localidad extremeña de San Martín de Trebejo con la Salmantina de El Payo, para ello la carretera rodea la montaña por su cara oeste, pero, la verdad, es una subida de poco más de media hora y poco montañera. Yo voy a subir desde la localidad de Acebo, en la cara este, la idea es hacer una ruta circular, subiendo por la cara sur, bajando por la norte y rodear toda la rivera de Acebo en un recorrido circular de más de 32 kilómetros. Dejo el coche a la entrada del pueblo, junto a las escuelas municipales. Llevo la ruta en el GPS, pero no sé porque extraña razón no consigo visualizarla, más tarde descubriré que ha sido un problema de datums, así que tengo que echar mano de mi cada vez peor memoria para localizar el camino, pero no hay problema, he llegado a la conclusión de que los montañeros acabamos desarrollando un sexto sentido para esto de la orientación y siempre damos con el camino adecuado. Salgo del pueblo siguiendo la pista que lleva al cementerio (mi abuela lo llama el palillo, no me preguntéis porqué), lo bordea y enseguida descubro que voy bien… marcas de pintura roja y blanca que señalan la GR10 en su etapa entre Acebo y San Martín de Trebejo.
GR10 Acebo-San Martín de Trevejo
El camino discurre primero entre muros de piedra que delimitan huertos y parcelas para después internarse entre los robles y los helechos, en algunos puntos se pierde entre la maleza, pero las marcas rojas y blancas son bien visibles y es difícil perderse. Enseguida salgo a terreno despejado, una pista con postes que confirman que voy en el buen camino. Ante mí tengo las primeras vistas de la ribera de Acebo que me acompañarán durante todo el camino.
Rivera de Acebo
La pista va ganando altura sin apenas desnivel. El monte bajo floreciendo y el cielo azul le ponen color a la ruta que me llevará hacia el Jalama.
Colores primaverales
Hacia el Jalama
A medida que gano altura tengo unas vistas más amplias sobre el valle de Acebo y empiezo a pensar que quizás no haya sido la mejor idea hacer la ruta por esta pista pues se me va a hacer muy larga, puedo ver como por el fondo del valle, sin apenas desnivel, hay varios caminos que salen del pueblo y se acercan hacia la base de la montaña y seguramente me habría ahorrado algunos kilómetros.
Valle de Acebo y caminos Hacia el Jalama
Llego a un punto en que un camino deja la pista, que continúa bordeando toda la línea de montañas hasta llegar al Jalama. Este camino se dirige hacia el fondo del valle, hacia los caminos que he visto antes, o eso parece desde esta altura. Decido probar suerte y comienzo a descender en busca de un camino que me ahorre algunos kilómetros y muchas fuerzas. Tras atravesar algunas parcelas llego al fondo del valle, a una pista de cemento, pero ahora, desde aquí abajo ya no tengo la perspectiva que tenía antes y no sé que camino de os que veo puede ser el bueno, así que decido continuar por la pista principal, que además es la única que lleva una dirección ascendente. La pista acaba en una casa rural, creo que he metido la pata, pero entonces surge de nuevo ese sexto sentido de la orientación, rodeo la casa por la derecha hacia un pequeño prado y allí veo que comienza un sendero que continúa ascendiendo, no aparece en el mapa del GPS, pero tiene buena pinta. El sendero va remontando la cada vez más acusada pendiente siguiendo paralelo al curso de un arroyo y a través de un precioso robledal.
Robledal
El sendero, perfectamente visible, sigue ascendiendo hasta llegar a un lugar dominado ahora por enormes castaños donde acaba desapareciendo, pero según el GPS me encuentro muy cerca de la pista que abandoné hace ya más una hora y buscando el camino más cómodo entre la maleza acabo saliendo a terreno despejado y alcanzo la pista, al final creo que he perdido el tiempo y he gastado fuerzas que más tarde me harán falta. Si alguien decide hacer esta ruta le aconsejo seguir por la pista del GR10 o buscar un buen camino que salga desde el pueblo y recorra el valle hacia la base del Jalama. Al menos otra vez puedo disfrutar de unas bonitas vistas.
