4 de agosto de 2016

Una de barrancos y arroyos


Típico día de verano norteño, o sea, cielos con más nubes que claros, que invitan a darse un relajado paseo, así que hoy, aprovechando la luz difuminada por las nubes, toca también sesión de fotos.

En las faldas de los montes de Arno se forman arroyos que poco a poco se van encajonando creando pequeños barrancos y como en esta época del año no tienen mucha agua es un buen momento para explorarlos sin tener que mojarse los pies.

En esta ocasión voy a seguir el curso de uno de los arroyos que vierten sus aguas al arroyo Alarrieta. Es un pequeño cauce que he cruzado cada vez que me he acercado a los montes de Arno y tenía curiosidad por ver cómo era, así que hoy era un buen día para hacerlo.

Al ser verano y llevar tiempo sin llover fuerte apenas tiene agua por lo que resulta fácil seguirlo por el mismo cauce, teniendo cuidado con las resbaladizas rocas que quedan al descubierto. El arroyo desaparece engullido por la tierra al llegar a una zona abierta con enormes hayas tronchadas y literalmente arrancas por el viento, pero muy cerca se oye el murmullo de otro arroyo, así que para allá me voy, a seguir explorando.

Este tiene un poco más de agua, no mucha, pero la suficiente para formar pequeños saltos que anuncian que la pendiente comienza a ser mayor y el barranco comienza a estrecharse. La pendiente y la gran cantidad de troncos arrastrados por las crecidas hacen que poco a poco resulte más complicado avanzar, así que tras haber recorrido unos 500 metros de barrancos en unas 3 horas y un buen cargamento de fotos, doy por finalizada la sesión.





1 de agosto de 2016

Rincones para perderse: Cascadas de Altube y Corraladas


Hablar de cascadas cerca de Bilbao es sinónimo de hablar del gran salto del Nervión y de la cascada de Gujuli, pero a veces, a base de recopilar información, o por pura casualidad, uno se puede encontrar con auténticas sorpresas. Saltos de agua como los que me ocupan hoy y que te trasladan a lugares imposibles de imaginar a tan sólo doscientos metros de una autopista.

Mi “paseo” comienza unos dos kilómetros antes de alcanzar el alto del puerto de Altube por la carretera A-624 dirección Vitoria. Justo tras pasar al lado de los caseríos Etxebarría y Olabarrieta abandonamos la carretera a mano derecha por una pista para inmediatamente dejar el coche aparcado en una pequeña explanada. Ya caminando se desciende por la pista hasta alcanzar el cauce del río.

Tengo que indicar que a las cascadas se puede acceder desde varios sitios y que seguramente la ruta más “complicada” es la que he elegido yo, remontando el curso del río por un senderillo que, a través de la abundante vegetación, se va difuminando hasta casi desaparecer en algunos tramos, aunque no hay pérdida alguna, se trata de remontar el río hasta alcanzar las cascadas, pero dependiendo de lo cerca que vayamos del río puede que nos veamos obligados a cambiar de orilla en más de una ocasión para salvar algunos obstáculos o la fuerte pendiente y eso, dependiendo del caudal puede resultar peligroso. Yo recomiendo mantenerse siempre por la margen izquierda aunque en algún momento haya que separarse del río y dar pequeños rodeos, más que nada porque la parte más bonita de las cascadas hay que remontarla por esta parte del cauce por un camino bien marcado.

Pero la primera sorpresa nos la encontraremos mucho antes de llegar a los saltos de agua del arroyo Corraladas, principal objetivo de esta salida. Apenas 10 o 15 minutos después de comenzar la ruta nos daremos de bruces con un espectacular salto, es la cascada del río Altube. No tenía ninguna referencia de ella, pero ya sólo por verla merece la pena acercarse hasta aquí, así que fue una muy grata sorpresa, un sucedáneo de lo que nos espera más arriba.

De esta forma se alcanzan las cascadas de Corraladas. Un salto tras otro, cada uno más espectacular que el anterior. Hay que seguir el sendero hasta el final, hasta llegar a la última cascada, la más alta e impresionante, porque aunque en algún momento parezca que la cosa se ha acabado no es así. Este último salto es inconfundible, un salto vertical de varios metros donde parece que el agua cae directamente del cielo. 

