18 de mayo de 2016

LEGARMENDI: Betzuenburu y Bernagoitiaburu


Recordando mis primeros pasos por la montaña vuelvo a uno de los lugares más placenteros para darse un tranquilo paseo, la sierra de Legarmendi, o de Aramotz, o como quieran llamarla. Además esta vez ha servido de banco de pruebas para la Sony NEX-3N, que me ha durado un suspiro, y no porque sea una mala cámara, todo lo contrario, pero lo de ir por el monte cambiando de objetivos, en mi caso, sigue siendo incompatible. 

Parece mentira la calidad que hay en un cuerpo de cámara tan pequeño, y en combinación con el objetivo SEL16-50PZ-OSS hacen un conjunto tan pequeño que bien podría pasar por una cámara compacta. Nada que ver con aquellos días en que caminaba por estos mismos senderos con mi flamante Nikon D70S, tres objetivos, flash y trípode.

Os dejo con las fotos de este día.



 


14 de abril de 2016

Entre Saltipiña y Zalama, arroyo del Pozo Negro


La ruta comienza en una encrucijada de caminos conocida con el nombre de Las Arroturas, cerca de la pequeña aldea de La Calera del Prado. Aquí disponemos de zona amplia para poder aparcar el coche, aunque también se puede subir por la pista sin dificultad hasta la zona donde se encuentra una buitrera y aparcar allí sin problemas, esta opción nos ahorrará casi 5 kilómetros de paseo y hacerlo a pie no aporta más que eso, más kilómetros, más desnivel y más tiempo invertido en la ruta. Yo dejé el coche abajo.

La idea era subir al Saltipiña y después recorrer la sierra de Mesada pasando por Peñalta, Montegrande y Peñarada para, posteriormente, enfilar hacia el cordal de los montes de Ordunte y alcanzar la cima del Zalama. Hasta Saltipiña llegué sin dificultades, pero ya en el aparcamiento el fuerte viento hacía presagiar que habría cambio de planes. Soplaba con tanta intensidad que en la cima de Saltipiña y alrededores apenas podía mantenerme de pie, así que en el resto de la ruta sería peor todavía, por lo tanto descendí rápidamente por la ladera opuesta a la que había subido, hacia la pista que va rodeando el Saltipiña.

De haber alcanzado la cima del Zalama tenía pensado haber descendido hacia el arroyo del Pozo Negro, en busca de una bonita cascada de la que había oído hablar, la cascada de Rebedules, explorar un poco el barranco que forma el arroyo y hacer la vuelta por la pista en la que me encontraba ahora, así que el resto de la jornada lo iba a dedicar a explorar este arroyo y su barranco. 

La pista acaba en una zona conocida como la presilla, supongo que la pequeña presa que retiene las aguas del arroyo es la que da nombre al lugar. En este punto es donde se cruza el arroyo y se toma el sendero que lleva al Zalama y que atraviesa la cascada de Rebedules, pero llevaba tanta agua que me resultaba imposible cruzar sin peligro de resbalar, así que la visita a la cascada la dejo para otro día, aunque la misma es perfectamente visible desde la pista, e impresiona, porque aunque no sea una cascada vertical se ve perfectamente cómo se desploma el agua por la fortísima pendiente de la ladera salvando mas de 300 metros de desnivel.

Desechada también la posibilidad de llegar a la cascada ya sólo quedaba la opción de explorar el arroyo y el barranco del Pozo Negro. Justo por debajo de la presa ya hay un salto de agua que merece unas fotos, pero algo más arriba se atisba otro salto más grande. Tras acercarme hasta ese punto vuelvo a la presilla y comienzo el descenso lo más cerca que puedo del arroyo para ver otra bonita serie de saltos de agua y toboganes que la erosión ha ido formando en la roca. Es un lugar realmente bonito y que merece la pena ver, pero hay que tener muchísimo cuidado. El caudal de agua, lo resbaladizo del terreno debido a la gran humedad y la fuerte pendiente lo hacen peligroso, así que hay que ser consciente de donde se mete uno. Tuve que sacar más de una foto haciendo equilibrios apoyado sobre algún árbol al borde de un talud de 3 metros sobre las aguas del arroyo.

De esta forma seguí el arroyo hasta el punto en el que recibe las aguas de la cascada de Rebedules, a partir de ahí fui remontando poco a poco la ladera para regresar a la pista que lleva a Las Arroturas. 