Jalama y Sierra de Gata
La pista, aunque más comodona, no deja de ser una forma muy bonita y agradable de acercamiento al Jalama, además el terreno rocoso nos deja bonitas estampas. En el cielo azul, el único rastro de nubes son las innumerables estelas dejadas por los aviones, parece como si una batería de misiles hubiese abierto fuego…
Estelas en el cielo
Curiosas rocas a contraluz
La pista también tiene su historia, pues forma parte de una antigua calzada romana y lleva hasta unas antiguas minas de wolframio que se intentan recuperar ahora. Voy dejando de lado pequeñas cimas, casi siempre coronadas por curiosas aglomeraciones de rocas, tan curiosas como los nombres de esas cimas, Teso Carranco, Barrito Blanco…
Formaciones rocosas en Barrito Blanco
La pista se convierte en calzada
El camino ha sido largo, pero todo llega, tras atravesar una puerta metálica llego a una explanada, la pista-calzada continúa bordeando las faldas del Jalama hasta rodearlo por completo y termina en un gran cortafuegos, junto a las minas de wolframita, pero en este punto es donde voy a abandonarla y dirigirme directamente hacia la montaña, la idea es alcanzar el cordal y así llegar hasta cima. Me siento un poco a descansar y comer algo, llevo ni más ni menos que tres horas de camino y he recorrido algo más de 10 kilómetros. Mientras descanso observo la montaña y me fijo en un punto no muy lejano donde se acumulan enorme rocas que toman las formas más insospechadas…
Formaciones de rocas
No sé, puede que me haya dado demasiado el sol en la cabeza, pero comienzo a ver figures de todo tipo entre las rocas, un fraile, una anciana ordeñando una vaca, un tiburón que emerge de las aguas, un niño que columpia entre dos rocas…
Figuras extrañas
¡Cómo, que vosotros no las veis! Dejad que os ayude un poco y decirme que no estoy loco…
Fraile
Abuela ordeñando vaca
Tiburón
Niño columpiándose
En fin… mejor que descanse un poco más mientras busco el lugar por el que subiré. La verdad es que pensaba que toda la ladera estaría cubierta de monte bajo, jara, brezos, carquesas y que sería complicado avanzar o encontrar un camino, pero para mi sorpresa predomina la roca, y el matorral, aunque abunda, permite avanzar muy cómodamente, con el único obstáculo de la pendiente y el cansancio acumulado, así que me lo tomaré con calma y si puedo dejaré de mirar las rocas porque yo sigo viendo cosas raras.
Comienzo a subir
El camino es cómodo
Lucio… no mires las rocas
Gano altura con la rapidez que me permiten mis fuerzas, o sea, poco a poco y aparto mi vista de las rocas para dirigirla de nuevo Hacia el valle, que ahora se muestra ante mí en todo su esplendor.
Valle de Acebo
Continúo hacia arriba y me encuentro con un pequeño arroyo, no es que haga un calor excesivo, pero se agradezco el poder refrescarme un poco, a ver si me olvido de las malditas rocas, al menos durante un rato. El agua se ve tan limpia y cristalina que no puedo evitar echar un par de tragos, aunque más vale prevenir, y si no es completamente necesario… mejor dejarlo. Supongo que en época estival por aquí no quedará ni una sola gota de agua, así que si alguien decide hacer esta ruta que lleve bien llena la cantimplora.
Arroyo
Malditas rocas…
El cordal está cada vez más cerca, pero cada vez también noto más el esfuerzo, comienzo a sentir calambres en las piernas y no llevo ni la mitad del camino que tengo pensado, espero que se me pasen porque si no esto puede ser la leche. Intento concentrarme en otras cosas, por ejemplo las vistas hacia abajo, cada vez más impresionantes.
Mirando hacia atrás
Un ultimo esfuerzo para llegar a la parte alta de la montaña, más rocas, algo de vegetación pegada al suelo, aquí el viento debe pegar fuerte y pocos matorrales consiguen crecer y aguantarse si no es entre las rocas.
Hacia el cresterío
Rocas y vegetación
Por fin salgo al cordal, aunque estaba tan cansado que en lugar de subir en línea recta he ido faldeando y he salido a escasos metros de la cima, la ansiada y reconfortante cima del Jalama.
Hacia atrás el cordal
Hacia adelante… La cima
Un vértice geodésico y un mojón que señala el límite entre las provincias de Salamanca y Cáceres marcan el punto más alto del Jalama, aquí no hay buzones. Es hora de sentarme y descansar de verdad, disfrutar de las inmensas vistas que ofrece esta montaña desde la que se domina un paisaje infinito, Extremadura, Castilla y Portugal.