Para la vuelta se me hizo un poco tarde y por miedo a que oscureciera siguiendo el a veces difuso y empinado camino del río, tomé un sendero que parte por debajo de la última cascada y que enseguida deriva en una pista que, hacia la izquierda se dirige hacia Belauntza y por la derecha, siguiendo siempre la pista principal en sentido descendente, lleva de nuevo a la carretera A-624, pero unos dos kilómetros por debajo del lugar donde dejé aparcado el coche. No tengo track de la ruta exacta que hice porque no tenía activada la grabación en el móvil, pero en la parte final me desvié de la pista de tierra para bajar por lo que parecía otra pista en desuso hacia el cauce del río, de hecho al final bajé monte a través un tramo, pero sin complicaciones ya que el terreno está bastante despejado, así pude retomar el camino de ida por una zona donde estaba bien marcado ya que no me apetecía meterme dos kilómetros de carretera cuesta arriba, además entonces sí que se me hubiera hecho de noche.

En fin, todo un descubrimiento y un sitio que habrá que visitar en época de lluvias porque verlo con mucha agua debe ser espectacular.



 


PVR-147, la catedral del senderismo


PRV-147, o Camí de les Jovades, o de Juvees d´Enmig, o Barranc de l´Infern, o ruta de los 6500 escalones, lo podéis llamar como queráis, en fin, la catedral del senderismo.

Ruta circular por los cañones de La Vall de Laguar, provincia de Alicante, la verdad es que no dejo de sorprenderme cada verano con la cantidad de montañas que hay por esta zona del mediterráneo, tradicionalmente asociada al turismo que sólo busca sol y playa, realmente merece muchísimo la pena adentrarse en estos parajes sin renunciar después al chapuzón vespertino en las tibias y tranquilas aguas del Mare Nostrum. 

Desde la ventana del apartamento las sierras del Montgó, la de Segaria y la sierra de Migdia, sin llegar a sobrepasar los 800 metros, no pueden pasar desapercibidas para cualquiera que le gusten las montañas, pero estaba decidido que este año la ruta a realizar era la de los 6500 escalones.

La ruta completa consta de tres tramos de bajadas y subidas, la primera, saliendo desde la localidad de Fleix, es la más bonita y espectacular, atravesando la montaña a través del forat y ofreciendo las mejores vistas, además esta parte está formada casi al completo por escalones, bajando hasta el Barranco de l´Infern para luego ascender hasta la zona conocida como Juvees del Poble d´Enmig.

La segunda parte nos lleva por un sendero que desciende de nuevo hasta el barranco de l´Infern para luego subir hasta los corrales de Juvees del Poble de Dalt. A partir de aquí se empieza a notar el cansancio, pero sobre todo el sofocante calor, si en Benimaurell había 35 grados cuando llegué, calculo que por las laderas de los barrancos bien podrían alcanzarse los 37-38, así que la última parte hay que tomársela con calma y medir bien el consumo de agua porque la última subida parece que no se acaba nunca.

Así afrontamos la última parte del recorrido, sorteando los Barrancos del Tuerto y del Racons para llegar a esa subida donde otra vez aparecen los escalones y que se hace interminable. Aquí es donde los cuádriceps empiezan a resentirse después de más de cuatro horas de baja y sube, pero las vistas compensan el esfuerzo y la cercanía de Benimaurell y la visión de una cerveza fresquita en la terraza de un bar hacen que se saque fuerzas de donde casi no quedan.

Un corto paseo por pista asfaltada entre Benimaurell y Fleix pone fin a una ruta que deja las piernas hechas polvo, pero con ganas de repetirla.

Dependiendo de la época en que se haga la ruta es importante ir bien provisto de agua, sobre todo en verano, aunque durante la ruta encontraremos una fuente en Juvees del Poble d´Enmig y otra en la segunda bajada hacia el barranco de l´infern.

Hoy lo tenía fácil para elegir la música, "Stairway To Heaven" de Led Zeppelin, pero como estamos en verano, ¿porqué no ponerle una de esas canciones pegadizas que no dejan de sonar en todas las radios?



 


30 de junio de 2016

Bosques con encanto


Hoy la cosa no va de montañas, será que no me apetecía subir cuestas o que el día estaba un tanto gris e invitaba más a perderse por el bosque cámara en mano. Así que hoy toca sesión de fotos de las buenas, con trípode, filtros y cable disparador, como los profesionales.



 


22 de junio de 2016

Peña Candina, donde la montaña y el mar se miran a los ojos


Ojalá yo hubiera subido a Peña Candina a la tierna edad de 16 años, como aquella joven a la que un día,  sentada en la arena de la playa mientras esperaba a que acabasen los eternos partidos de fútbol de su novio, se le ocurrió subir hasta aquel precioso agujero que la retaba desde lo alto. 