Una pena no haber podido hacer la ruta completa porque es una gozada pasear por esas cimas herbosas y redondeadas, aun así me quedo con las impresionantes vistas hacia el valle cántabro de Soba, con el telón de fondo de los Montes de Valnera y del Parque Natural de los Collados de Asón con sus cimas cubiertas de nieve.




 


27 de enero de 2016

Cordal de Sasiburu

08/12/2015

La ruta comienza en la calle Basatxu, Barakaldo, junto a un depósito de aguas donde se puede aparcar intentando estorbar lo menos posible ya que por la zona pueden circular pequeños tractores con remolque y maquinaria agrícola.


El primer tramo discurre por una senda estrecha, resbaladiza e incómoda ya que estamos flanquados por espinos y zarzas de gran altura, las vistas son prácticamente nulas y la senda acaba saliendo a una pista asfaltada por la que se puede subir con el coche, así que, salvo que queramos meterle más desnivel a la ruta, para mí este tramo es completamente prescindible, mejor subir con el coche hasta el final de la pista, donde hay una zona amplia para aparcar.


A partir de aquí no hay ninguna complicación, alternando sendas y pistas se recorre el cordal comenzando por la cima de Arroletza y pasando por Tellitu, Sasiburu, Cruz del Humilladero y Peñas Blancas para finalizar en Ganeroiz/Apuko tras salvar una fuerte pendiente.


No se si habrá sido por el día tan gris que ha hecho o por el entorno tan civilizado que rodea estas montañas, pero, a pesar de que habia oído buenos comentarios, la verdad es que la zona me ha decepcionado. Además, lo de compartir ruta con corredores, ciclistas, moteros, quads, todo terrenos y cazadores, sí, cazadores, como que le quita el poco encanto que tiene. El único tramo que me ha parecido interesante ha sido la subida a Peñas Blancas. En la cima hay que tener mucho cuidado porque hay una gran sima y con niebla puede ser un sitio peligroso.


Para la vuelta no hay mas que deshacer el camino andado aunque yo dí un pequeño rodeo, casualmente por la zona por donde andaban los cazadores, en fin...



 


21 de enero de 2016

Hayedo de Altube-Burbonas




Cuando uno sube el puerto de Altube por la autopista no puede dejar de preguntarse que misterios esconde ese enorme hayedo a ambos lados de la carretera. Al menos eso es lo que me ocurre a mí, así que ya iba siendo hora de empezar a explorarlo.

La ruta comienza en lo alto del puerto de Altube accediendo por la carretera A-624, a mano derecha en sentido ascendente hay un apartadero donde se puede dejar el coche y justo enfrente comienza una senda que enseguida se convierte en pista. Esta pista tiene varias bifurcaciones y a la primera oportunidad me desvío de la pista principal y me interno en el hayedo, campo a través, en busca de rincones ocultos. Y vaya si los hay.

La ruta incluye la subida a la Burbona Occidental, hasta cuya cima se alterna el campo a través con alguna pista y sendero poco transitados, y salvo algún tramo con mucha pendiente, resbaladiza por la hojarasca que se amontona en el suelo, la ruta no tiene dificultad alguna, los terrenos cubiertos por hayedos están siempre muy limpios y con buena visibilidad lo único que nos debe preocupar es disfrutar del lugar.
 
El camino de vuelta lo hice por la pista principal y aproveché para visitar alguna de las cimas cercanas que no conocía, como Astaiz y Txintxularra, la primera de ellas me pareció un rincón muy bonito y recomendable.



 


15 de enero de 2016

Valderejo, senda del río Purón


La senda del río Purón, en el Parque Natural de Valderejo, es una de esas rutas que uno no se cansaría de repetir, esta vez la iniciamos en la pequeña población de Herrán, un lugar con el encanto que da ese aspecto de villa medieval, y acabamos en el pueblo abandonado de Ribera. Para la vuelta, en lugar de utilizar el mismo camino optamos por la senda de Santa Ana, que rodea la cima del mismo nombre para enlazar otra vez con la senda del Purón.

El lugar estaba espectacular, con un colorido otoñal al que le quedaban pocos días y con suficiente agua en el río para deleitarnos con los sonidos del agua encajonada entre las rocas.

A destacar al comienzo del desfiladero, entre paredes de roca, una zona en la que el río desaparecere por un sumidero para aparecer una veintena de metros más abajo. Aunque la verdad es que toda la ruta en sí merece la pena.



 


 

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