Cima del jalama
Panorámica de 360º desde la cima del Jalama
Son las 13:30, cuatro horas y media y algo menos de 14 kilómetros ¿porqué no habré subido desde el puerto de San Martín? Pues porque me encantan las montañas y sus caminos, con sus fuertes pendientes, sus arroyos refrescantes y sus alucinantes formaciones rocosas… por cierto, ¿os he dicho que las laderas del Jalama están llenas de estas curiosas formaciones? Hay cabezas cortadas, guantes de boxeo, dinosaurios… ¡dios! Creo que estoy muy mal de lo mío…
Cabezas cortadas
Guantes de boxeo
Dinosaurios
Más dinosaurios
Hora de alimentarse e hidratarse bien, aún me queda más de la mitad del camino, eso sí, ahora la mayor parte será cuesta abajo. Y qué mejor lugar para sentarse que el vértice geodésico, pero alguien ha colocado algunas rocas así que nada, una patada y listo, asiento despejado, pero… ¡un momento! ¿qué es esto?, pero… si parecen tarjetas de un club de montaña… ¡no puede ser! debajo de la piedra que acabo de patear hay una bolsita de plástico con dos tarjetas de clubes de montaña, y esta vez no son rocas y no estoy alucinando, una de las tarjetas pertenece a La Sociedad Montañera… ¡de Bilbao! y la otra al Arroletza Mendi Taldea de Baracaldo… Joselón, Chelo, Juanma, Ana… son algunos de los nombres que consigo leer de entre las 14 firmas que tienen las tarjetas. Chicos, estais de suerte, tarde, pero vuestras tarjetas llegarán a su destino.
Tarjetas
Me quedaría aquí el resto del día, pero aún me queda mucho camino, el esfuerzo ha merecido la pena y con pena me despido de la cima del Jalama y de sus rocas misteriosas. No soy el único que piensa que este es un buen lugar para sentarse, descansar y contemplar el paisaje…
Cruz en las faldas del Jalama
El camino de Bajada es muy claro, hay que ir junto a una alambrada de espino, también a quien se le ocurre poner una alambrada así en un sitio como este, pero bueno… Desde la cruz parte un sendero muy marcado, pero por si acaso, tengo como referencia unos metros más abajo una torre de vigilancia forestal hacia la que me dirijo, más abajo una caseta con una antena y aún más abajo el cortafuegos que será mi sendero durante unos cuantos e interminables kilómetros.
Objetivo, el cortafuegos
Antes de llegar a la torre de vigilancia forestal el camino pasa junto a un antiguo nevero protegido por rocas y una mancha de pinos, en su interior aun quedaban restos de nieve.
Nevero escondido entre los pinos
Me gusta disfrutar del paisaje mientras camino, pero también tengo la costumbre de no apartar mucho la vista del suelo, tengo una pequeña obsesión con las culebras, en especial con las víboras, y hoy me he topado con una tras dejar el nevero, estaba tranquilamente tomando el sol en el medio del camino, era pequeñita y al sentirme se ha espabilado y ha salido pitando, mejor así, sino el que hubiera salido pitando soy yo. Alcanzo la torre de vigilancia, aunque se encuentra junto a una pista que desciende, hay que rodear la torre y seguir descendiendo por un sendero muy evidente que también está señalado con hitos, así que no hay pérdida, se sigue descendiendo en línea recta hacia la caseta. Hacia atrás dejo el Jalama.
Hacia atrás el Jalama
Al llegar a la caseta hay que hacer igual que en la torre, olvidarse de la pista, rodear la caseta y seguir por el sendero. El camino lleva hasta un mirador, por encima de la zona donde se encuentran las minas y que ofrece unas vistas espléndidas y también es un buen sitio para relajar las piernas cinco minutos.
Vistas desde el mirador
Desde el mirador se intuye la cercanía del cortafuegos, pero no veo un camino claro que baje en línea recta, además aquí la vegetación es más frondosa, así que continúo por el sendero marcado por los hitos, da un pequeño rodeo, pero finalmente acaba en una pista junto a las minas de wolframita y la pista lleva directamente al cortafuegos.