Datos para ascender a Peña Candina y Salpico





18 de mayo de 2016

LEGARMENDI: Betzuenburu y Bernagoitiaburu


Recordando mis primeros pasos por la montaña vuelvo a uno de los lugares más placenteros para darse un tranquilo paseo, la sierra de Legarmendi, o de Aramotz, o como quieran llamarla. Además esta vez ha servido de banco de pruebas para la Sony NEX-3N, que me ha durado un suspiro, y no porque sea una mala cámara, todo lo contrario, pero lo de ir por el monte cambiando de objetivos, en mi caso, sigue siendo incompatible. 

Parece mentira la calidad que hay en un cuerpo de cámara tan pequeño, y en combinación con el objetivo SEL16-50PZ-OSS hacen un conjunto tan pequeño que bien podría pasar por una cámara compacta. Nada que ver con aquellos días en que caminaba por estos mismos senderos con mi flamante Nikon D70S, tres objetivos, flash y trípode.

Os dejo con las fotos de este día.



 


14 de abril de 2016

Entre Saltipiña y Zalama, arroyo del Pozo Negro


La ruta comienza en una encrucijada de caminos conocida con el nombre de Las Arroturas, cerca de la pequeña aldea de La Calera del Prado. Aquí disponemos de zona amplia para poder aparcar el coche, aunque también se puede subir por la pista sin dificultad hasta la zona donde se encuentra una buitrera y aparcar allí sin problemas, esta opción nos ahorrará casi 5 kilómetros de paseo y hacerlo a pie no aporta más que eso, más kilómetros, más desnivel y más tiempo invertido en la ruta. Yo dejé el coche abajo.

La idea era subir al Saltipiña y después recorrer la sierra de Mesada pasando por Peñalta, Montegrande y Peñarada para, posteriormente, enfilar hacia el cordal de los montes de Ordunte y alcanzar la cima del Zalama. Hasta Saltipiña llegué sin dificultades, pero ya en el aparcamiento el fuerte viento hacía presagiar que habría cambio de planes. Soplaba con tanta intensidad que en la cima de Saltipiña y alrededores apenas podía mantenerme de pie, así que en el resto de la ruta sería peor todavía, por lo tanto descendí rápidamente por la ladera opuesta a la que había subido, hacia la pista que va rodeando el Saltipiña.

De haber alcanzado la cima del Zalama tenía pensado haber descendido hacia el arroyo del Pozo Negro, en busca de una bonita cascada de la que había oído hablar, la cascada de Rebedules, explorar un poco el barranco que forma el arroyo y hacer la vuelta por la pista en la que me encontraba ahora, así que el resto de la jornada lo iba a dedicar a explorar este arroyo y su barranco. 

La pista acaba en una zona conocida como la presilla, supongo que la pequeña presa que retiene las aguas del arroyo es la que da nombre al lugar. En este punto es donde se cruza el arroyo y se toma el sendero que lleva al Zalama y que atraviesa la cascada de Rebedules, pero llevaba tanta agua que me resultaba imposible cruzar sin peligro de resbalar, así que la visita a la cascada la dejo para otro día, aunque la misma es perfectamente visible desde la pista, e impresiona, porque aunque no sea una cascada vertical se ve perfectamente cómo se desploma el agua por la fortísima pendiente de la ladera salvando mas de 300 metros de desnivel.

Desechada también la posibilidad de llegar a la cascada ya sólo quedaba la opción de explorar el arroyo y el barranco del Pozo Negro. Justo por debajo de la presa ya hay un salto de agua que merece unas fotos, pero algo más arriba se atisba otro salto más grande. Tras acercarme hasta ese punto vuelvo a la presilla y comienzo el descenso lo más cerca que puedo del arroyo para ver otra bonita serie de saltos de agua y toboganes que la erosión ha ido formando en la roca. Es un lugar realmente bonito y que merece la pena ver, pero hay que tener muchísimo cuidado. El caudal de agua, lo resbaladizo del terreno debido a la gran humedad y la fuerte pendiente lo hacen peligroso, así que hay que ser consciente de donde se mete uno. Tuve que sacar más de una foto haciendo equilibrios apoyado sobre algún árbol al borde de un talud de 3 metros sobre las aguas del arroyo.

De esta forma seguí el arroyo hasta el punto en el que recibe las aguas de la cascada de Rebedules, a partir de ahí fui remontando poco a poco la ladera para regresar a la pista que lleva a Las Arroturas. 