Dejo atrás el mirador
Y alcanzo el cortafuegos
Del cortafuegos qué os voy a contar, serán 8 kilómetros eternos, con algunos pequeños repechos que se me hacen insufribles por los calambres en las piernas, pero tengo que seguir adelante. Una caseta de guardabosques en un alto rompe la monotonía de la tierra, los pinos y el cielo azul. El Jalama ya se ve lejano.
Caseta en un alto
Jalama
Algunas nubes adornan el cielo
Pero el cortafuegos continua
Sí, el cortafuegos se hace pesado, aburrido e interminable, pero el que haya elegido este camino para volver tiene su razón de ser, aparte de que me apetecía pegarme esta paliza hay un punto en el camino en el que salgo del cortafuegos por un camino que lleva a un mirador, el mirador de la cervigona. La cervigona es un salto de agua de unos 60 metros que surge del paraje conocido como las Cabezas de la Cervigona, una depresión a los pies del Jalama que recoge el agua que cae por sus laderas y la lanza al vacío en el barranco de la cervigona, por donde el río del mismo nombre discurre encajonado. Sé que no llevará mucho agua, pero quería verlo, y aquí estoy, en el mirador de la cervigona.
Jalama y Cabezas de la Cervigona
Salto de La Cervigona
Barranco de La Cervigona
El mirador es otro buen lugar para sentarse un rato y disfrutar del panorama, la pena es que tengo el sol de frente y las fotos salen poco vistosas… Regreso al cortafuegos, ya me queda muy poco para alcanzar el punto donde lo abandonaré y tomaré el antiguo camino del puerto de Castilla que me llevará directamente a Acebo, pero aun me queda tiempo y tiempo y kilómetros para seguir disfrutando y sufriendo a la vez de estas montañas.
Jalama y rivera de Acebo
Desciendo por el Puerto Viejo de Castilla
El paisaje ha cambiado, ahora disfruto de las vistas hacia el Jalama, sus laderas salpicadas de pinos y los continuos pliegues de la montaña en una sucesión de barrancos que descienden hacia el fondo del valle.
Los pinos salpican la montaña
La tierra se pliega bajo el Jalama
Otro pequeño alto en el camino para visitar el mirador de La Ventosa, unos 250 metros por debajo se encuentra la presa del Prado de las Monjas que recoge el agua de la Cervigona, está a rebosar. Me encantaría bajar a verlo, pero las fuerzas están al límite, llevo andados 26 kilómetros y aún me faltan otros 6 hasta el pueblo que se divisa al fondo del valle, parece lejísimos…
En el mirador de La Ventosa
Mirando Hacia Acebo
Desde el mirador de La Ventosa sale un sendero que lleva a Acebo, pero yo vuelvo atrás unos metros, hasta un collado de donde parte otro sendero que también lleva a Acebo, el motivo, que el camino es algo más corto y yo tengo las botas llenas de pies y los pies llenos de dedos que luchan por salir de esas botas. O sea, que estoy rendido. Ya ni el paisaje consigue distraerme, y eso que a mi lado voy dejando otra pequeña montaña con muy buena pinta, pero como su propio nombre indica, Teso Porras, ¡que se vaya a la porra! Al menos por hoy, tal vez otro día…
Teso Porras
Por fin tengo Acebo frente a mí, dejo el camino de tierra y piedras para entrar en la carretera, aunque no lo creáis el asfalto proporciona un alivio momentáneo a mis doloridos pies, unos pocos metros y llego a la piscina natural de Acebo, un lugar que en verano hace las delicias de todo el que se acerca hasta aquí, estáis invitados a conocerlo, Acebo y todos esos rincones de la Sierra de Gata que están sin descubrir o al menos sin masificar y por los que es una auténtica delicia pasearse, aunque te acaben doliendo los pies. Junto a la piscina hay un bar, pero por lo visto sólo debe abrir en verano, es una pena porque me hubiese gustado rendir un pequeño homenaje a los foreros “cartagineses” de Mendiak.net con una buena cerveza en la mano, ellos ya me entienden…
Piscina natural de Acebo
Habría sido el colofón perfecto para esta jornada, sin embargo, para mi desdicha, además de que el bar está cerrado, resulta que las piscinas están a más de dos kilómetros del pueblo... y de mi coche.
Diez horas y ocho minutos desde que salí, 32,36 kilómetros incomprensibles para muchos, los pies fundidos con las botas, pero en este momento soy el tío más feliz del mundo ¿porqué será? Un saludo.