Una pena no haber podido hacer la ruta completa porque es una gozada pasear por esas cimas herbosas y redondeadas, aun así me quedo con las impresionantes vistas hacia el valle cántabro de Soba, con el telón de fondo de los Montes de Valnera y del Parque Natural de los Collados de Asón con sus cimas cubiertas de nieve.




 


27 de enero de 2016

Cordal de Sasiburu

08/12/2015

La ruta comienza en la calle Basatxu, Barakaldo, junto a un depósito de aguas donde se puede aparcar intentando estorbar lo menos posible ya que por la zona pueden circular pequeños tractores con remolque y maquinaria agrícola.


El primer tramo discurre por una senda estrecha, resbaladiza e incómoda ya que estamos flanquados por espinos y zarzas de gran altura, las vistas son prácticamente nulas y la senda acaba saliendo a una pista asfaltada por la que se puede subir con el coche, así que, salvo que queramos meterle más desnivel a la ruta, para mí este tramo es completamente prescindible, mejor subir con el coche hasta el final de la pista, donde hay una zona amplia para aparcar.


A partir de aquí no hay ninguna complicación, alternando sendas y pistas se recorre el cordal comenzando por la cima de Arroletza y pasando por Tellitu, Sasiburu, Cruz del Humilladero y Peñas Blancas para finalizar en Ganeroiz/Apuko tras salvar una fuerte pendiente.


No se si habrá sido por el día tan gris que ha hecho o por el entorno tan civilizado que rodea estas montañas, pero, a pesar de que habia oído buenos comentarios, la verdad es que la zona me ha decepcionado. Además, lo de compartir ruta con corredores, ciclistas, moteros, quads, todo terrenos y cazadores, sí, cazadores, como que le quita el poco encanto que tiene. El único tramo que me ha parecido interesante ha sido la subida a Peñas Blancas. En la cima hay que tener mucho cuidado porque hay una gran sima y con niebla puede ser un sitio peligroso.


Para la vuelta no hay mas que deshacer el camino andado aunque yo dí un pequeño rodeo, casualmente por la zona por donde andaban los cazadores, en fin...



 


21 de enero de 2016

Hayedo de Altube-Burbonas




Cuando uno sube el puerto de Altube por la autopista no puede dejar de preguntarse que misterios esconde ese enorme hayedo a ambos lados de la carretera. Al menos eso es lo que me ocurre a mí, así que ya iba siendo hora de empezar a explorarlo.

La ruta comienza en lo alto del puerto de Altube accediendo por la carretera A-624, a mano derecha en sentido ascendente hay un apartadero donde se puede dejar el coche y justo enfrente comienza una senda que enseguida se convierte en pista. Esta pista tiene varias bifurcaciones y a la primera oportunidad me desvío de la pista principal y me interno en el hayedo, campo a través, en busca de rincones ocultos. Y vaya si los hay.

La ruta incluye la subida a la Burbona Occidental, hasta cuya cima se alterna el campo a través con alguna pista y sendero poco transitados, y salvo algún tramo con mucha pendiente, resbaladiza por la hojarasca que se amontona en el suelo, la ruta no tiene dificultad alguna, los terrenos cubiertos por hayedos están siempre muy limpios y con buena visibilidad lo único que nos debe preocupar es disfrutar del lugar.
 
El camino de vuelta lo hice por la pista principal y aproveché para visitar alguna de las cimas cercanas que no conocía, como Astaiz y Txintxularra, la primera de ellas me pareció un rincón muy bonito y recomendable.



 


15 de enero de 2016

Valderejo, senda del río Purón


La senda del río Purón, en el Parque Natural de Valderejo, es una de esas rutas que uno no se cansaría de repetir, esta vez la iniciamos en la pequeña población de Herrán, un lugar con el encanto que da ese aspecto de villa medieval, y acabamos en el pueblo abandonado de Ribera. Para la vuelta, en lugar de utilizar el mismo camino optamos por la senda de Santa Ana, que rodea la cima del mismo nombre para enlazar otra vez con la senda del Purón.

El lugar estaba espectacular, con un colorido otoñal al que le quedaban pocos días y con suficiente agua en el río para deleitarnos con los sonidos del agua encajonada entre las rocas.

A destacar al comienzo del desfiladero, entre paredes de roca, una zona en la que el río desaparecere por un sumidero para aparecer una veintena de metros más abajo. Aunque la verdad es que toda la ruta en sí merece la pena.



 


 

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